Palestinos pagan las consecuencias
Christian Chaise – Jerusalén, AFP
«La verdad es que el gobierno (israelí) está debilitado, y no tiene ninguna autoridad para tomar decisiones a nivel nacional que pudieran afectar al porvenir de lo que ellos llaman ‘Eretz Israel’ (Israel más Cisjordania y la banda de Gaza)», aseguró a la AFP un analista palestino, Zakaria al-Qaq.
La crisis política que vive Israel se desencadenó cuando tres partidos de la coalición gubernamental, el potente partido ultraortodoxo Shass, y dos partidos de derecha, unieron sus votos a los de la oposición para votar un proyecto de ley para la convocatoria de elecciones anticipadas.
Otras tres votaciones serán necesarias para disolver la Knesset (Parlamento), aunque teniendo en cuenta los precedentes, un proceso como el iniciado acabó siempre en elecciones anticipadas.
A pocos días de la reanudación el lunes, en la región de Washington, de las negociaciones israelo-palestinas, a las que seguirá el miércoles una cumbre entre Bill Clinton y el presidente de la Autoridad palestina, Yasser Arafat, uno de los negociadores palestinos, Saeb Erakat, calificó esta crisis de asunto «interno» de Israel.
Pero Erakat mostró cierta inquietud, recordando que «cada vez que esas situaciones internas se producen, asistimos a retractaciones respecto a los acuerdos firmados, a violaciones del proceso de paz y del principio de las resoluciones 242 y 338 de la ONU» sobre la evacuación de los territorios ocupados por Israel desde 1967.
Tras el voto de Knesset, el ministro israelí de Seguridad interior, Shlomo Ben Ami, que dirigirá la delegación israelí en Washington, se apresuró a declarar que Barak está «decidido a sacar adelante el proceso de paz».
El primer ministro trató a continuación de minimizar el impacto de esta crisis sobre las negociaciones, declarando a la televisión, por un lado, que no habrá elecciones anticipadas, y por otro, que en caso de que las haya, serán después de un referéndum por el cual los israelíes ratificarán todo acuerdo concluido con los palestinos.
Pero el problema, explicó Al Qaq, codirector del Centro Israelo-Palestino de Investigación e Información (IPCRI), cuya sede está en Belén (Cisjordania), es que un acuerdo es difícilmente concebible, teniendo en cuenta la frágil posición de Barak.
El primer ministro, estimó, «está debilitado, sea cual sea el resultado de la crisis» y «no está en disposición de tomar decisiones serias respecto a palestinos y sirios».
Desde el punto de vista de los dirigentes palestinos, prosiguió Al Qaq, la crisis constituye un problema político mayor, «ya que las conversaciones son rehenes de la política interior» israelí.
Sin embargo, el tiempo apremia, puesto que israelíes y palestinos tienen en teoría hasta el 13 setiembre para alcanzar una solución definitiva a su conflicto.
Según los resultados de las negociaciones de la próxima semana y de la reunión Clinton-Arafat, la Casa Blanca decidirá la celebración de una cumbre tripartita con la participación de Barak, para alcanzar un acuerdo marco definitivo que fije las grandes líneas de la solución final.
Antes incluso del revés político sufrido, Barak impuso con muchas dificultades a algunos de sus aliados la menor concesión territorial a los palestinos, como, por ejemplo, la transferencia de tres localidades árabes cercanas a Jerusalén este.
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