Berlín, cuando se incendió el Reichstag
Un incendio incontrolable desatado en la noche de ayer redujo a escombros y hierros retorcidos el edificio del Reichstag, la sede del Parlamento alemán.
Observadores consultados por nuestro corresponsal coinciden en manifestar su asombro por la tardía intervención de los Bomberos, que nada pudieron hacer para sofocar las llamas.
Esta mañana la Policía detuvo a Van der Lubbe, un ciudadano holandés de filiación comunista, que fue presentado como el autor del incendio.
Sobre la intencionalidad del siniestro nadie duda, pero lo que empieza a sospecharse es que detrás del hecho puede estar el mariscal Goering, hombre de confianza del novel canciller (jefe de Gobierno) Adolf Hitler. La ultraderecha nacionalista necesitaba un buen pretexto para desatar una represión despiadada contra la oposición en general y contra la izquierda marxista en particular, como forma de enrarecer el clima para las próximas elecciones parlamentarias que tendrán lugar dentro de una semana.
Nada mejor, pues, para la estrategia nazi, que atribuir la destrucción del Reichstag a una acción premeditada del Partido Comunista.
Esta tesis parece confirmarse cuando al mediodía de hoy el gobierno ha emitido un decreto por el que se clausura la prensa de izquierda, se suspende toda actividad política y se declara el estado de emergencia. Al amparo de estas medidas liberticidas, miles de militantes comunistas han sido detenidos, y la represión se extiende a dirigentes sindicales, socialistas y liberales. *
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