¿Con el terrorismo jamás se negocia?

No soy pacifista pese a que soy un amante de la paz y a tener consciencia de su inmenso valor, humano y político. No lo soy porque no sacrifico la paz –o el miedo a la guerra– a otros valores como la libertad, la Patria, el futuro, la dignidad. Por las mismas razones, nunca he sido capitulacionista. Cuando era joven, Chamberlain y Daladier, los jefes de gobierno de Gran Bretaña y Francia fueron a Munich a humillarse ante Hitler, abdicando los valores democráticos que tenían la obligación de defender. Ese acto de cobardía quedó grabado en mi mente, indeleblemente.

Es claro que el terrorismo global –que no se debe confundir con el terrorismo heredado de los años 70 y 80, como el de IRA o ETA– representa el horror absoluto y por ello debe ser combatido con toda la determinación, fuerza y coraje. Pero también se lo debe combatir con inteligencia, información y conocimiento. La fuerza militar es necesaria pero no suficiente. Por tratarse de este fenómeno nuevo y complejo, nacido del fanatismo islámico, tenemos que considerar otras componentes, entre ellas la humillación profunda contra Occidente de las poblaciones que el terrorismo penetra y las condiciones económico-sociales en las que prolifera.

¿Qué es Al Qaeda? ¿Una galaxia descentralizada de grupos terroristas organizados en una red? ¿Y si es así, la captura de Osama bin Laden no podría resultar tan irrelevante como el apresamiento de Saddam Hussein?

Para poder combatir a Al Qaeda es preciso conocerla mejor. Se han escrito numerosos análisis sobre el terrorismo global, que está íntimamente relacionado con la «globalización depredadora» y con la «economía de casino» que prevalecen. Hay que estudiarlos y explorar los contactos que Al Qaeda parece tener con el mundo oscuro de las finanzas –de los off-shores y de los paraísos fiscales–, con el tráfico ilegal de armas, incluidas las atómicas, y con el mercado de la droga.

Hay que escuchar a los teólogos, a los intelectuales, a los politólogos y a los científicos islámicos. Ellos nos darán pistas para un diálogo fecundo. La negociación comienza de esta manera. Pero partiendo de una posición de fuerza. Además, negociar no significa ceder, y mucho menos abdicar.

Todo esto sirve para explicar por qué critico frontalmente la estrategia de represalias delineada por la Administración Bush para combatir al terrorismo, disiento de su unilateralismo confeso y enjuicio sus resultados:

1. Dilapidó el capital que le ofreció, después del 11 de setiembre, la solidaridad prácticamente unánime de la comunidad internacional, incluido el mundo islámico.

2. Marginalizó abiertamente a las Naciones Unidas con su teoría de la guerra preventiva y trató de subvertir el derecho internacional para imponer la ley del más fuerte.

3. Dejó a Sharon las manos libres para proseguir su política insensata de aplastamiento del Estado palestino. Es una política contraria al alcance de la paz entre Israel y Palestina que es la clave para obtener la pacificación y un nuevo equilibrio en Oriente Medio.

4. Lanzó una guerra de agresión contra Irak oponiéndose al sentimiento generalizado y manifiesto de los pueblos del mundo, a las advertencias de peritos experimentados invocando falsamente la existencia de armas de destrucción masiva, mintiendo a los estadounidenses y al mundo, con las consecuencias que están a la vista. Lo peor de todo es que perdió la credibilidad moral y política.

5. Creó en Irak un verdadero caos y desestabilizó a países como Irak, Siria, Jordania y Turquía, agravó la ya difícil situación en Afganistán y se alió a un dictador, el general Pervez Musharraf, creando en Paquistán y Arabia Saudita (países considerados aliados) situaciones de extrema fragilidad.

6. Sacrificó los derechos humanos, de los que se proclama defensor, a las exigencias extremas de la seguridad, sin considerar que la superioridad de las democracias proviene de la ley y de la moralidad y no de la fuerza bruta.

Bush quiere ahora aproximarse a las Naciones Unidas y a la Unión Europea, que objetivamente dividió, como parte de su estrategia para ganar las elecciones en noviembre próximo. Exhortó a la ONU a regresar a Irak pero no ha acertado a definir el nuevo cuadro de relaciones en el que actuaría.

Estoy convencido de que, pese a sus efectos devastadores, difícilmente la estrategia de Bush será cambiada antes de las elecciones de noviembre. Pero si no se cambia esa política podemos encaminarnos a una «guerra de religiones», lo que representaría, para el Occidente y para el mundo, un intolerable retroceso de la civilización contemporánea.

¿Es cierto que las democracias no negocian con terroristas? La historia está llena de ejemplos contrarios y citaré solamente dos recientes de los que la Norteamérica de Bush y el Reino Unido de Blair han sido protagonistas.

La negociación con el líder libio Gaddafi, considerado un terrorista y además financiero sistemático de terroristas. Eso no impidió que negociaran con él hasta convertirlo en un amigo. La reciente visita de Blair a Libia ha consagrado la rehabilitación de Gaddafi.

Y la negociación de Washington con la intermediación de Pequín con Corea del Norte, un país incluido por Bush en el «eje del mal» , después de haber amenazado a Occidente con su bomba atómica. La negociación se realizó, pero sus resultados aún no se han difundido.

Espero que el razonamiento que he expuesto entre a formar parte de las reflexiones sobre el flagelo sobre el terrorismo, una amenaza gravísima, compleja y nueva para nuestro perturbado siglo XXI. Si así fuese, habrá valido la pena cometer el enorme escándalo de asociar dos palabras que habitualmente se evocan por separado: negociación y terrorismo. *

 

(*) Mario Soares, presidente de Portugal en el período 1986-1996. «Servicio exclusivo en Uruguay para LA REPUBLICA».

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