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Más de 120 mil aborígenes Tarahumaras en peligro de hambruna por el calentamiento global

Así lo reconoció la Secretaría de Desarrollo Rural de México, que advirtió el riesgo de que esta población de más de 120.000 personas podría caer en una crisis alimentaria extrema debido a la falta de cosechas.

Mujeres aborígenes rarámuris elaborando artesanías. Foto: Wikimedia Commons

Mujeres aborígenes rarámuris elaborando artesanías. Foto: Wikimedia Commons

El grupo aborigen Tarahumara, pueblo milenario de unos 120.000 habitantes en México, está viéndose afectado por el cambio climático.

La Secretaría de Desarrollo Rural del Estado de México informó que este pueblo originario está al borde de la hambruna, porque la producción de alimentos de autoconsumo (maíz, porotos, calabaza, chile, entre otros) se ha reducido en más de 20.000 toneladas debido a variaciones climáticas que podrían estar relacionadas con el calentamiento global.

Asimismo, la falta de atención y recursos por parte del Estado mexicano también podría afectar a este pueblo que llegó hace 30.000 años desde Asia por el Estrecho de Bering hasta lo que hoy son los territorios de la Sierra Madre Occidental, principalmente en el estado norteño de Chihuahua.

Solo hay comida para tres meses

Organizaciones de defensa de los derechos de los aborígenes alertaron a las autoridades que la comida cosechada y almacenada no alcanza para todo el año: los alimentos solamente alcanzan para el primer trimestre de 2018. 

Según el informe de la Secretaría de Desarrollo Rural, ya se delinearon varias estratégias para evitar que estos indígenas pasen hambre, entre las que se encuentran la reactivación de la parte productiva con programas de incentivos y la entrega de recursos para la agricultura, entre otras.

Sin embargo, desde la entidad advirtieron que, si no se hace algo urgente y con el apoyo de distintos niveles gubernamentales, la crisis de hambruna será inevitable, pues la temporada de cosecha es recién en octubre.

La falta de cosecha suficiente en años anteriores ha empujado a miles de tarahumaras (en realidad se llaman rarámuris, “corredores a pie”) a trasladarse a centros urbanos en donde muchos terminan pidiendo limosna en las calles y viviendo en condiciones infrahumanas de extrema pobreza.

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