Un anuncio que distiende la relación con el FMI
Por lo pronto la Bolsa de Valores, que el martes se desplomó antes de que se anunciara la creación del «sindicato de bancos», ayer revirtió fuertemente la tendencia, aunque la divisa norteamericana actuó en tendencia inversa, aunque en escaso ritmo.
El cuadro es complejo. Kirchner habló el martes en un mitin popular en San Nicolás, donde la embistió contra el FMI, responsabilizándolo en parte por la pesada deuda externa que está en el centro de la política económica y externa.
Antes, el G7 (los países más poderosos, económicamente) envió un duro mensaje a la Argentina para que «negocie de buena fe», es decir, que no dilate una negociación seria con los tenedores de bonos que se mueven incluso en el plano judicial.
Por caso, uno de los llamados «fondos buitres», logró inhibir propiedades diplomáticas argentinas en los EEUU. No es una situación horrible, aunque sí una nueva forma de hostigamiento que genera inquietud en particulares con intereses en el país del norte.
Aquel mensaje del G7 precipitó un viaje del ministro de Economía, Roberto Lavagna, tras el cual mantuvo un largo encuentro con el titular del FMI, Horst Köheler. Va de suyo que el anuncio de que se creó el «sindicato de bancos» es uno de los resultados del encuentro.
El factor «tiempo»
Pero hay que ser precisos. Primero, un contrato tan complejo como otorgarle a los tres bancos (Barclays Capital, inglés: Unión de Bancos Suizos y el norteamericano Merril Lynch) el manejo de la negociación, no se improvisa en horas y segundos, a Lavagna se le «cayeron» muchos bancos que no quisieron (¿por inviable?) el negocio: los tres cobrarán unos 800 millones de dólares, si todo sale bien.
La Unión de Bancos Suizos y Merril Lynch estuvieron hasta el cogote metidas en el endeudamiento argentino. Es cierto que no en el último tramo cuando se venía la noche, pero sea porque otros no quisieron o porque no se quiso ahondar las diferencias con el Fondo, se optó por estas instituciones financieras que de todas maneras no tienen el camino expedito.
En el Parlamento hubo voces que proponían como operadores de la deuda a bancos locales del nivel del Nación o el Provincia de Buenos Aires, pero es probable que tendrían más dificultades que los designados que son de la confianza del Fondo. La creación del «sindicato» estaba demorada desde diciembre tanto por las razones apuntadas como por utilizar el tiempo como arma de negociación por parte del gobierno argentino. La lectura oficial no parece ser otra que no tenía más espacio para la demora del anuncio.
El gobierno cedió un instrumento como el tiempo: pensaba estirar la indefinición al menos hasta mediados de año y así el martes al regresar Lavagna de Miami se anunció lo del «sindicato».
Para el ex titular del Banco Central, David Blejer, actualmente funcionario de la banca británica y un conocedor de la interna del FMI, ya no deberían presentarse obstáculos para que esa institución financiera internacional apruebe la segunda lectura de su acuerdo con Argentina.
Es que de no ocurrir así, Kirchner no está dispuesto a pagar la letra por 3.100 millones de dólares que debe levantarse con el Fondo. Y si ese escenario posible, pero no el más probable, de todas maneras se concreta, habrá default además con el FMI.
La Argentina tiene con que enfrentar esa situación por su reserva en divisas (14 mil millones de dólares), la excelente marcha del comercio exterior con un superávit récord y la recuperación de la economía. Al FMI no le saldría gratis que Argentina no pudiera pagar su deuda.
Kirchner ha insistido (y hay que creerle) que no cederá en su propuesta a los tenedores de bonos de pagarles con una quita del 75%. Hasta ahora la respuesta ha sido agriamente negativa por parte de los acreedores pero si el trío que integra el «sindicato» aceptó negociar, es que tiene cartas para ofrecer.
Habrá que estar atento a ello. *
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