De La Rúa amonestó a jefe de espías
De la Rúa cumplió ayer su primer jornada de trabajo en Nueva York, conversando a troche y moche con banqueros, inversores, grandes empresarios, periodistas de fuste. Hoy estará en la Casa Blanca para su encuentro con Bill Clinton, donde también el asunto económico estará en primer plano.
El presidente argentino buscó dar confianza ante estos auditorios al jurar que no se modificará la convertibilidad ni su paridad un peso igual a un dólar, ni se buscará el atajo de la dolarización, que propugnan aquí Carlos Menem, el titular del Banco Central, Pedro Pou, y el jefe de los espías, Santibañes. En los EEUU, el cambio monetario no tiene adeptos de importancia en la administración demócrata.
Para elevar la consideración de Machinea, De la Rúa debió insistir en que el titular de Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE) fue imprudente al criticarlo por poca firmeza en achicar los gastos. En rigor, no lo nombró taxativamente, pero todo el mundo comprendió a quién mencionaba.
El primer dato del descontento presidencial con su amigo, ex banquero y egresado en economía en la escuela de Chicago, fue que lo obligara a cerrar su vozarrón cuando criticó al ministro de Economía, en TV y en un diario, por ceder a las presiones de algunos estamentos oficiales respecto a la última y severa poda de gastos y sueldos a un sector de empleados públicos que provocó el paro del 9 último. Como castigo y enojo, lo borró de la nomina de acompañantes en este viaje clave a los EEUU.
Para peor, en oficinas estatales circula una fotocopia con morosos con la Dirección General Impositiva donde figura el nombre de Santibañes con una deuda por dos millones y medio de dólares.
El placer de no pagar
Dicen que en un encuentro que el espía tuvo con el vicepresidente Carlos «Chacho» Alvarez, éste le exhibió la portada de la revista «XXII», donde se dio una nómina de grandes evasores que encabeza el Citibank con 65 millones de dólares. «Mira tus amigos; si ellos pagaran, no habría necesidad de ser tan duros con el ajuste», cuenta la leyenda que le refregó el vicepresidente.
Era también un mensaje para Carlos Silvani, quien debió renunciar a la DGI por sus escasos éxitos en la recaudación. Silvani tenía el respaldo de Santibañes y ahora es investigado por irregularidades como recaudador de impuestos y en vigilar la Aduana.
La amonestación de ayer, haber sido bajado del avión presidencial, la retahíla de críticas que recibió de parte de legisladores de la Alianza, coloca a Santibañes en una muy incómoda situación. ¿Será relevado? ¿Sé ira sin hacer ruido para facilitarse las cosas a su amigo el presidente?
El enigma quedó instalado. Ya se sabe que De la Rúa es reacio a pedirle renuncias a sus funcionarios. Carlos Menem tampoco gustaba de enfrentar estas situaciones límite, pero tenía siempre a un hombre que si reclamaba una resignación era como si la pidiera el líder riojano.
De la Rúa no tiene a ese personaje y entonces no es improbable que todo quede tal cual, hasta el momento en que el presidente considere que ha llegado el momento de oxigenar a su gabinete.
Ayer circuló también otra especie: que había elevado su renuncia el secretario de Ciencia y Tecnología, Dante Caputo. El ex canciller y dirigente del Partido Socialista Popular negó la versión. Pero no se dieron explicaciones de por qué él resignó un lugar en el vuelo presidencial, que dio origen a los rumores.
Caputo, aunque no lo dirá jamás públicamente, mostró su disconformidad por el voto argentino contra Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Como canciller del gobierno de la Raúl Alfonsín, jamás aceptó esa posición impulsada por los EEUU. Y sigue pensando lo mismo.
Compartí tu opinión con toda la comunidad