El presidente Roh al borde de destitución
La decisión fue precedida por un escándalo que incluyó golpes, zapatos que volaban y otros desórdenes. Luego, cuando en el Parlamento sólo quedaban los representantes de los dos partidos opositores –dueños de la mayoría– se aprobó el pedido de juicio político, que pone a Roh al borde de la destitución apenas 13 meses después de asumir el gobierno.
Roh está acusado de violar la ley electoral por apoyar al partido oficialista con vistas a las próximas elecciones legislativas del 15 de abril.
Con la aprobación de la moción, los poderes del presidente quedaron congelados y transferidos temporalmente al primer ministro, Go Kun, en espera del pronunciamiento final de la Corte Suprema, el único órgano habilitado para destituir al jefe de estado.
El pronunciamiento de la corte puede demorar un máximo de seis meses a contar de hoy y la destitución requiere de una mayoría de dos tercios, es decir seis de los nueve integrantes del máximo tribunal. Tras la votación, se mostraron exultantes los diputados del Gran Partido Nacional (GNP), conservador y ex centro indiscutido de la política surcoreana, con el monopolio de la presidencia hasta 1997. El GNP tiene 149 bancas en el Parlamento unicameral de 273, de las cuales dos están vacantes.
También celebraron los exponentes del Partido Democrático (MDP), moderado, con 62 bancas, en el gobierno desde 1997 a 2002 con el presidente Kim Dae Jung y mentor de Roh hasta las elecciones presidenciales de 2002.
Más tarde, el MDP pasó a hacer frente común con sus ex enemigos del GNP en la lucha contra el nuevo presidente, al que considera demasiado progresista y reformista, y además inexperto e incierto en sus primeros meses de gobierno. «Es una gran victoria de la democracia», dijeron después de aprobar la moción con 193 votos a favor y dos en contra, mucho más allá de la mayoría necesaria de 181 votos.
Sin embargo, el recinto tenía un tercio vacío: más de 70 parlamentarios boicotearon la sesión, convencidos de que el juicio político a Roh es sólo una «venganza política» injustificada de parte de los representantes del pasado.
Cuarenta y siete de ellos son miembros del nuevo partido Uri («Nosotros», que indica a los partidarios de Roh), formado hace pocos meses.
Primero intentaron, a golpes, impedir la apertura de la sesión de votación sobre la moción. Luego salieron, a los gritos y entre lágrimas, para unirse frente al Parlamento a un millar de ciudadanos que apoyan al jefe de Estado, a quien consideran como un defensor de lo «nuevo» y de las jóvenes generaciones, pese a su inexperiencia y los errores cometidos.
En la misma sintonía se encuentra gran parte de la opinión pública, claramente contraria a la decisión de los dos partidos opositores, que abre una fase inédita de vacío político de consecuencias imprevisibles, a pocas semanas de las elecciones del próximo 15 de abril.
Si las predicciones de los sondeos se cumplen, la votación puede rediseñar por completo el Parlamento, castigando a los partidos que votaron el juicio político y premiando al Uri. El propio Roh, que se dijo tranquilo y confiado pese al revés sufrido, pidió a los supremos jueces que resuelvan cuanto antes, en un sentido u otro, el dilema del presidente. *
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