Se prevé "guerra sucia" entre los candidatos

Todo parece indicar que al candidato demócrata John Forbes Kerry, a nueve meses de los comicios en Estados Unidos, no lo parará nadie en su carrera hacia el universo oval de la Casa Blanca. Deslindó recientemente, dentro de la interna de su partido, debatir con el otro precandidato demócrata Edwards, ya que evidentemente las encuestas y la creciente popularidad le está otorgando una confianza en su plataforma y en proyecto político que, en rigor, lo único en que está pensando -junto a su staff de asesores- es en cómo destrozar y anular el discurso inflamado de un estridente patrioterismo del hoy presidente George W. Bush.

Precisamente Bush está en declive. Básicamente porque aparece flanqueado de dudosos allegados y porque, en definitiva, la guerra de Irak en nombre de Dios, como señaló en su momento, se le ha transformado en una suerte de bumerán debido a la creciente tasa de mortalidad de soldados estadounidenses en esta guerra de nunca acabar y que los mass media ya le están recordando que la inició justamente él.

Campaña hostil

Todo indica, en este contexto, que habrá una intensísima campaña electoral y, según los analistas, se puede llegar a acudir a elementos non sanctos para tratar de sacar ventaja. Ya George W. Bush ha anunciado públicamente que su campaña adoptará un tono más hostil. La idea eje o central es, a todas luces, defender a rajatabla su gestión como presidente de los Estados Unidos y articular un discurso que ataque los flancos débiles de Kerry y, al mismo tiempo, reafirmar que no hay mayor seguridad e idea de confortabilidad para los estadounidenses que el proyecto republicano en curso, como vehículo para revertir su alarmante caída en las encuestas

El jefe de la estrategia de campaña del presidente Bush, Matthew Dowd, ha manifestado que el asunto es concentrarse en el aparente doble discurso de John Kerry. Por contraste, según el asesor republicano, se expondrá a Bush como una especie de líder que lo que dice lo pone en marcha y lo concreta, aun cuando en diversos emporios de la sociedad estadounidense no estén de acuerdo. En pocas palabras: se buscará la reformulación de un George W. Bush de una sola palabra, de una direccionalidad sin desvíos y un programa estricto a cumplir y lejos de la retórica, con dichos y hechos, aunque seguramente será una tarea ardua para quienes finalmente diseñen ese pesado perfil de campaña electoral. De hecho, ya se han rodado diversos spots publicitarios cuya consigna viene a enfatizar la idea de liderazgo estable en un «tiempo de cambio», aunque ya no tenga explicación alguna para mantener las tropas en Irak, algo en que John Kerry pondrá necesariamente en foco.

No obstante, y paradójicamente, los asesores están confiados en que la estrategia de campaña debe también posarse en la defensa del conflicto bélico en Irak, en la sensación de seguridad que se le ha brindado a los ciudadanos estadounidenses posatentado a los Twin Towers el 11 de setiembre de 2001 y que, por cierto, la lucha contra el terrorismo es un bien para todos que piensan en un mundo libre y pacífico. Bush, en ese sentido, ha manifestado que «los terroristas insisten en seguir confabulando contra los Estados Unidos y contra el mundo civilizado, de modo que debemos seguir peleando contra el enemigo».

Y agregó puntualmente: «Vamos a vencerlos tanto en territorio iraquí como asimismo en territorio afgano, para no tener que enfrentarlos en las calles de nuestras ciudades», dijo Bush con un claro tono apocalíptico que, vale anotarlo, no le está dando buenos dividendos en las encuestas, como señalábamos líneas arriba.

De paso, a John Kerry ya tratando de poner en jaque aludiendo a maniobras dentro del Congreso y que, desde luego, responde a un lobby económico de dudosa credibilidad, a la vez que de acusarlo de falta de ética y hasta de antipatriota en una suerte de nueva cruzada maccarthista.

Kerry a toda máquina

Mientras tanto, John Forbes Kerry se sigue presentando como el nuevo JFK. No lo es y bien que lo sabe, pero su formación católica y a la vez liberal, sus afinadísimos speechs y su amplitud de temas, su sonrisa amplia y ganchera lo están situando como el gran candidato ante la opinión pública norteamericana.

También su objetivo va por encima de sus rivales de su propio Partido Demócrata. El objetivo es George W. Bush al que nunca calificó de calamidad, pero seguramente lo piensa junto a su inteligente grupo de estrategas.

