Irak: Sólo las Naciones Unidas pueden parar la catástrofe
Precisamente, la intervención de la ONU, dotada de las facultades y recursos apropiados, es el camino obligado para poner freno a la violencia imperante, para evitar el peligro de una guerra civil, para quitar espacio y respaldo al terrorismo y para proteger los derechos humanos de los iraquíes.
Recientemente, bastó el envío de una misión de la ONU que discutió con todas las partes iraquíes los modalidades para la realización de elecciones libres, para que se despejaran nuevas e importantes perspectivas en base al diálogo y el consenso.
Los iraquíes son los primeros en exigir la intervención de la ONU para acelerar y guiar la devolución de poderes soberanos a esta nación ocupada, así como la organización de elecciones libres y democráticas.
El comportamiento hasta el presente de las potencias responsables de la guerra ha demostrado que saben destruir, pero no son capaces de construir ni la libertad, ni la paz, ni la democracia. Prepararon óptimos planes de guerra y pésimos planes de paz.
La resolución de los graves problemas locales e internacionales creados por la guerra no puede prescindir de su gestación y de su conducción:
– Esta guerra se ha realizado en inequívoca violación del derecho internacional. Ha sido, por lo tanto, un hecho ilegal.
– La ocupación, consecuencia de un acto ilegal, es asimismo ilegal.
– La guerra ha sido justificada mediante manipulaciones y engaños, invocando peligros y motivaciones falsas e inconsistentes.
– La guerra ha logrado el fin del régimen de Saddam Hussein, pero ha sumido al país en el caos y en la violencia. Para el pueblo iraquí los sufrimientos no sólo no han concluido sino que en algunos aspectos son aún más graves.
En este sentido la guerra no ha terminado, sino que continúa en nuevas y terribles formas.
El Iraq de la llamada «posguerra» ha sido transformado en el principal campo de batalla de la guerra. No se trata de una entre otras guerras sino de la guerra de las guerras: la de Estados Unidos contra el terrorismo, la que se libra contra la ocupación estadounidense, la de los fundamentalistas contra la ocupación estadounidense y la interna por la conquista del poder.
Este cuadro alarmante muestra el enésimo fracaso de la opción militar. La guerra no es un instrumento útil para «mejorar el mundo».
No resuelve los problemas, los agrava. Tapa un agujero y destapa otros diez.
Los actividades de las potencias ocupantes para la reconstrucción no han aportado hasta ahora ningún beneficio palpable a la población iraquí. El plan de reconstrucción estadounidense, que se define como orientado a instalar una «democracia de mercado libre», ha sido muy eficaz en la destrucción -de las instituciones existentes y de las fuerzas armadas, así como en la privatización de las empresas estatales- mientras ha fracasado completamente en la construcción de un nuevo Estado democrático.
Asimismo, el concepto de seguridad de las tropas de ocupación y su aplicación -en parte delegada a empresas privadas y a mercenarios- no atiende las necesidades de la población civil.
El resultado es que cunde en la población el sentimiento de inseguridad, de humillación, de frustración y de descontento. Se refuerzan los grupos religiosos, étnicos y tribales.
Se difunde la criminalidad organizada. Se propaga la devastación de la sociedad iraquí, se profundiza la fragmentación y se avanza hacia la balcanización de Iraq. ¡Y a todo esto se le llama el «pasaje de la dictadura hacia la libertad»!
Es indispensable un cambio urgente y radical de política que consista en otorgar centralidad, credibilidad y sostén a la intervención de las Naciones Unidas en Irak.
(*) Flavio Lotti es secretario general de la Mesa Redonda por la Paz.
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