Moscú a favor de serbios
En Kosovo, el presidente Ibrahim Rugova dijo que no cree que la violencia de la semana pasada en la que murieron 28 personas «haya puesto en peligro la independencia» de la provincia.
El tema fue el centro de la reunión celebrada ayer en el Kremlin, luego de los disturbios sangrientos en la provincia autónoma, mientras el ministro de Protección Civil, Serghiei Shoigu, viajaba a Belgrado para ofrecer ayuda al premier Vojislav Kostunika para asistir a la población serbio kosovar.
La misión humanitaria de Moscú, que incluye el envío de medicamentos, frazadas y elementos para asistir a 10.000 personas, tiene un significado político preciso para Putin.
«Rusia –declaró el mandatario– no puede observar pasivamente lo que está ocurriendo. Esta es una limpieza étnica, como reconocieron también nuestros socios occidentales, y la respuesta debe ser enérgica y adecuada a fin de proteger a los serbios».
El ofrecimiento de asistencia a Kostunica, el hombre que Moscú ayudó a llegar a la presidencia en lugar de Slobodan Milosevic y que ahora regresó al poder, no podría ser más clara.
Además, entre el presidente ruso y el premier serbio hay una serie de elementos comunes: la misma generación, iguales exhortaciones al patriotismo e igual actitud de diálogo sin arrodillarse ante Occidente.
La tutela del Kremlin en beneficio de los hermanos ortodoxos de la pequeña Serbia-Montenegro es relanzada en todos los ámbitos.
No sólo en el Consejo de seguridad de la ONU, donde se debatió el tema en días pasados, sino también en el Consejo Rusia-OTAN, donde Moscú expondrá el argumento en el orden del día de la próxima reunión del 2 de abril, anunció ayer el canciller, Serghiei Lavrov.
La convicción rusa es que los enfrentamientos pasados en Kosovo son fruto de una estrategia de instigación promovida de los sectores más radicales de la dirigencia albanesa.
La muerte de tres niños albaneses ahogados en un río cuando los perseguía la policía serbia sería sólo un pretexto para dar lugar a una serie de «pogrom antiserbios», según Moscú.
«Los dirigentes de la comunidad albanesa de Kosovo están lejos de haber respetado las prescripciones de la ONU y, lamentablemente, algunos de nuestros socios occidentales no le llamaron la atención en el momento oportuno», dijo Lavrov.
En declaraciones a la televisión, el ministro también advirtió que «es peligroso dar soga a la ambición de los dirigentes albaneses de limpiar al región de sus minorías étnicas», como confirman los últimos episodios.
Por ahora, Moscú no piensa en hacer regresar su contingente a la fuerza multinacional de paz, pero sí parece decidida a señalar a Occidente.
Los tiempos cambiaron desde 1999, cuando la amenaza en la visión occidental estaba representada por la brutalidad del régimen de Slobodan Milosevic. Hoy las relaciones de fuerza se invirtieron, mientras el temor a infiltraciones islámico radicales en Kosovo preocupa a todos.
Por su parte, el presidente de Kosovo, Ibrahim Rugova, dijo ayer que no cree que los sangrientos enfrentamientos de los días pasados puedan comprometer el futuro de la provincia. «No creo que se haya puesto en riesgo nuestra independencia», afirmó Rugova. Agregó que la situación en la provincia se calmó, y que «pronto» comenzarán a «estudiar las causas que desencadenaron la revuelta».
«Desde el arribo de la OTAN, en Kosovo se hicieron progresos en al menos el 50 por ciento de todos los sectores», dijo.
La policía multiétnica fue formada en 1999 por la administración de la ONU para Kosovo (Unmik).
Los miembros serbios de esa fuerza se quitaron los uniformes a modo de protesta contra las violencias de la semana pasada en contra de su comunidad, acusando a sus colegas albaneses de haber participado, informó ayer a la agencia Beta Rada Trajkovic, diputada serbia del Parlamento kosovar. En Belgrado, entretanto, fue destituido el jefe de la policía urbana, Milan Obradovic, acusado de no haber hecho lo suficiente para proteger la mezquita de la capital, incendiada por un grupo de manifestantes en la noche del jueves al viernes.
El incendio había sido condenado por las autoridades serbias y serbiomontenegrinas, y por todos los partidos políticos, incluyendo el ultranacionalista Partido Radical. Más de 280 casas serbias fueron incendiadas en tres días de violencia, dijo la portavoz del Unmik, Isabel Karlovic.
Además, otras casas fueron dañadas parcialmente, mientras son 30 las iglesias y monasterios ortodoxos afectados por las llamas. *
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