Un año después del accidente del Columbia, la NASA mira al futuro
Desde el accidente, «pasamos a la velocidad máxima», declaró el jueves el director de la NASA, Sean O’Keefe, consultado sobre los efectos de la tragedia. El nuevo programa espacial anunciado por George W. Bush «resolvió la cuestión de saber si (la NASA) tiene una dirección y un objetivo», agregó.
El sábado 1º de febrero de 2003, a primera hora de la mañana, las familias de siete astronautas se encontraban en el edificio que se erige al borde de la pista de aterrizaje del trasbordador, en el centro espacial Kennedy, cerca de Cabo Cañaveral (Florida, sudeste).
Pero hacia las 09H00, cuando se debía escuchar el estruendo que anunciaba el arribo inminente de la nave espacial, una lluvia de metal incandescente se desplomó sobre una parte de Texas y Luisiana (sur).
La nave, incendiada debido al aire caliente de 1.100 grados, fue pulverizada en las capas superiores de la atmósfera, delante de las cámaras de videoaficionados que grababan, sin entender, el paso de decenas de estrellas fugaces sobre el fondo del cielo azul. Dos días después del accidente, el Congreso formó una comisión investigadora para descubrir la causa de la tragedia, examinar los métodos operativos de la NASA y establecer las responsabilidades.
Dirigida por el almirante retirado Hal Gehman, la comisión publicó siete meses más tarde un informe devastador para la NASA, que pormenorizaba sus errores y la erosión de los procedimientos de seguridad desde el accidente anterior, la explosión del Challenger durante su despegue en 1986.
El desastre del Columbia, señaló el informe, se debió a una clara falla técnica, pero también a una serie de fallas decisivas en la dirección de la NASA y su aparato de toma de decisiones.
La causa directa del accidente fue una fisura en las cerámi- cas que protegían la nave del calor extremo que debía soportar a su regreso a la Tierra, cuando pasara por la atmósfera. La grieta se abrió durante el despegue, cuando un trozo de material aislante del tanque de combustible se desprendió e impactó el ala izquierda de la nave, causando su avería.
Durante la misión del Columbia, en órbita durante 16 días, los más altos responsables de la NASA tampoco tuvieron en cuenta una serie de mensajes alarmistas de técnicos que solicitaban la inspección visual de la nave antes de su regreso a la Tierra.
La puesta en entredicho de la «cultura NASA» se trasladó al Congreso, donde los legisladores exigieron una nueva definición de la política espacial norteamericana como primer paso a una reanudación de los vuelos.
La respuesta del presidente Bush fue decidir la desactivación de los trasbordadores para el año 2010, y anunciar grandes proyectos de viajes interplanetarios. *
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