Un año después del inicio de la guerra en el Golfo Pérsico

La violencia eclipsa los tímidos progresos en Irak

Demasiada violencia. Este asunto une a los soldados, mayoritariamente estadounidenses, que ocupan el suelo iraquí, y al pueblo iraquí, que se dice decepcionado e incluso traicionado después de haber esperado en vano la vuelta a la calma.

Con al menos 250 muertos, febrero ha sido el mes más sangriento para los iraquíes desde la caída de Saddam Hussein en abril del pasado año.

Marzo se abrió paso también envuelto en sangre: el día 2, varios atentados antichiítas dejaron más de 170 muertos y 500 heridos en Bagdad y la ciudad santa de Kerbala (centro). Muchos especialistas evocaron entonces los riesgos crecientes de tensión entre chiítas (mayoritarios en Irak) y las otras comunidades (principalmente los sunitas y los kurdos).

Para los ocupantes la situación no es tampoco mucho mejor. Desde la captura del ex dictador en diciembre, las fuerzas de la coalición continúan siendo el blanco de ataques casi cotidianos. Unos 550 soldados estadounidenses han muerto en Irak desde el inicio de la guerra, de ellos 380 en acción.

«Está claro que hemos asistido en el curso de los tres últimos meses a una escalada de los atentados suicidas por parte de terroristas profesionales», afirmó el administrador civil de Irak, Paul Bremer.

Con unos 80 muertos, noviembre pasado fue para las fuerzas estadounidenses el mes más negro desde que el presidente George W. Bush anunció el 1º de mayo de 2003 el «fin de las operaciones militares mayores».

No obstante, según un responsable de la coalición, el número de muertos estadounidense ha caído en febrero por la mitad en relación a enero y en cuatro quintos en relación a noviembre.

Los estadounidenses se han atrincherado en sus bases y han anexionado barrios enteros, aislados por muros de cemento, alambradas, caballos de frisa, en particular en las regiones de mayoría sunita, donde los soldados confiesan en privado su miedo permanente. Ha sido sin embargo en una zona de mayoría chiíta, en Nassiriya (sur), donde la coalición ha sufrido el peor ataque, un atentado que, el 12 de noviembre, hizo 28 muertos, de ellos 19 italianos.

Esta violencia persistente eclipsa los avances que el país registra en otros frentes.

La adopción de la Constitución provisional, el 8 de marzo, fue saludada unánimemente por la comunidad internacional. Incluso si su difícil gestación y las críticas inmediatas del ayatolá Ali Sistani, el más influyente de los religiosos chiítas del país, no augura nada bueno a la continuación del delicado proceso político imaginado por los estadounidenses.

A nivel económico, la coalición espera un crecimiento de la economía iraquí en 2004 con el renacimiento del sector privado y la creación de miles de empleos.

Según la coalición, el desempleo que azota a la población activa va a remitir. Irak ha comenzado a atribuir los primeros contratos para la reconstrucción, por un monto de 5.000 millones de dólares, a empresas de los países que apoyaron la guerra. *

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