Profunda protesta contra el FMI y el ajuste
La huelga, según el líder camionero Hugo Moyano, superó el 91%, y aunque el ministro del Interior rebajó la adhesión al 60%, debió reconocer que fue ampliamente acatada por los trabajadores.
«Es un grito que surge de las entrañas del pueblo para que se modifique el modelo económico que mata a niños y hace sufrir a nuestros hermanos», subrayó Moyano que emerge otra vez como el principal referente del sindicalismo de origen peronista.
Tanto Moyano como Rodolfo Daer, de la otra CGT, se pronunciaron en favor de una urgente concertación de todos los actores económicos, políticos y de la Iglesia, salida para al menos, descomprimir la tensión acumulada en las últimas semanas, principalmente cuando el gobierno aplicó un duro ajuste en los salarios de un sector de trabajadores estatales y dispuso desregular las Obras Sociales que conducen los sindicatos, una medida reclamada por el capital privado que irritó a los gremialistas enrolados en la central que acompañó al gobierno en una discutida Ley Laboral.
Los porcentajes de acatamiento aceptados por el gobierno y las centrales obreras, muestran que ningún sector productivo, del transporte o los servicios quedó al margen de la protesta que en algunas provincias fue acompañada por movilizaciones particularmente en Neuquén.
Allí, entremezclándose con demandas locales de larga data, el paro alcanzó ribetes dramáticos al difundirse la muerte de una profesora en un accidente laboral días pasados. Nutridos grupos de manifestantes marcharon hasta el domicilio de una funcionaria educacional, «escrachándola», mientras otros, virtualmente saquearon uno de los edificios de la petrolera hispánica Repsol, que en los últimos días ha sido acusada de eludir sus obligaciones fiscales y vaciar a la antigua Yacimientos Petrolíferos Fiscales que absorbió en tiempos de Carlos Menem.
Voces de dureza
En los suburbios de esta ciudad y en el interior fueron detenidas personas que integraban piquetes de huelga, bajo cargos de atentar contra vehículos de transporte. El gobierno desempolvó disposiciones para enfriar las huelgas aprobadas por Menem, pero no consiguió que funcionara un sistema de emergencia de transportes para amortiguar la protesta.
O permitir que sectores opuestos al paro pudieran ir a trabajar. Según encuestas privadas, un 60% manifestó su reprobación al paro. Los sindicalistas lo contrastaron con la realidad de la masividad del ausentismo pero otros creen que sin intimidaciones, que adjudican a los piquetes, el presentismo hubiera sido mayor.
Son lecturas bizantinas; con una herencia muy dura, el gobierno sólo ofreció, por ahora, «sangre sudor y lágrimas», es decir, ajustes muy duros que aunque han sido explicados como inevitables, tienen la tónica de la economía ortodoxa, no el enfoque progresista que la Alianza prometió.
El ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, un economista ortodoxo, que algunos suponen como relevando en un futuro al actual titular de economía, José Luis Machinea, anticipó que «nos esperan años de esfuerzo y austeridad».
El Presidente de la Rúa reconoció el amplio impacto del paro, pero reiteró que «no sirve» y demandó el respeto a la voluntad popular que lo eligió para dar respuestas a la crisis heredada.
El ministro del Interior, al analizar políticamente lo ocurrido, convocó al diálogo con cada una de las centrales divididas, que imposibilitan un interlocutor común y un proyecto político alternativo viable.
De la Rúa viaja esta noche a los EEUU en visita oficial y además de conferenciar con Bill Clinton mantendrá encuentros con inversores y organismos financieros.
Desde Washington el subsecretario de Asuntos Hemisféricos, Peter Romero, anticipó, en declaraciones al diario «Clarín» un mensaje clave: «El gran desafío es tragar la medicina amarga con la esperanza de que los beneficios lleguen lo antes posible».
No es lo que aguardan los que ayer fueron a la huelga.
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