En medio de presiones por reestructura de la deuda argentina

FMI calificó de "constructiva" la reunión con Roberto Lavagna

«Fue un diálogo útil y constructivo para preparar el camino para la misión de la segunda revisión que está previsto comience en Buenos Aires la semana próxima», afirmó en un breve comunicado el portavoz del Fondo Monetario Internacional (FMI), Thomas Dawson, sin dar más detalles.

En Buenos Aires, el portavoz de la cartera de Hacienda, Armando Torres, utilizó los mismos términos al referirse al encuentro, de unas cinco horas, celebrado a puertas cerradas en un hotel de Miami.

La reunión incluyó un almuerzo de Lavagna y Koehler, acompañados por asesores y miembros de la cúpula del FMI, entre ellos la subdirectora general Anne Krueger.

El encuentro tuvo lugar en medio de presiones para que Argentina modifique su oferta de reestructuración de su deuda con acreedores privados por 81.000 millones de dólares, que contempla una reducción del 75% rechazada de plano por los acreedores.

El país se encuentra en mora con los acreedores privados desde diciembre de 2001.

Pero el objetivo oficial de la reunión Lavagna-Koehler fue preparar el camino a una segunda revisión del acuerdo de reprogramación de la deuda de 21.000 millones de dólares de Argentina con los organismos multilaterales de crédito.

El FMI llegó a un acuerdo con Argentina en setiembre pasado para reprogramarle el pago de vencimientos por 21.000 millones de dólares durante tres años.

Si bien la institución aprobó en enero la primera revisión del programa, observadores auguran dificultades en la segunda revisión si Argentina no avanza en sus negociaciones con acreedores privados.

La entrevista de Miami se celebró dos días después de una reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales de los siete países más industrializados (G7) en la vecina Boca Ratón (Florida).

El G7 instó en Boca Ratón a Argentina a establecer un «diálogo constructivo» con sus acreedores, es decir a mejorar sus ofertas de reembolso.

Buenos Aires respondió este fin de semana a las exigencias del G7 asegurando que el pago de la deuda externa no debe hacerse en perjuicio de la «deuda social interna» ni del «crecimiento económico y el desarrollo social» de Argentina.

El canciller Rafael Bielsa, en declaraciones el lunes en la prensa argentina, dijo que su país «no negocia de mala fe» con los acreedores de su abultada deuda externa y que lo que el gobierno pretende es lograr «un acuerdo sostenible» que pueda «honrar».

«Argentina no negocia de mala fe, está exteriorizando su precariedad», afirmó Bielsa.

El canciller entiende que Argentina tiene tres opciones posibles: hacer lo que siempre se le exigió y terminar con un estallido social como el de diciembre de 2001 (que terminó con 30 muertos y la renuncia del presidente Fernando de la Rúa), romper con el Fondo o pagar la deuda dentro de las posibilidades del país.

El último punto «es el que queremos y por el que estamos luchando», aseguró.

El presidente argentino Néstor Kirchner reiteró, antes de la reunión del G7 en Florida, que no había «ninguna posibilidad» de que su gobierno modifique su oferta sobre el reembolso de la deuda, cuyo peso no debe recaer sobre «las espaldas del pueblo argentino». *

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