La caída de la popularidad de Lula
La popularidad de Lula viene registrando una erosión constante en los últimos meses: pasó de 69,9% en diciembre a 65,3% en febrero y a 59,6% en marzo (con una pérdida total de 10,3 puntos porcentuales).
En una tendencia similar, el nivel de desaprobación del mandatario subió de 21% en diciembre a 24,2% en febrero y a 30,5% en marzo (+9,5 puntos).
La labor del gobierno es juzgada con mayor severidad aun: sólo un 34,6% de los brasileños la considera «positiva» (contra 41% en diciembre y 39,9% en febrero), en tanto que un 19,4% la considera «negativa» (12,9% en diciembre y 15,1% en febrero). Para un 44,7% de los interrogados, el gobierno tiene apenas un desempeño «regular».
La encuesta se realizó del 24 al 26 de marzo, con una muestra de 2.000 personas interrogadas en 24 de los 27 estados brasileños.
Esos resultados coinciden con los de un sondeo Ibope/CNI divulgado el viernes pasado, según el cual la popularidad de Lula cayó de 69% en diciembre a 60% en marzo, y el índice de aprobación del gobierno pasó de 66% a 54% en ese mismo período.
Según la CNT, la tendencia negativa de estos últimos meses se explica más por los malos indicadores sociales que por el impacto del caso Waldomiro Diniz, que estalló en febrero con la difusión de un video que mostraba a ese ex asesor del jefe de gabinete José Dirceu pidiendo coimas electorales a un empresario del juego clandestino. Un 52,8% de las personas interrogadas asegura que «nunca oyó hablar» del caso Diniz, con lo cual el gobierno puede consolarse diciendo que la tormenta levantada por ese episodio está limitada a los ámbitos políticos.
Más preocupante, en cambio, es la pérdida de esperanza de una población que en 2002 eligió masivamente a Lula, un sindicalista de izquierda, candidato del Partido de los Trabajadores, para resolver sus problemas cotidianos.
Según la encuesta CNT/Sensus, un 68% de los brasileños cree que la pobreza «empeoró» en el país en los últimos seis meses (contra 60,1% en febrero) y un 43,9% considera que el gobierno conduce sus acciones de manera «ineficaz» (contra un 39,3% que piensa lo contrario).
Los brasileños están por lo demás cada vez menos convencidos de que 2004, después de los esfuerzos de rigor fiscal consentidos en 2003, será un año de crecimiento: tan sólo un 13,6% cree que el país «crecerá mucho (17,8% en febrero), 41,5% dice que va a «crecer un poco» (47,9% en febrero) y 34,2% afirma que «no va a crecer» (22,9% en febrero).
El Partido Popular Socialista (PPS), que integra la coalición en el poder en Brasil, urgió al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva a «corregir el rumbo» de la economía para sacar del estancamiento al país.
«No podemos imaginar que Brasil crezca con esta política económica», dijo el diputado Roberto Freire, presidente del PPS, a la AFP al margen del congreso del partido que se celebra en Sao Paulo. Freire abogó por una revisión de las metas de inflación y de superávit fiscal primario, pactadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero se dijo consciente de que esos cambios deben realizarse «con sentido de la responsabilidad», para evitar que provoque «una crisis mayor».
El PPS se suma así a las voces que en las últimas semanas exigieron el cambio de orientaciones económicas, empezando por los dos socios mayores de la coalición de gobierno: el Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, centro-derecha).
El dirigente descartó abandonar la alianza del gobierno en caso de que Lula no dé rápida respuesta a sus reclamos.
«No podemos confundirnos con los oportunistas que siempre aparecen en momentos de crisis; ahora tenemos que trabajar para crear alternativas», dijo Freire, en referencia a la crisis que enfrenta el gobierno desde la revelación, el mes pasado, de un caso de corrupción en el entorno del jefe de gabinete José Dirceu.
Freire dijo sin embargo que el PPS estudiaba alianzas por fuera de la base gubernamental para las elecciones municipales de octubre de este año, «incluso con el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB, del ex presidente Fernando Henrique Cardoso). El ministro de Integración Nacional, Ciro Gomes, de un ala menos crítica del PPS, admitió en el Congreso que el gobierno enfrenta dificultades, pero dijo que las opciones económicas de Lula desde su llegada al poder en enero de 2003 salvaron al país del «desastre». El PPS (ex Partido Comunista) cuenta con 22 diputados, en una coalición dominada por el PT (90 diputados y 13 senadores) y el PMDB (78 diputados y 22 senadores). El último adherente del PPS es el ex ministro de Comunicaciones, Miro Teixeira, que la semana pasada renunció a su cargo de líder de la bancada oficialista en la Cámara baja, explicando que se sentía poco a sus anchas para para expresar sus pensamientos. Ese cargo «es un permanente ejercicio de degustación de sapos», argumentó.*
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