Santiago del Estero no será intervenida por Kirchner

El inexorable fin de Juárez, un caudillo feudal argentino

Todo comenzó a carcomerse el año pasado, cuando fueron asesinadas dos chicas en fiestas negras, donde los hijos del poder se ufanaban de poder hacer todo, porque la impunidad la protegía.

La impunidad eran los Juárez y su temible jefe de inteligencia Musa Azar, el hombre de los mil ojos que ahora que está procesado por ocultar los crímenes de La Dársena, la zona donde se hacían las orgías, comenzó a abrir la boca y con cada una de sus palabras, la gobernadora y su marido se hunden inexorablemente.

Además, Nina está procesada por defalco al sistema de seguridad social, pero se niega a concurrir a los estrados judiciales donde está radicada la causa millonaria.

Nada se transformó en soledad. Los asesinatos provocaron grandes movilizaciones populares, donde la Iglesia jugó un papel destacado. Se entiende porque un obispo, Gerardo Sueldo, murió en una situación sospechosa, un accidente de su automóvil, y la hipótesis del crimen se convierte en irresistible.

Azar contó cómo Nina, la actual gobernadora, ordenó asesinar a un opositor a los Juárez, promoviendo una manifestación y saqueo a su domicilio. Cuenta que un ex gobernador, César Iturre, no murió naturalmente en Asunción del Paraguay, donde se había refugiado perseguido por el señor feudal, sino que pudo haber sido envenenado. El «cantor de las cosas nuestras» ha dicho que Carlos Juárez en 1975, siendo gobernador, entregó a los militares que ya avanzaban sobre el poder con su política de terrorismo de Estado, a un concejal que desde entonces está desaparecido.

Un régimen de terror

La lista es larga y abultados son los negociados en una provincia donde reinó el terror. Por esas cosas de la vida, Juárez estuvo enfrentado con Carlos Menem, no por su política, sino porque las preferencias del riojano estaban con otro santiagueño que debía ser su vicario. De esas trifulcas brotó en 1993 el santiagazo, un «alzamiento» popular que incendió los símbolos del poder (casa de gobierno, Legislatura, tribunales) y la vivienda de Juárez, saqueada.

Llegó la intervención federal, pero los Juárez ganaron las elecciones cuando la provincia fue normalizada, antecedente que pesa sobre el gobierno nacional de Néstor Kirchner que se niega a promover el llamado «remedio federal», buscando quebrar el juarismo para que en alianza con radicales y otras fuerzas destituyan a Nina Aragonés de Juárez, y se apliquen las normas de la constitución local sobre sucesión hasta poder normalizar la provincia.

Paradójicamente, Juárez, por su enfrentamiento con Menem, fue un fuerte aliado de Eduardo Duhalde en la interna del Partido Justicialista y por eso optó por Kirchner en las presidenciales del año pasado y no por el ex mandatario. Carlos Juárez está en la Capital Federal buscando auxilio para que la salida del poder sea negociada, pero no encuentra interlocutores. Duhalde lo elude con el buen argumento de que su anciana madre está gravísima. Y el gobierno aplica la política de que maduren las uvas en Santiago y se caigan solas.

En tanto, no pasa día sin que se revele algún crimen horrendo o negociados. Los Juárez aún hoy siguen manejando a los medios periodísticos de la provincia pero han crecido formas alternativas de comunicación con lo que la verdad se va imponiendo. Y por supuesto, están los diarios y la TV nacional.

Sólo falta esperar la solución local a la grave crisis para ver si es posible cambiar un sistema político asentado en el clientelismo por la pobreza de sus economías que, con sus más y sus menos, se repiten en varias provincias del noroeste y el noreste del país.

Hay que esperar. *

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