Israel y EEUU, apologistas del crimen político
Israel y EEUU están batiendo el récord mundial en el desprecio a las normas de convivencia entre los hombres y las naciones. Se colocan al margen de la humanidad civilizada. Hacen la apología y el culto de la muerte y el crimen. Con invocaciones a la lucha antiterrorista, asumen la teoría y la práctica de estados terroristas. Cuando en el mundo cundía la indignación por el asesinato alevoso del jeque Ahmed Yassin por orden directa de Sharon, éste anunciaba las condenas a muerte de Arafat y del líder del Hezbolá, entre otros.
Cuando en la ONU se promueve la condena a Israel, EEUU veta la resolución. En pleno contubernio, como en decenas de condenas anteriores, Bush fue el único que salí a decir que «Israel tiene derecho a defenderse a sí mismo del terror».
Las muertes anunciadas por Sharon
Tras el asesinato de Yassin el Jefe del Estado Mayor israelí, general Moshe Yaalon, declaró que «se acerca el turno» del presidente Yasser Arafat y del jefe de Hezbolá, Hassan Nasralá, que son «los siguientes en la lista». El ministro de Defensa, Shaul Mofaz, anunció que «la liquidación de terroristas» continuará, que Hamas fue declarado «enemigo estratégico» de Israel y que en la noche del lunes se decidió intentar asesinar a todo el liderazgo de Hamas a fin de «llevar más seguridad a los ciudadanos israelíes» (según cables de EFE, AP y ANSA). El ministro de Seguridad Pública, Tzachi Hanegbi, fue igualmente explícito: «Están todos en nuestra mira, en Gaza o Cisjordania saben que nadie es inmune; todos los miembros de la dirección de Hamas constituyen blancos legítimos». Según algunas opiniones el asesinato de Yassin fue una suerte de ensayo antes de un ataque selectivo contra Arafat, que podría concretarse «salvo una intervención seria de la comunidad internacional». Se recuerda que en setiembre pasado el gabinete de seguridad israelí decidió «deshacerse» de Arafat, y el número dos del gobierno de la época, Ehud Olmert, dijo que matarlo era una de las opciones examinadas (otra era el destierro de los territorios). Ahora el consejero de Sharon, Amos Gilad, pronunció por la radio estatal una violenta diatriba contra el líder palestino.
En las audiencias de la Comisión Investigadora de los atentados del 11 de setiembre celebradas el martes y miércoles en Washington, se discutía con la mayor naturalidad, como opción política legítima, la tentativa de asesinar a Kadafi con bombardeos a Trípoli y Benghazi desde naves de la VI Flota del Mediterráneo, en abril de 1986, o los intentos fallidos de eliminar a Osama bin Laden. Está visto que Israel y EEUU comparten el concepto del crimen como inversión política, al margen de la ley internacional.
Y lo practican. Después de la masacre, Israel reemprendió operaciones militares en Gaza y el sur del Líbano.
EEUU veta la condena a Israel en la ONU
Argelia, miembro del Consejo de Seguridad, propuso en nombre de los países árabes una condena a Israel por el múltiple crimen, pero EEUU la vetó, reiterando una vieja práctica. John Negroponte reclamó, como subterfugio, una resolución «más equilibrada», mientras el delegado israelí, en tono desafiante, proclamaba que su país había propinado «una advertencia» a sus enemigos.
Ahora pretende diluir la cuestión enzarzando al organismo en un debate sobre el terrorismo en general. Un analista alude al plan de «crear una fortaleza israelí delimitada por muros y alambradas de púas», enjuicia «la valoración distorsionada que Sharon comparte con quien es su referente, George W. Bush» en cuanto a combatir lo que consideran terrorista «de cualquier modo, aún haciendo de lado el derecho nacional, internacional y hasta las más elementales garantías humanitarias».
El «difamatorio y arrogante Clarke»
El ex coordinador de la lucha antiterrorista Richard Clarke se convirtió en la vedette de las sesiones de la Investigadora de Washington, que por lo demás son de guante blanco. Tildado de «difamatorio y altamente arrogante» por Condoleezza Rice (que no se presentó), Clarke reveló la preocupación obsesiva de Bush para vincular contra toda evidencia a Saddam con Al Qaeda.
En su libro «Against all enemies», que circulaba de mano en mano en las audiencias, se detallan las presiones ejercidas por el presidente al respecto, y se deja en la estacada, además, a Cheney, Rumsfeld y Paul Wolfowitz. Calificado como «incendiario» por el Washington Post, el libro se publicó pese a los intentos de censura de la Casa Blanca y se convirtió en un best seller.
Para colmo de males, Rodríguez Zapatero le reiteró a Colin Powell, en el curso de las exequias en Madrid, que retirará las tropas españolas de Irak. *
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