El presidente argentino ratificó el anuncio al abrir las sesiones ordinarias del Parlamento

Kirchner: No pagar deuda externa argentina con hambre y exclusión

Como fue el primer mensaje oficial del actual jefe del Estado a los integrantes del Poder Legislativo, motorizó a diversos sectores del peronismo que respaldan al Presidente, a exhibir poder de movilización frente a la plaza de Los dos Congresos aunque con una presencia no multitudinaria de ciudadanos.

Una de las columnas más nutridas que convocó el sector de «piqueteros» que respaldan al Gobierno, la de la Federación de Tierra y Vivienda, estaba encabezada por una gran pancarta con las imágenes de Fidel Castro, Hugo Chávez, Lula y Kirchner, un eje que quisieran ver implementado.

Pero el mensaje no incluyó nada que se le acerque a ese deseo ni una sola palabra al reciente acuerdo ente Argentina y Brasil anunciado en Caracas de negociar juntos con los organismos financieros internacionales, un anuncio que aquí tuvo mucha más repercusión que en el país vecino.

El Presidente explicó que su estrategia es «construir un capitalismo con reglas claras, donde el Estado cumpla su rol con inteligencia y ponga equidad en la sociedad».

«Si se hubiera hecho capitalismo en serio, hubiéramos construido un país normal», detallando que el endeudamiento se refleja en el resultado de «más de la mitad de la población bajo la línea de pobreza», criticando así a los gobiernos que lo precedieron, que «eligieron postergar hasta el futuro los vencimientos para culminar un mandato y descargar en el futuro y los futuros gobiernos los futuros problemas».

Días difíciles todavía

Sin nombrar a ningún organismo financiero en particular los acusó, al igual que a los grandes grupos económicos, de haber promovido o aplaudido un sistema de endeudamiento y exclusión social que llevó a Argentina a la mayor de sus crisis que, advirtió, «no se va a reconstruir ni en uno ni en pocos años».

Por eso insistió en que el país está «en el peor de los mundos, en el propio infierno», y señaló que «las mejoras» que se están verificando implican «sólo el ascenso del primer escalón». La actual situación es producto de «años de dirigencias que no estaban a la altura de las circunstancias».

Quiso dejar en claro que su gestión «no es el gobierno del default», pero dejó sentado que «la más fría racionalidad indica que las recetas del pasado no pueden aplicarse» para encarar el pago de la deuda.

Aunque obviamente no hace suya la consigna de Winston Churchill de «sangre, sudor y lágrimas», recordó que «los argentinos deberemos enfrentar grandes esfuerzos para salir del default. Y los recursos que podemos generar hoy no pueden conformar a otros. Los organismos deben tener presente que la masa de recursos es la que existe y no puede incrementarse milagrosamente».

«Ya no queda margen para recurrir a ajustes», remarcó para subrayar esos que «no pagaremos deuda a costa del hambre de millones de argentinos, generando más pobreza y conflictividad social. Sería bueno que recordaran cuando en 2001 todo se caía».

La economía «debe orientarse centralmente a crecer y a recuperar a movilidad social que caracterizó al país» y juzgó que «sin proyecto nacional (de cuya ausencia se lamentó en repetidas ocasiones) adecuado a la realidad y al mundo no tendremos futuro».

Que el FMI respete los acuerdos

Kirchner abogó por «un cambio profundo que signifique dejar atrás a genocidas, corruptos y ladrones» y exhortó a lograr «un país que recupera su orgullo y no nos avergüence» y dijo que «no vamos a aflojar» frente a las «presiones» y los «obstáculos» que, prevé, se irán produciendo en la medida que avancen las negociaciones por la deuda externa, y volvió a responsabilizar a los organismos multinacionales de crédito por el enorme endeudamiento que soporta el país.

Reclamó a esos organismos también que «respeten lo acordado» en vez de apelar al «cambio constante de reglas o al incremento de las presiones, que no conducen a una relación de buena fe imprescindible para que sigamos cumpliendo lo acordado».

Fue una referencia a los mensajes que vienen desde el exterior que si Argentina no modifica su oferta sobre la deuda de 100.000 millones de dólares, sin que se incluyan intereses, podría o dilatarse la aprobación de la marcha del acuerdo con el FMI que obligaría a desembolsar 3.100 millones de dólares el 9 de marzo, o caer en cesación de pagos con ese organismo.

Insistió en que la propuesta a los acreedores privados hecha en Dubai pidiendo una quita del 75% (porcentaje que no mencionó ayer) «parte de la absoluta racionalidad y del postulado de la buena fe», porque no se comprometió a «nada que no se pueda cumplir».

Por eso vaticinó que los acreedores y los intereses que los apoyan «tratarán de torcernos el brazo, de desviar el camino, de confundir el rumbo», pero aseguró que «no vamos a aflojar», al tiempo que pidió el respaldo del pueblo en esas negociaciones.

En materia de la defensa de los derechos humanos, el jefe del Poder Ejecutivo exigió construir «un país con memoria, verdad y justicia», y para ello «la defensa intensa de los derechos humanos (…) no puede reducirse a derechas o izquierdas», abogando por un «esclarecimiento total del pasado».

La no impunidad, la recreación del Poder Judicial, particularmente la Suprema Corte de Justicia, fueron otra vez resaltados como objetivos precisos.

Aunque fue escasamente explícito en política exterior, incluso no hizo referencia alguna a la situación en Haití, Kirchner insistió que es su objetivo la defensa del multilateralismo, la no intervención, la autodeterminación de los pueblos, el fortalecimiento del Mercosur.

Dio además claras referencias en que no aceptará un ALCA al gusto de los EEUU. *

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