Momentos de decisiones que pueden definir el futuro no sólo de Argentina
Néstor Kirchner dio otro paso decidido en su política contra la impunidad al entregar las instalaciones de la ESMA libre de vínculos navales para erigir un monumento para la Memoria, pero también al comenzar a diferenciarse fuertemente de los sectores conservadores del Partido Justicialista.
De lo primero, la crónica periodística ha sido abundante; de lo otro, se supone que la crisis desatada en el congreso partidario convocado para darle al partido una nueva dirección nace de la irritación de algunos gobernadores que se sintieron discriminados al ser ‘vetados’ de concurrir al acto de la ESMA por un ukase que envió la líder de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. Es la cáscara de lo ocurrido. Si no fueron, es porque no quisieron, porque muchos de ellos sienten que temprano o tarde, el proceso de revisión del pasado que está ahora más abierto que nunca, tocará la política de conciliación de Carlos Menem que tuvo sus aliados a varios gobernadores actuales pero sobre todo los tiempos de Juan Perón en su tercera presidencia con su sucesora, Isabel, y la política de represión predecesora del terrorismo de Estado.
Es bueno recordar que entre 1974 y 1976, la Triple A de José López Rega asesinó a más de mil militantes del la izquierda y no exclusivamente peronista.
Ahora bien, si Kirchner desea, como se ve, avanzar en colocar el pasado en su justa dimensión, también le llegará el momento a los Montoneros, no para enviarlos a procesos judiciales como corresponde con el terrorismo de Estado, que es lo que juzgan los jueces federales, sino para mirar el pasado como un todo.
Así como Kirchner comenzó a depurar el poder judicial, comenzando por la Suprema Corte de Justicia, del modo con que el Presidente le da a las FFAA un nuevo objetivo, ahora busca afianzar una fuerza política donde el peronismo debe pasar por su necesaria depuración.
¿Tendrá problemas institucionales especialmente en el Parlamento como lo amenazó su enemigo interno el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota?
Es probable, pero el Presidente tiene por ahora dos herramientas. Una, que a pesar del enfrentamiento de Cristina Fernández, su mujer, con la esposa de Eduardo Duhalde, Chiche, en el Congreso Justicialista, el caudillo bonaerense que tiene ahora un papel internacional dentro del Mercosur, sigue siendo un aliado del Presidente.
El otro instrumento es buscar el apoyo de la opinión pública no con los moldes históricos, no desdeñables, claro, de las movilizaciones, sino mediante sus contactos con los ciudadanos.
Kirchner sabe, o presiente, que si no toma la iniciativa, temprano o tarde los sectores conservadores del peronismo (y de fuera de él) lo atosigarán incluso poniéndolo al borde del juicio político. Para fortalecerse busca generar su propio espacio político con afluentes varios, incluso de izquierda pero sobre todos de prosapia peronista y tratar de depurar al propio justicialismo.
El que pega primero, pega dos veces, parece ser la norma que moviliza al Presidente. Así lo hizo con la Corte Suprema, con la cúpula militar una y otra vez, y ahora lo intenta con el peronismo.
Puede que deba ajustar algo este último sesgo y para eso estará la negociación inevitable con Duhalde.
El momento no es sencillo. Hay amenazas de corte de suministro energético por presión de las multinacionales que controlan gas, petróleo y electricidad y aunque Kirchner no es jacobino sino que busca desplegar el modelo capitalista de desarrollo, les ha enviado mensajes de sanciones si no ponen coto a sus amenazas de veda eléctrica y, sobre todo, si no invierten para que el crecimiento económico no cree un cuello de botella en ese sector.
Como en todas las cosas, no siempre hay uniformidad de criterios dentro del gobierno y una vez más, el titular de Economía, Roberto Lavagna, supone como más operativo negociar una mejora en las tarifas de los servicios públicos que llegar a una confrontación con quienes los controlan.
Momentos de decisiones que pueden definir el futuro no sólo de la Argentina: todo el Cono Sur mira con expectativas lo que aquí sucede.
De todas maneras, el Presidente debería abrir el juego a sectores del radicalismo (ofendidos porque no se le reconoce el papel de Raúl Alfonsín en el juzgamiento de las juntas militares y sólo le refriegan su traspié al otorgar leyes de impunidad que de todas maneras no reivindican) y también a otros grupos sociales y políticos que si no lo apoyan más decididamente es porque temen que el hegemonismo conque se tilda al estilo presidencial, se convierta en una norma, en un estilo.
Días muy interesantes. *
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