Kerry es de los que fue a Vietnam, pero era de los que se opuso tajantemente a la guerra. Condecorado alguna vez, junto a un grupo de veteranos de guerra, llegó hasta las puertas del Congreso y formalmente cumplieron con el acto de devolver las medallas al valor.

En su plataforma de campaña electoral el tema de Irak es asunto de punta. Aun cuando votó en el Senado a favor de la intervención militar, su posición actualmente es harto crítica. la emprendió severamente contra los informes «falsos» (Sic) en torno a las posibles armas de destrucción masiva que nunca se encontraron en Irak y considera que el conflicto está aislando a los Estados Unidos dentro de la comunidad internacional. Está a favor del cese de las hostilidades, del regreso a casa de las tropas estadounidenses y de que el tema Irak/Afganistán sea tratado en profundidad en el ámbito de las Naciones Unidas.

Por otro lado, Kerry se ha volcado en contra de la pena de muerte, mientras que Bush ha firmado unas 150 ejecuciones cuando ostentaba el cargo de gobernador de Texas.

Otra colisión es el siempre delicado tema del aborto. Kerry apoya el aborto por vías estrictamente legales. Bush, en cambio, ha dicho contundentemente no al tema. De igual modo, Kerry seguirá insistiendo en el asunto ya que en su perspectiva personal el aborto -pese a su declarado catolicismo- vendría a ser una suerte de mal necesario. Una necesidad propia del tramo epocal en que vivimos.

Otro de los déficits de George W. Bush, o tal vez su talón de Aquiles, es que en su administración aumentó notablemente la tasa de desempleo. El número de desocupados creció tres millones y dejó en veremos o en la nada la promesa de gestar cinco millones de nuevos puestos de trabajo. A todo esto, como corolario de su más que resbaladiza gestión, el salario porcentualmente cayó prácticamente cuatro puntos.

Kerry, en ese sentido, va a estructurar una economía para la clase media estadounidense, eliminar los impuestos y esencialmente reducir el déficit fiscal sin precedentes de la política de Bush: 500.000 mil millones de dólares.

En cuanto a la generación de empleo, Kerry asegura que en los primeros 500 días de su posible gobierno revertirá rápidamente la situación en rojo que viene dejando el hoy presidente de los norteamericanos. En cuanto al tema de América Latina, que nos toca de cerca, Kerry confía en que podrá promover un cambio estimable y equilibrado en las leyes inmigratorias, así como facilitarle a los países latinoamericanos una mayor relevancia como interlocutores en todos los ámbitos de discusión. En cambio, Bush prosigue por la vereda de enfrente: ha reducido los fondos para la región, señalando que hay otras prioridades en otras partes del orbe.

La educación y la salud son otros temas donde aparecen contrastes entre ambos candidatos. Bush no está de acuerdo en otorgarle bonos a las maestras que trabajan en las escuelas públicas. Kerry, por otra parte, es un vocacional de mantener como bandera a la escuela pública. Hay la proposición de un fondo fiduciario para el soporte financiero educativo y, así, generar un equilibrio y sobre igualdad de oportunidades.

En relación al tema de la salud, Kerry es de los que piensan que todo ciudadano norteamericano tiene la
obligación de tener una óptima asistencia médica. Ha manifestado que habrá un plan, vía Congreso, para que haya asistencia de la mejor para la ciudadanía de menores ingresos.

En esa dirección, Bush ya decretó una ley para que la gente de la tercera edad pueda obtener medicinas. También ha promovido accesos a seguros de la salud a partir del ahorro y los créditos impositivos.

Se viene guerra sucia

Todos los especialistas admiten que la campaña tendrá visos de «guerra sucia». de la peor calaña. Con artimañas y dichos excesivos. Desde presuntas infidelidades hasta acusaciones de las peores que se pueda imaginar el ciudadano común estadounidense.

No es una situación novedosa si se piensa en alguien de la contextura de George W. Bush. Su grupo de asesores son perros de caza: irán por John Kerry como si se tratara del peor de los enemigos. Pero, en estas instancias, todo es relativo: John Kerry tiene a toda la cultura massmediática detrás suyo, las encuestas lo dan en una proyección de crecimiento y parece que la ciudadanía lo está aprobando como el individuo que deberá o debería sentarse en el sillón presidencial. Veremos. *

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