El accionar de kamikazes deja varios muertos

Bombas en Kabul y Bagdad

Al amanecer, un kamikaze al volante de una ambulancia con la insignia de la Media Luna Roja se inmoló contra el hotel Shahine, en el barrio bagdadí de Karrada, y detonó una carga de 300 kilogramos de explosivos, dijo un portavoz del ejército estadounidense.

En el hotel funciona el Ministerio de Trabajo iraquí y en su interior se encontraba el titular de esa cartera, Sami Azara Al Majun, quien resultó ileso.

El portavoz dijo que los muertos son cinco iraquíes, un sudafricano y el conductor suicida. Entre las decenas de heridos hay un británico.

El hotel está ubicado en las inmediaciones de la embajada de Polonia, país a cargo del comando de las tropas de ocupación en el centro-sur de Irak. El atentado destruyó un puesto policial encargado de la vigilancia de la embajada polaca en Bagdad.

En el atentado el kamikaze utilizó una camioneta blanca con la inscripción de la Media Luna Roja que esquivó las vallas de seguridad y se incrustó contra la entrada del hotel.

«El hotel quedó irreconocible», dijo una diplomática estadounidense a periodistas.

Desde Johannesburgo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Sudáfrica comunicó que un sudafricano murió y otros cuatro resultaron heridos en el atentado: al parecer todos eran empleados de una empresa de vigilancia.

«Vimos a un vehículo dirigirse hacia el hotel y disparamos sin poder detenerlo. Luego explotó. El ministro estaba rezando y salió ileso», contó Udai Nuri, un guardaespaldas del titular de la cartera de trabajo del consejo de gobierno provisorio iraquí.

A raíz de la explosión, decenas de personas tuvieron que dejar sus habitaciones rápidamente. Muchos bajaron en pijamas a la calle, otros desnudos y con sus valijas en mano.

En Afganistán, paralelamente, los talibán, derrocados en diciembre de 2001 del poder a raíz de la invasión de Estados Unidos, utilizaron el modelo de la resistencia iraquí para cometer un ataque suicida que mató a un soldado británico de la Fuerza de Estabilización multinacional (ISAF).

El atentado ocurrió en la ruta que une Kabul con Jalalabad (sudeste del país) donde se encuentra el cuartel general de la ISAF, presente en la capital afgana con 5.700 hombres

Un taxi con una bomba a bordo impactó contra dos vehículos de transporte de soldados causando la muerte del británico y heridas a otros tres militares.

«Este es solamente el inicio. Habrá muchos atentados más de este tipo. Centenares de nuestros hombres están listos», dijo a la prensa local a través de un teléfono satelital Abdul Latif Hakim, un dirigente del depuesto régimen talibán, que gobernó Afganistán desde 1996 hasta 2001.

Los talibán también asumieron la responsabilidad de un atentado de un kamikaze que actuó con un cinturón de explosivos y que mató a un soldado canadiense de la Isaf en Kabul, el martes, en declaraciones hechas al diario paquistaní The News por parte de dos dirigentes del ex régimen que condujo el nunca capturado mullah Mohammed Omar.

En lo que analistas consideran una nueva avanzada de los estudiantes de teología coránica, el objetivo talibán es impedir la estabilidad del gobierno impuesto tras la invasión estadounidense, a cargo del presidente Hamid Karzai.

Organizaciones humanitarias suspendieron las actividades en gran parte de Afganistán desde el martes y Washington por primera vez expresó dudas sobre la posibilidad de convocar a elecciones antes de junio.

Karzai, que apenas ha firmado la Constitución del post-talibán tras la realización de una Loya Jirga (asamblea de consejos tribales), insistió en que «los ataques no amenazan la estabilidad en Afganistán».

El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, afirmó hoy en Bruselas que este atentado que mató al soldado de la ISAF, liderada por la alianza atlántica, «no impedirá que se siga ayudando al pueblo afgano a construir un país seguro y un futuro mejor». *

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