Presión para un mayor superávit para los acreedores

Argentina: pasó el default, llega la negociación por la deuda

De hecho el FMI precipita todo, o si se quiere, le ha birlado el «factor tiempo» al gobierno argentino ya que colocó como primer punto de la agenda a la deuda como condición para prometer que el directorio de esa institución aprobará la marcha del acuerdo. Entonces el pago de 3.100 millones de dólares que vencía el 9 de marzo y que fue amortizado, será devuelto a las arcas del Banco Central, una vez podados intereses.

Del último forcejeo lo que queda como saldo es que el FMI tuvo un triunfo táctico, pese a que Kirchner puede decir con soltura que algunas condiciones que le requerían para mejorar la situación de los acreedores, no fueron cedidas. La principal de ellas, no haber aceptado que será válido un acuerdo por la deuda con el visto bueno del 80% de los tenedores de bonos. No hay todavía un porcentaje al respecto. En el objetivo estratégico para la deuda queda como inamovible, por ahora, la quita del 75% propuesta en septiembre en Dubai en un plenario de los organismos financieros internacionales. Pero es porcentaje que hoy si no se computan intereses caídos puede elevarse al 90%, por lo que la negociación con cerca de dos docenas de grupos de acreedores podría encauzarse por una serie de propuestas que podrán acercarse o no al rebanamiento defendido hoy con vehemencia.

Lo que ha sucedido estos días coloca al pago de la deuda con una agenda concreta y pone bajo presión de que dinero se destinará para abonar intereses en el futuro y cuando se amortizará capital. De hecho el que resulta del 3% del PBI, tomado como superávit fiscal, es un esfuerzo descomunal pero de todas maneras el Fondo como protector de los deudores demandará un porcentaje más elevado que Kirchner ha enfatizado que no cederá.

 

Tiempos que se anticipan

En el camino reciente, también el gobierno tuvo que adelantar negociar con los dueños de algunos servicios públicos incrementos de tarifas, que si bien no incidirá directamente en el presupuesto familiar, si puede ser un factor de un incremento de precios al consumidor ya visible.

El Presidente y su ministro de Economía, Roberto Lavagna aceptaron que el FMI y sus adláteres son acreedores privilegiados. No se le pide quita y por eso no se acciona en esa dirección en un contencioso planteado en un tribunal de Nueva York.

Es aquello del «bolsillo único» que acuñó Lavagna y esto quiere decir que la tajada mayor del dinero disponible para la deuda se las llevan los organismos, porque es la plata de los que manejan el Fondo es decir, el G7, lo que explica su tesón por tratar de sacarle a la Argentina la mayor cantidad de concesiones.

Duros son todos y aunque se supone que el Directorio aprobará lo que Anne Krueger le prometió a Kirchner el martes, hay países como Italia sobre todo que no han dicho si acompañarán el criterio de la mujer que es ahora la titular del FMI. La esperanza oficial es que no se produzcan abstenciones, aunque Japón parece irreductible. En algún momento, la dureza fue mucho más amplia que la de italianos, japoneses y británicos que han hecho punta en las exigencias mayores en favor de los acreedores.

Alguna tela se ha cortado en explicar el papel de aliado de los EEUU, del Departamento del Tesoro específicamente, en esos días de negociación dura. En el oficialismo explican que en un año electoral y con las dificultades que tiene George W. Bush ya con América Latina (el ALCA está empantanado después del último encuentro en Argentina de los que negocian con EE.UU, el proyecto) debía velar que en el cono sur no se desmadrara aún más la situación.

En Washington no escasos influyentes del Partido Republicano suponen que con el default, el FMI también perdía y por ello el G7 paró de presionar a la Argentina para salvar ese pellejo.

 

Gestos para con Bush

Pero también Kirchner envió señales a Washington que su halcón en las relaciones con América Latina, Roger Noriega, ha recogido como gestos. Por caso: el anuncio de envío de tropas a Haití, a pesar que hay más que indicios que a Aristide, los norteamericanos lo han expulsado; haber recibido, en Caracas, a la oposición que busca desestabilizar a Hugo Chávez o incrementar el apoyo al presidente de Bolivia, con el consiguiente bajo perfil a los vínculos con el dirigente del MAS, Hugo Morales.

De todos modos lo más duro está por llegar y sería ingenuo no pensar que funcionarios de la calaña de Noriega no aprovechará estos tiempos duros que se avecinan, para conseguir concesiones en la melodía que ejecuta el Departamento de Estado. Ya hay nuevos reclamos para que se reanuden los ejercicios conjuntos militares como le gustaría al Pentágono.

