Los franceses sancionaron al gobierno de Raffarin
La noche electoral del domingo fue difícil para el Primer ministro Raffarin quien, tras rechazar durante mucho tiempo la dimensión nacional de estos comicios, participó ostensiblemente en los últimos días de la campaña.
Más del 55% de los electores rechazaron la política del gobierno, según los últimos resultados.
Para la mayoría de los analistas, este fracaso del Primer ministro plantea el asunto de su permanencia al frente del gobierno y de su capacidad para pasar a dirigir el partido gubernamental Unión por un Movimiento Popular (UMP) tras el retiro programado de su presidente, Alain Juppé, condenado en un caso de financiación ilegal de dicha formación.
Su derrota alcanza también de manera indirecta al presidente francés, Jacques Chirac, obligado como nunca a dar un segundo aliento a la mayoría en mitad del quinquenio.
Pese al compromiso del jefe del gobierno, la derecha, compuesta por la UMP y la Unión por la Democracia Francesa (UDF), obtiene cerca del 34% de los sufragios, sobrepasada ampliamente por los partidos de izquierda (PS, PCF, Verdes y PRG), que obtienen más del 40% de los votos, mejorando así los resultados de 1998 en cerca de 6 puntos. La mayoría de los 19 ministros que competían en estas elecciones están en posición difícil.
Además, Raffarin recibió una bofetada en su bastión de Poitou-Charentes (suroeste), donde su candidata Elisabeth Morin fue superada en más de 13 puntos por la socialista Ségolene Royal, que parece segura de apoderarse de la presidencia regional.
El domingo por la noche, el Primer ministro aseguró que «escuchó a los franceses y francesas región por región» y que tomará las decisiones «que respondan a la vez a las impaciencias y a las esperanzas» de los electores.
Principal beneficiario del descontento expresado por los franceses, el Partido Socialista (PS) parece salir del purgatorio a donde lo mandaron los electores tras la aplastante derrota de Lionel Jospin en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2002.
El PS parece haberse beneficiado también de la reducción del abstencionismo, que el domingo fue del 40% frente al 42,3% en 1998, tras registrar desde entonces un alza continua.
Aun si los dirigentes son prudentes, el PS debería adueñarse con sus aliados Verdes y comunistas del PCF, de media docena de regiones suplementarias como Poitou-Charentes, Borgoña, Bretaña, Languedoc-Roussillon, Franche-Comté y tal vez Picardía.
Los socialistas pueden también conservar las ocho regiones que dominan (Ile-de-France, Provenza-Alpes-CostaAzul, Limousin, Midi-Pirineos, Aquitania, Centro, Norte-Paso de Calais y Alta Normandía), aun cuando no es totalmente seguro que conserven la primera, formada por París y su área metropolitana.
Otro motivo de satisfacción para el PS fueron los buenos resultados de los Verdes y del PCF.
Finalmente, los socialistas, que llamaron al «voto útil» desde la primera vuelta, pueden celebrar los resultados de las listas comunes LO-LCR (trotskistas) que sólo obtuvieron el 5%, mucho menos del logro de la extrema izquierda en las pasadas presidenciales, que fue del 10%.
Con esos resultados el primer secretario del PS, François Hollande, ve su autoridad reforzada, en especial frente a los presidenciables Laurent Fabius y Dominique Strauss-Kahn.
Presente en la segunda vuelta en 17 regiones de 22, el ultraderechista Frente Nacional confirmó su lugar de tercera fuerza política del país con un 14,79% de los votos frente a 15,02% en 1998.
Por otro lado, el líder de la UDF, François Bayrou, quien se opone al dominio único en la derecha de la UMP y quiere afirmar su presencia electoral, sólo logró su objetivo a medias, al no lograr esperados triunfos simbólicos en Aquitania, donde él se presentó, ni en la región metropolitana de Ile de France.
Pero de todas maneras la UDF obtuvo 11,9% de los votos frente a 23,3% de la UMP en 15 de las regiones donde ambas formaciones de derecha presentaron listas separadas, logrando así un cierto reequilibrio en las fuerzas de la mayoría, como era su objetivo. *
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