Vladimir Putin: un puño de hierro que agrada

Con un índice de popularidad «inoxidable» desde hace cuatro años, que oscila entre 68% y 80%, el presidente ruso es muy apreciado en su ciudad natal, San Petersburgo.

En las elecciones presidenciales de marzo de 2000, 62% de los electores de la ex capital imperial lo votó en la primera vuelta, a diferencia del 51% a nivel nacional.

Para estas elecciones presidenciales se espera una victoria aun mayor.

Los partidarios de Putin evocan un «orgullo recuperado», mientras que el presidente cultiva la imagen de hombre sano, que prefiere la natación, el esquí, la equitación o el judo, en vez de las noches de alcohol.

«¿Por qué Putin? Porque no tengo vergüenza de él», dijo Olga Dmitrieva, maestra en un jardín de infantes de San Petersburgo.

Esta mujer rubia de 53 años admira «la inteligencia, la fuerza y el encanto» de su presidente, «joven y dinámico» y que «sabe comportarse», a diferencia de su precedesor Boris Yeltsin, conocido por sus excesos con la bebida, que «siempre estaba enfermo y declaraba cualquier cosa a los periodistas».

Nostálgicos de un estado fuerte, respetado y temido en el extranjero, los partidarios de Putin estiman que su presidente ayudó al país a recuperar un lugar en el escenario internacional.

«Putin no acepta ninguna presión de parte de los extranjeros, sabe hacer respetar a Rusia en el mundo entero», asegura Elena Kudriachva, una enfermera de 37 años.

Su autoridad férrea ante los poderosos «oligarcas» enriquecidos a las espaldas del pueblo también agrada, y la encarcelación desde octubre del millonario Mijail Jodorkovski, primera fortuna de Rusia, hace aumentar el éxito del presidente.

Putin encarna para numerosos rusos traumatizados por los años de caos que siguieron a la caída de la URSS el reencuentro de la estabilidad.

«Nuestra vida es más estable desde hace cuatro años. Estamos más seguros de nuestro futuro y ello gracias a Vladimir Putin, que dirige el país con mucha sabiduría», explicó Boris Karlov, profesor de literatura de 45 años.

«Putin es sinónimo de estabilidad y esperanza», agregó Mijail Kononov, un militar de 32 años.

«Trabaja para mejorar la situación», indica el joven militar. «Se mueve todo el tiempo, visita todas las regiones del país», subraya sensible a la imagen de «trabajador» del jefe de Estado, que le gusta citar ejemplos precisos en sus intervenciones televisivas, signo de un buen conocimiento de los asuntos.

La televisión transmite en abundancia los desplazamientos del presidente a las provincias, desde el Extremo Oriente para inaugurar una ruta, a San Petersburgo para conmemorar el bloqueo de Leningrado, antiguo nombre de la ciudad.

Para los partidarios de Putin, todo lo que va mejor en el país es gracias a él, todo lo que va mal es por culpa del gobierno. *

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