Ante las atrocidades que se cometieron en la ESMA durante la última dictadura militar argentina

El presidente Kirchner pidió perdón

«Vengo a pedir perdón en nombre del Estado Nacional por tantas atrocidades», afirmó Kirchner, emocionado, ante miles de personas que respondieron con una ovación.

Kirchner rubricó ayer la expropiación de la ESMA y su conversión en el Museo de la Memoria, al cumplirse el 28 aniversario del golpe militar del 24 de marzo de 1976, ante miles de manifestantes que volvieron a exigir «cárcel y castigo» para los responsables de la represión ilegal de la década del 70.

El acto se realizó sin incidentes, aunque precedido de un clima tenso por una falsa amenaza de bomba y el malestar de algunos generales disconformes con la política de derechos humanos del presidente Néstor Kirchner.

Durante el acto, miles de manifestantes invadieron la ESMA, el más temible centro de concentración de la dictadura argentina, trepando a las casamatas de vigilancias y a los techos, recorriendo libremente sus arbolados senderos internos y convirtiendo el patio de armas de la institución en una romería de pancartas, cánticos y banderas.

El propio presidente Kirchner alentó el desborde cuando abrió los portones desde adentro y recorrió cincuenta metros a lo largo de las verjas externas de la ESMA, que ayer estuvieron cubiertas con los rostros de miles de desaparecidos.

Luego, Kirchner volvió a ingresar al predio de la ESMA  su superficie total es de 20 hectáreas  acompañado de centenares de manifestantes que pugnaban por saludarlo y tocarlo.

Los mayores contingentes de manifestantes fueron aportados por la agrupación de desocupados (piqueteros) «kirchnerista» que lidera Luis D’Elía y los sindicatos afiliados a la central obrera independiente CTA.

Los piqueteros de Luis D’Elía marcharon debajo de una gigantesca bandera con los rostros de los presidentes Hugo Chávez (Venezuela), Fidel Castro (Cuba), Inácio Lula da Silva (Brasil) y Néstor Kirchner.

A su vez los sindicatos de la CTA, cuya consigna sustancial es el repudio al ALCA, movilizaron alrededor de 500 micros, mientras que desde la concurrencia afloraron banderas de Brasil, Venezuela y Bolivia.

En un balcón ubicado frente a la ESMA apareció un cartel con la leyenda «Viva la Armada» acompañada de una bandera argentina, que provocó la ira de la agrupación Hijos de desaparecidos, que finalmente consiguió que fuera retirada por un portero del edificio.

Los organizadores habían reservado 300 sillas frente al palco para los organismos de derechos humanos e invitados especiales, espacio que resultó desbordado e insuficiente.

El acto contó con la presencia de la mayoría de los ministros argentinos, pero no así de los jefes provinciales del oficialista Partido Justicialista (peronista) enojados con Hebe de Bonafini, titular de la agrupación Madres de Plaza de Mayo, quien los cuestionó por sus vinculaciones pasadas con el ex presidente Carlos Menem.

Varios de estos gobernadores acusaron a Bonafini de «discriminación ideológica» y «sectarismo», reivindicando su condición de presos políticos durante la dictadura.

Los únicos dos gobernadores que participaron del acto fueron los kirchneristas Carlos Rovira de Misiones (un peronista expulsado por su propio partido) y Sergio Acevedo, sucesor de Kirchner al frente de la provincia de Santa Cruz.

Mientras Kirchner avanzaba casi a tientas entre los manifestantes, estos elevaron su voz al grito de «Paredón, Paredón» pidiendo castigo para los ex represores.

Kirchner en su discurso afirmó que la expropiación de la ESMA y la revisión de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura «no es rencor ni venganza, sino la necesidad de terminar con la impunidad».

El presidente, consciente de las diferencias existentes entre los organismos de derechos humanos sobre el futuro «Museo de la Memoria», remarcó que «no puede haber un tira y aloje entre quien peleó más o quien peleó menos».

Kirchner reivindicó su pertenencia a «una generación que creyó que este país se puede cambiar» y advirtió sobre quienes «esperan nuestro fracaso para que la oscuridad y el oscurantismo vuelvan a nuestra patria».

«Creo en una Argentina con todos y para todos», enfatizó el presidente. El acto finalizó con la actuación del cantautor catalán Joan Manuel Serrat y los cantantes argentinos León Gieco y Víctor Heredia, identificados con la defensa de los derechos humanos. *

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