Alcances y límites del acuerdo entre Brasil y Argentina
Lula le pidió a Bush telefónicamente que ordene a su gente en el FMI, que tiene peso como se sabe, que no trabe la aprobación del segundo tramo de revisión del acuerdo bilateral que es clave para que Argentina no entre en cesación de pagos, porque sin ese visto bueno, Kirchner no pagará con reservas los 3.100 millones de dólares de un vencimiento el 9 de marzo. Lo de Lula es un «paso trascendente» en el proceso de integración regional, aseguró el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Y evaluó que el pedido a Bush «debe interpretarse como una iniciativa espontánea de Lula que puede ser el resultado de las conversaciones que empezaron en Venezuela (con Kirchner)».
Para el ministro, el gesto refleja que «se ha empezado a encarar la necesidad de que Argentina y Brasil liberen un proceso de integración real y que la deuda externa en ambos países tiene un peso superlativo».
Este proceso «no será fácil pero es un paso central que ambos países encaren en conjunto con la misma lógica, el tratamiento de su deuda externa, teniendo en cuenta que las deudas tienen características diferentes», agregó el funcionario.
El diálogo de Lula con Bush se centró especialmente en la decisión de Brasil, ya explicada al titular del FMI, Horst Köhler, de no computar para el cálculo del superávit fiscal destinado al pago de la deuda, el ahorro que es ahora del 4,25% del PBI, los fondos destinados a infraestructura, porque según el criterio brasileño, deberá computarse como inversión, no como un gasto.
De hecho implicará rebajar el superávit destinado a la deuda, que se ha mostrado como un freno para el desarrollo de Brasil.
En este marco Lula le pidió a Bush tomar en cuenta «la recuperación económica observada en la Argentina», que, explicó Lula, «viene actuando con seriedad y responsabilidad».
Un fuerte respaldo para la Argentina
En Caracas el argentino y el brasileño quedaron en reunirse el miércoles próximo en San Pablo junto con sus ministros de Economía y sus cancilleres. Rafael Bielsa comunicó que esperan consensuar un plan para discutir con los organismos multilaterales de crédito. No dijo en qué debía consistir ese plan.
«Página 12″ está seguro que no hubo una cocina previa ni una larga negociación hasta llegar a la cumbre entre Lula y Kirchner. El acuerdo de Caracas suena más como la intención de empezar algo que como la de coronarlo.
Hubo hasta esa llamada a la Casa Blanca silencio brasileño por esa entente que de todas maneras no tiene sesgo jacobino, o de confrontación con los organismos financieros, que de hecho es de negociación, nada de sacar los pies del plato. Y no incluye, pese a lo que escribieron algunas agencias informativas, a Hugo Chávez. Vía telefónica también Lula se lo pidió al presidente del gobierno español, José María Aznar, el mismo que criticó la semana pasada a la Argentina porque, dijo, el país no se ayuda a sí mismo.
Además Lula pidió a Bush, según su vocero André Singer, «que los representantes de Estados Unidos en el FMI apoyen un cambio en el método de acuerdos contingentes del FMI con los países de América latina».
El pedido parece preparar el terreno para una renegociación brasileña y a la vez sirve de paraguas hacia la Argentina.
Ayer se reunió el buró del FMI para iniciar el análisis de si aprueba o no la marcha del convenio actual con Kirchner. Hay dentro de ese organismo países hostiles a darle el visto bueno, como el Reino Unido, Italia, Japón y hasta Egipto. ¿Cuál es el obstáculo? Dicen los países del G7, es decir los ricos, que Argentina no da señales claras de querer abonar a sus acreedores más de su propuesta con la quita del 75%, que con los intereses, subiría de hecho al 90%.
Además de que el camino común acordado en Caracas no es confrontativo, se parte del hecho que Brasil a diferencia de la Argentina no pasó por el default y lo que busca es bajar su compromiso de superávit fiscal.
Hay de todas maneras un criterio que prevalece: pagar deuda según se crece, que es lo que Kirchner viene pregonando y que Lula ahora asume como propio. Son las novedades reales. *
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