Lo que no quiere decir que hay que dar por sentado, como se supone en el espacio de la izquierda histórica, que Kirchner cederá. En setiembre el gobierno debe elevar al Parlamento el proyecto de presupuesto del 2005. Ese mes coincide con una nueva revisión de la marcha del convenio con el FMI, por eso antes, en junio, en otro momento de chequeo de ese acuerdo, la presión para que en el presupuesto se destine más plata para los acreedores, será fenomenal. En esa revisión, habrá que ver como pesa el acuerdo Kirchner-Lula de presionar juntos para que no se computen como gastos las inversiones, ingeniería financiera que permitirá dibujar un excedente mayor que no signifique más plata para la deuda.

En este cuadro al gobierno le interesa que ya antes tenga encauzada la negociación con los tenedores de bonos, y en el mejor de los mundos, cerrada, con una mayoría clara de las entidades que los agrupan aceptando la mayor quita posible y un programa de pagos de intereses y de capital que no dejen un presente griego al futuro argentino.

Algún optimismo para tener cerrada la negociación no le falta. Por ejemplo casi el 40% de los bonos está en manos de argentinos, en gran parte, en poder de los fondos privados de pensión, una herencia que les dejó Domingo Cavallo, que pueden aceptar un bono a la par, es decir sin quita, a 25 o 30 años, con una tasa variable que no pese mucho a mediano plazo.

Es que recién para entonces la compañías necesitarán de efectivo para pagar las jubilaciones de aquellos que optaron por el sector privado. Del resto, los más litigiosos son los llamados fondos buitres que lo más probable quieran dirimir en los tribunales cobrar todo lo que puedan. No son un monto considerable de los bonistas.

 

Los bonistas aceptan negociar

Quedan los tenedores organizados uno de ellos, el que encabezan el italiano Nicola Stock y el norteamericano Hans Humes, del Comité Global de Tenedores de Títulos Argentinos y con estrechas conexiones con los republicanos, que en abril se verán la cara con Lavagna, dando cumplimiento a uno de los puntos del acuerdo con el FMI. Ya han dicho que del 75% hay que olvidarse pero no han anticipado que quita podrían aceptar, por lo que no hay claridad sobre cual de la propuesta que en su momento implementen los bancos encargados de los aspectos técnicos del embrollo, podrán aceptar como base de discusión.

Es un final abierto, pero el hecho que acepten negociar con el gobierno, es un indicio que la solución de la reciente crisis con el FMI no ha sido mal vista por ellos, pese a que hubo tenedores de títulos utilizaron la palabra «traición» al referirse a la tropa que manda Krueger.

Kirchner nunca se propuso no seguir en el sistema financiero mundial que monitorea el Fondo y aclaró que no sería el presidente del default, por lo que el análisis de lo ocurrido debe tomar en cuenta esas definiciones capitales. Suponer que el gobierno más allá que la reciente crisis pudo extenderse un poco más o podría haber aprovechado la coyuntura para no tener en cuenta en el
futuro al G7 y sus demandas, es no comprender la naturaleza de la política de Kirchner, que de todas maneras, no es obsecuente y se maneja dentro de lo previsible.

Aún así, hay reproches que se le formulan. En primer lugar, y no es formal, que el Parlamento sea en materia de la deuda que por la Constitución es el llamado a abordarla, el gran convidado de piedra. Es malo para el futuro del gobierno que los legisladores deban actualizarse por los diarios; es poco comprensible que los líderes de cada bloque no manejen información de primera mano. El presupuesto actual no modificó lo medular del modelo económico heredado, pese a todos las promesas por encauzarlo de otra manera.

La ocasión vendrá con el presupuesto que viene, no sólo en lo que respecta a que porcentaje se dedicará a la deuda, sino de que manera se produce una redistribución del ingreso, lo que supone que entre en debate una nueva legislación impositiva, de la que poco y nada se habla.

 

Habrá reclamos salariales

Sin duda que por el crecimiento de la economía, Krueger prevé un 5,5% para el 2005, pero probablemente sea mayor del 7%, habrá más recursos para que el proceso de reactivación siga. Pero, aunque al Presidente lo irrite que le digan que la economía anda con «piloto automático», lo real es que el índice de pobreza seguirá muy elevado mientras se mantenga la actual distribución de la renta.

El empleo genuino crece a un ritmo no desdeñable que puede ser mayor si el programa de obras públicas y los más diversos que se convienen con organizaciones de piqueteros, empleo frágil pero trabajo al fin, se incentivan. En la mayoría de los casos los salarios o ingresos son lastimosos.

Hay que esperar, entonces, un escenario donde chocaran fuerzas contrapuestas. En este entendimiento, es posible pensar que habrá reclamos más fuertes no solamente por partes de los desempleados organizados sino por incrementos salariales. Y no solamente por lo que los trabajadores perdieron con la devaluación o la flexibilización laboral, sino porque los precios han comenzando a trepar otra vez y daña la canasta familiar.

Ya se sabe: cuando el «ejército de reserva» tiende a enflaquecer, los ocupados buscan mejorar su situación, porque la amenaza es menor. *

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