Putin tendrá que demostrar que es capaz de modernizar y hacer prosperar a Rusia

Si quiere entrar en la historia y silenciar a sus detractores, Vladimir Putin, que obtuvo este domingo un abrumador triunfo en las elecciones presidenciales de Rusia, con un 68% de los votos, tendrá que enfrentar muchos desafíos en su segundo mandato, principalmente mejorar la situación de una gran parte de la población, que vive en la pobreza.

En su primer período presidencial, Putin impulsó reformas económicas, adiministrativas y tributarias, que lograron reactivarar la economía.

Ahora, se ha comprometido a duplicar el crecimiento económico en los próximos diez años, para sacar a un 22% de los rusos de la pobreza en la que están sumidos, ambición que muchos economistas pronostican que será muy difícil de lograr.

En última instancia, para entrar en los anales de la historia, Putin deberá demostrar en este segundo mandato que la total concentración del poderes operada durante los cuatro últimos años no era un fin en sí, sino un instrumento para reformar al país, señalan analistas.

Estiman que, en estos próximos cuatro años, el jefe de Estado ruso va a tratar de preservar una fachada liberal en nombre de la integración de Rusia en el mundo occidental, primordial a sus ojos.

Pero, señalan, para Putin – que se ha definido metas claras (duplicar el PIB, liquidar la pobreza, renovar el estatuto de gran potencia) pero no una estrategia – conjugar modernismo y autoritarismo puede resultar prácticamente imposible.

Durante el primer mandato presidencial, el ex coronel del KGB (los servicios secretos rusos) eligió el camino de la «modernización autoritaria», explica el diputado independiente Vladimir Ryjkov.

«Gracias a una feliz conyuntura exterior (precios de petróleo elevados) y a una política económica razonable (control de las finanzas públicas), los primeros años de este movimiento han estado coronados de éxito», agregó.

La economía rusa mantiene un neto crecimiento desde 1999 después de una década de depresión, los salarios se pagan a tiempo y los acredores extranjeros han recuperado la confianza.

Es en nombre de esta «estabilización» que Putin ha reforzado, sin demasiados miramientos con las reglas democráticas, el control del Kremlin sobre los medios de comunicación, los gobiernos regionales, las dos Cámara del Parlamento, y más recientemente sobre el gobierno.

Pero si Putin quiere ser «Pedro el Grande de los tiempos modernos» como lo afirma el semanario Profil, «después de 4 años de progresos suaves», el mandatario ruso tendrá que hacer reformas estructurales dolorosas (sobre todo reducir la asistencia social y el número de funcionarios), ya que los males tradicionales permanecen. *

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