Ola de violencia ya dejó por lo menos 50 muertos

El poder de Aristide disminuye a lo largo del territorio haitiano

El oficialismo acusa a la comunidad internacional y a la oposición haitiana de ser los responsables del clima insurreccional que reina en el país, mientras que los opositores responsabilizan al propio presidente Aristide de la ola de violencia que ha dejado al menos 50 muertos.

En el correr de las últimas dos semanas, diez localidades «han sido tomadas como rehenes», a decir del portavoz del partido oficialista Lavalas, Jonas Petit.

La mayoría fueron retomadas por las autoridades, pero en el norte del país, la cuarta ciudad haitiana, Gonaives, sigue en manos de insurgentes armados que amenazan con marchar hacia Puerto Príncipe.

Los rebeldes recibieron el apoyo de ex paramilitares del ex dictador Raoul Cedras (1991-1994) comandados por Louis-Jodel Chamblain y el ex comisario Guy Phillipe. Ambos regresaron a Haití de su exilio en la vecina República Dominicana.

Los líderes de las protestas en las calles de la capital intentan distanciar a su movimiento civil de la insurrección armada en Gonaives: «Queremos evitar que se nos mezcle con Philippe y Chamblain, quienes representan una visión del pasado que el pueblo haitiano no quiere más», dijo el dirigente político André Apaiden la capital.

Los incidentes violentos también golpearon la localidad de Dondon, cerca de la segunda ciudad del país, Cabo Haitiano (norte).

«Estamos en una situación de máxima efervescencia», dijo Jonas Petit.

«Las fuerzas de la Policía, compuestas por menos de 5.000 hombres, son insuficientes», explicó. «No podemos asegurar la seguridad en todo el país y le damos la prioridad a Puerto Príncipe», agregó.

Según él, las autoridades no podrían detener una columna de 500 hombres bien armados.

Debido al bloqueo de fondos haitianos en el exterior y el fin de la ayuda internacional, «el Estado haitiano no dispone de medios financieros para hacer frente a los hechos de hoy en día», subrayó.

La oposición «eligió la vía de la violencia y se negó al entendimiento que garantizaba la seguridad, eligiendo la opción cero (la dimisión del presidente haitiano) en la negociación», agregó.

El historiador y periodista Georges Michel opinó que «la disolución del ejército en 1995 permitió el regreso a la acción de seÒores de la guerra, como Butteur Metayer, líder del movimiento en Gonaives».

Según él, «las fuerzas de la Policía están sobrepasadas» en todo el país.

«Si están bien armados, representan la mayor amenaza para el gobierno», prosiguió, tras acusar a Jean Bertrand Aristide de haber «convertido la anarquía en sistema de gobierno».

Michel Gaillard, uno de los dirigentes de la oposición política agregó que «las instituciones no funcionan y no controlan».

Acusó de ello al presidente Aristide, por haber querido crear organismos paralelos al gobierno, que le fueran leales.

«Debilitó al Estado creando poderes paralelos bajo» su autoridad, afirmó. Según Michel Gaillard, «los viejos ‘grupos populares’ fueron transformados en pandillas armadas: entre 300 y 500 en todo el país, que recibían armas y cuyos líderes recibían dinero».

Gaillard explicó que existe una «tradición de jefes que organizan bandas a su alrededor en el terreno favorable del norte del país».

Pero incluso Puerto Príncipe empieza a experimentar los efectos de la crisis. La universidad está cerrada luego que grupos armados entraron el 5 de diciembre, y el hospital general está semivacío. *

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