Disparen sobre el FMI

El rechazo tajante al Fondo y a su política económica fue el eje de las proclamas, las pancartas, los discursos de esta jornada, así como estaba inscrita en el pecho de manifestantes disfrazados de verdugos. Esta consigna recorre América Latina como denominador común de las grandes demostraciones obreras y populares que se vienen realizando o se proyecten al futuro inmediato.

Existe conciencia acrecentada de que esta política es la responsable de la dramática situación de grandes masas de nuestros pueblos: la desocupación en primer término, los bajos salarios, el hambre, la desatención a los temas de educación, salud y vivienda.

Un común denominador

Este estado de conciencia colectiva se expresó en las multitudinarias demostraciones que reunieron a manifestantes de todo el mundo en Seattle, estado de Washington, EEUU, en diciembre pasado, contra la Organización Mundial del Comercio, la tercera pata del real poder mundial junto al FMI y al BM. Y se reafirmó en la multiforme demostración contra estos dos últimos en ocasión de su reunión conjunta en Washington en abril último. Quedó claro no sólo que ellos son culpables del drama que vive la mayoría de la humanidad, sino que se impone a la vez una total remodelación de su integración y de sus potestades, ya que en su actual composición sirven exclusivamente los intereses de EEUU (que ocupan en ellos una posición dominante) y de los países capitalistas desarrollados del G-7.

Si echamos ahora la mirada sobre América Latina, advertimos que las movilizaciones que la han surcado de norte a sur en este primer semestre han estado animadas análogamente por la decisión de resistir a las embestidas de las privatizaciones y los ajustes (ínsitos en la política fondomonetarista) y en promover soluciones alternativas mediante un cambio sustancial de la orientación económica. Así, una amplia conjunción de sectores populares (que incluye sectores democráticos de las fuerzas armadas, contra las cuales el gobierno pretende también ejercer la represión) sigue movilizada contra la dolarización en Ecuador, del mismo modo que lo estuvo en Bolivia contra formas irritantes de privatización de servicios esenciales. En este caso se logró revertir la situación, lo mismo que aconteció en Costa Rica con el intento de privatizar los servicios de telecomunicaciones y electricidad, y por una demanda similar volverán a salir a la calle los trabajadores estatales de Paraguay este fin de mes. Hay más ejemplos, por cierto.

Estas luchas corren paralelas a las que se libran desde Chile a Guatemala en salvaguardia de los derechos humanos y por el fin de la impunidad, y están dotando de un real sustento a la democracia en nuestros países, desvirtuando la tesis de que ella se encuentra en un proceso de retrogradación.

La década del retroceso

Se ha agravado la situación para la mayoría de la humanidad, y para nuestra América en este contexto.

En ese estado general, América Latina ostenta el triste privilegio de constituirse en la región más desigual del mundo de batir el récord de inequidad en la distribución del ingreso, superando a Africa, el Oriente Medio, el sudesde asiático y Europa oriental. Así lo reconoce el último informe del BID sobre el «Progreso económico y social en Latinoamérica», al señalar que en el último decenio América Latina «se ha atrasado frente a otras regiones del mundo desarrollado y en desarrollo, y los resultados han estado muy mal distribuidos». Aumentó el porcentaje de la población que vive en condiciones de pobreza e indigencia, al margen del mercado de consumo (caso clásico del Brasil). Técnicos del propio BID reconocieron que ya fueron privatizadas empresas fundamentales, sin lograr por ello mejora alguna en la situación de las mayorías.

También en este aspecto la jornada argentina es aleccionante. En las pequeñas localidades de Genral Mosconi y Tartagal, la protesta se extendió ante las instalaciones de la petrolera hispánica Repson, la cual absorbió y vació a la privatizada YPF, dejando el tendal de desocupados, al tiempo que incumple sus obligaciones fiscales.

¿Convergencia?

Frente a la desigualdad e injusticia imperantes, algunos economistas del sistema han echado a rodar la teoría de la convergencia, según la cual la pirámide social se va achatando. Pero en verdad las disparidades son cada vez mayores, tanto entre países ricos y países pobres, como entre ricos y pobres al interior de cada nación.

En América Latina, según el último informe de la ONU sobre Desarrollo Humano, «una de las características más sorprendentes de la distribución del ingreso es la enorme diferencia entre el 20% superior y el 20% inferior».

Un estudio presentado por el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, concluye que el 56% de la población mundial, unos 3.300 millones de personas, vive con menos de 2 dólares diarios, y de ellos 1.300 millones con menos de 1 dólar diario, y estas cifras van en aumento, de modo que «en todo el mundo los ricos se vuelven más ricos y los pobres quedan más pobres». Incluso el presidente Clinton, al inaugurar a fines de mayo en Lisboa la cumbre EEUU-Unión Europea, señaló «el abismo cada vez más profundo que divide a los ricos del resto del mundo». Todo lo opuesto, en suma, a la sedicente teoría de la convergencia.

40 bombas de Hiroshima

Los que más sufren, en este cuadro, son los niños. En América Latina, en grado superlativo.

Más de 250 millones de niños son superexplotados en duros trabajos. Y según un anterior informe de la ONU, anualmente mueren 12 millones de niños por hambre o por enfermedades curables directamente vinculadas al hambre.

Es el equivalente a 40 bombas de Hiroshima cada año. Esto guarda estrecha relación con la política del FMI, que ha sido una vez más clavada en la picota

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