Edwards busca acortar distancias
En su estrategia para derrotar primero a Kerry y lograr la nominación partidaria, y en noviembre al presidente George W. Bush, Edwards reivindica la condición de clase trabajadora de la que surgió, el medio sensiblemente segregacionista en el que creció y una acérrima defensa del «empleo americano», para atraer al mayor número de demócratas e independientes.
El ascendente rival de Kerry llevó ayer su campaña pro empleo y antilibre comercio a la sureña Georgia (Atlanta), y allí reivindicó la lucha por los derechos civiles ante un electorado fundamentalmente de clase media, negro y humilde.
Allí, recordó que fue testigo de las luchas finales contra la segregación racial de los 60 en esa región. Pero el equipo de campaña de Kerry, que logra cada día una mayor consolidación de sus aspiraciones electorales en los sondeos de opinión, no está dispuesto a aceptar debates moldeados a la medida de ningún rival y, hasta ahora, sólo se ha confirmado un duelo en Los Angeles y otro en Nueva York, este último aún por definirse.
Serán 1.151 los delegados en juego en las primarias en diez estados del «supermartes», y será consagrado candidato demócrata el aspirante que sume 2.162 delegados. En los sondeos, Kerry, senador por Massachusetts, aventaja ampliamente a su colega y rival sureño: una encuesta del Colegio Marista le dio el 66 por ciento de las intenciones de voto entre los electores demócratas que concurrirán a las primarias, mientras Edwards sólo obtuvo el 14 por ciento. Lejos, detrás de ambos, aparecen el reverendo negro de Nueva York, Al Sharpton, con el 7 por ciento, y el representante izquierdista de Ohio, Dennis Kucinich, con el 3.
Una semana atrás, un sondeo en el estado de Nueva York de la Quinnipiac University, le dio a Kerry el 48 por ciento, bien por delante de Howard Dean, el candidato que abandonó el miércoles, y de Edwards.
También Kerry, quien hasta hoy apuntaba sus certeros disparos contra el jefe de la Casa Blanca, está librando una lucha en un doble frente, acusado por Edwards de pertenecer al elitista noreste norteamericano, y por los estrategas de Bush de pertenecer al «peor liberalismo», un sonsonete con el que los republicanos habían acusado hace cuatro años al ex vicepresidente Al Gore.
El equipo de Kerry, que aguarda todo tipo de ataques (e incluso réplicas de falsas acusaciones como la que hace una semana lo vinculó en los 70 con Jane «Hanoi» Fonda), estimó que no será fácil el etiquetamiento del senador de Massachusetts con las mismas consignas con las que George Bush padre desarticuló la campaña de Michael Dukakis en 1988. *
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