Con el apoyo del papa Juan Pablo II

Argentina: Iglesia reclama no despenalizar el aborto

Para aventar cualquier problema hizo saber que no tiene planes para despenalizar el aborto como parecían sugerirlo aquí más de un obispo y en el Vaticano su propia cabeza.

La semana pasada la cuestión se vio potenciada por un mensaje del papa Juan Pablo II expresado cuando el nuevo embajador argentino ante el Vaticano, el dirigente sindical católico Carlos Custer, presentaba sus cartas credenciales.

Custer tiene antiguos vínculos con Roma, aunque es dirigente de la Central de Trabajadores Argentinos, CTA, que es considerada de izquierda renovada.

Entonces el Pontífice exhortó al Gobierno a custodiar el valor de la vida humana, mensaje que se ató inevitablemente a la propuesta de Kirchner para que integre la Suprema Corte de Justicia, la juez Carmen Argibay, que se pronunció por la despenalización del aborto y para peor, se declaró «atea militante».

Los obispos se sintieron agraviados por la nominación que todavía debe aprobar el Senado Nacional y algunos de ellos han montado en cólera. No han impugnado a la actual integrante del Tribunal Internacional de la Haya, pero es solamente lo formal: le han creado un clima de hostilidad que parece un veto.

El mensaje papal preocupó al Gobierno que quiere despegarse en sus relaciones con el Vaticano de la alineación automática en la prédica mundial contra el aborto que inauguró Carlos Menem y continuó Fernando de la Rúa. Para Kirchner es preferible alentar las coincidencias con Juan Pablo II respecto de la deuda externa.

Por distintos medios, ya antes, el Papa le hizo saber a Kirchner que no modifique aquel sesgo que Menem le dio a la cuestión del aborto, y entonces es posible interpretar el mensaje de la semana pasada en esa ceremonia diplomática como una forma de reiterarle al Presidente cual es su deseo.

La posición oficial

Por lo pronto el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, declaró que no es política oficial despenalizar el aborto, a pesar de que las encuestas claman por medidas legales que frenen las muertes de mujeres embarazadas que recurren a métodos primitivos para abortar.

El secretario de Culto, Guillermo Oliveri, se ocupó también de ratificar a la jerarquía de la Iglesia que no se promueve ningún proyecto de ley ni propicia la despenalización del aborto.

La declaración de Fernández fue casi simultánea con la demanda planteada por el obispo de San Isidro y presidente de Caritas Argentina, monseñor Jorge Casaretto, que en diálogo con el diario La Nación reclamó una pronta definición del Gobierno «sobre una cuestión ética fundamental como es la defensa de la vida».

Resulta notorio que la demanda de Casaretto fue la reacción episcopal ante el modo inicialmente escogido por el Gobierno para comentar el discurso del Papa. El sábado último, con el presidente Kirchner aún en Caracas, fuentes oficiales comentaron que el Papa sólo reafirmó la doctrina católica sobre la familia y contra el aborto, pero no se dirige especialmente al Gobierno ni alude a ninguna situación política particular en obvia referencia a las declaraciones de la doctora Carmen Argibay.

Por eso la declaración del jefe de Gabinete denotó que debía decir más exactamente lo que la Iglesia esperaba. Fernández dijo también a guisa de reproche, que no había que confundir los roles: Argibay fue nominada para la Corte, no fue propuesta para ocupar una banca legislativa.

El objetivo, una candidata a la corte

Según «Clarín» con las palabras de Fernández el incidente quedó superado. Pero, por lo pronto monseñor Casaretto anticipó que, en su primera reunión del año, la Comisión Permanente del Episcopado seguramente volverá «sobre la cuestión para defender la vida desde la concepción».

El canciller Rafael Bielsa podrá pulsar directamente la situación en el viaje que tiene previsto hacer al Vaticano; tiene audiencia con el Papa el próximo jueves 11 y dialogará directamente con el influyente secretario de Estado, cardenal Angelo Sodano, con fluidas relaciones, en el pasado, con el menemismo.

El propósito de Bielsa es organizar la primera visita de Kirchner a la Santa Sede.

¿Qué remarca este episodio? Que para muchos obispos, para el Vaticano también, como se ve, merodear siquiera por la despenalización del aborto, es como un pecado mortal.

Si se rasca un poco, le ha caído mal al obispado la política contra la impunidad que ha impulsado el Presidente con la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Ahora que la Marina de Guerra, por la voz de su jefe, almirante Jorge Godoy, hizo su «mea culpa» por las atrocidades ocurridas en la Escuela Mecánica de la Armada, la Iglesia hizo saber su apoyo, pero que los obispos ya dijeron lo suyo respecto a los años de plomo en el año 2000 cuando pidieron perdón por su actuación durante la dictadura.

No fue una verdadera autocrítica, pero esa postura fue el consenso entre obispos de diferentes opiniones y por ahora, decir más cosas, no ocurrirá.

Y a propósito de la ESMA, el diputado kierchnerista, Miguel Bonasso, denunció en un programa de TV que por su proyecto de convertirla en un Museo, el Presidente ha recibido amenazas de muerte.

El discurso de Godoy provocó el rechazo de marinos en retiro y el pedido de abandonar la Armada solicitado por el vicealmirante Carlos Luis Mazzoni que revestía como director de Operaciones, Política y Planes.

Es la golondrina que no hace verano, se cree. *

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