Corrupción y golpes de Estado en el Pacífico Sur
Michael Field – Suva, AFP
La corrupción endémica y la incompetencia de los gobiernos son los hilos conductores de los dos golpes de Estado que afectan actualmente al Pacífico sur, en las islas Fiji y las islas Salomón, donde la preservación de las culturas tradicionales no es más que una fachada.
En las islas Fiji todo comenzó el pasado 19 de mayo, cuando George Speight, un empresario arruinado, que apenas habla el fijiano, y varios hombres armados, tomaron como rehenes al primer ministro de origen indio, Mahendra Chaudhry, y a unos treinta legisladores, en el recinto del Parlamento en Suva.
Los golpistas declararon que actúan «en nombre de la población indígena», que se estima explotada por los indo-fijianos, que representan el 43% de la población y manejan por completo la economía del país.
En las islas Salomón, una guerra de guerrillas entre dos milicias étnicas rivales, que dura desde hace 18 meses, desembocó el lunes en el secuestro del primer ministro, Bartholomew Ulufaalu, por rebeldes de uno de estos movimientos, las Fuerzas del Aguila de Malaita (MEF)
Desde principios de 1999, la isla de Guadalcanal, donde se encuentra Honiara, es escenario de enfrentamientos entre dos facciones rivales, las MEF –autoras de la intentona golpista– y los Combatiente por la Libertad de Isatabu (IFF) –nombre original de la isla de Guadalcanal– que quieren expulsar a los propietarios de plantaciones, originarios de la isla vecina de Malaita.
Esta tentativa golpista se produjo tras varios meses de tensión y enfrentamientos entre las dos milicias étnicas que han dejado por lo menos medio centenar de muertos y obligado a 20.000 personas a huir de un país de 300.000 habitantes.
Ambos grupos han mantenido negociaciones, pero el diálogo se rompió la semana pasada. Si en las tentativas de golpe de Estado de las islas Fiji y Salomón los móviles parecen ser de orden étnico, éstos no son más que una fachada que disimula profundas divisiones y luchas por el poder en el seno de sociedades tradicionales.
En Fiji, por ejemplo, los melanesios, fijianos de origen, hablan la misma lengua y están agrupados en clanes, que tienen una larga historia conflictiva entre ellos y con la comunidad indo-fijiana que surgió de la colonización británica.
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