Kirchner a España y una agenda con grandes empresarios

Argentina: cuando el default con el FMI no es imposible

Los acólitos del presidente, que son más en el siempre complicado universo del peronismo, imaginan que la falta de oposición es consecuencia de lo exitoso de su gestión: «No hay a qué oponerse», imaginan la carencia que como alternativa superadora ahora sin duda ofrecen los partidos.

No hay que confundir deseos con realidad: el movimiento piquetero no es retador para desconocer y mañana harán un mitin de fuste. Sea por izquierda, progresismo o derecha, a partidos que se niegan a encolumnarse detrás de Kirchner, resguardando, razonablemente su propia identidad, el tiempo puede darles una oportunidad.

Hay cosas indudables, como un clima de autoestima en sectores de la sociedad. La temporada veraniega es un testimonio, pero si se cree que esa es toda la gente, se caerá en un nuevo fracaso. Es una minoría, aunque más amplia que en el pasado inmediato, la que se anima (porque puede) a gastar y reavivar el mercado interno.

Hay más que el crecimiento superior al 8% del PBI del 2003. El gobierno ha encontrado auxilio en los precios internacionales tanto en los productos de exportación como en los de importación. Los términos de intercambio, esa obsesión añeja de los países en vías de desarrollo, que el economista de la Cepal, Raúl Prebisch, le dio categoría de ciencia, exhibió un superávit en el 2003, el nivel más elevado que se registra desde el año 1993.

Aunque el Estado no recurre al mercado financiero mundial, sí lo hace el sector privado concentrado, porque el nivel actual de las tasas de interés internacionales es el más bajo de las últimas décadas y no se aguardan modificaciones hasta después de las elecciones presidenciales de noviembre, en EEUU, claro.

No es poca cosa que Brasil, el principal socio comercial, crezca el 2004 el 4%, contribuyendo a incrementar exportaciones.

El FMI quiere más plata para la deuda

Ante este cuadro de la macroeconomía, muy lejos de la suerte real de millones de desocupados, marginados o pobres, es que el G7 se siente con autoridad y envió un mensaje al gobierno para resolver los temas vinculados con la negociación de la deuda en default y con las tarifas de las empresas privatizadas. No falta aclararlo: el Fondo canaliza esos reclamos.

A ello se sumó la prevención norteamericana por la política externa, que está visto, quedaron en parte, y provisoriamente, disipadas en el encuentro Kirchner-Bush en Monterrey. Esta atmósfera menos cargada es la que ha llevado a decir al jefe de la política hacia Latinoamérica, Roger Noriega, que el presidente es un «buen socio», sin precisar en qué asuntos.

Hay que distinguir diplomacia de conceptos de fondo. Noriega usó este atajo para «disculparse» con el presidente, que ni siquiera lo saludó en la reunión de México porque estaba sangrando las heridas por los dardos lanzados por el funcionario yanqui por la política externa de este país.

También hay que diferenciar el deseo de Kirchner de mantener las mejores relaciones con el coloso del norte con la posibilidad de que más diferencias, no solamente coyunturales, reaparezcan siempre. Sería una ingenuidad que la diplomacia tomara al pie de la letra las palabras de Noriega. EEUU tiene objetivos estratégicos, que ya se ha visto, no deja de lado. Si el año electoral favorece una menor presión de Washington por esas metas, no es nada más que coyuntura. ALCA y presencia militar en el hinterland sudamericano están entre esos deseos.

Como nada es lineal, simultáneamente hubo otros mensajes. Uno, el de la representante norteamericana en el FMI, Anne Krüeger, reivindicando las políticas neoliberales de los 90, que equivale a decir que siguen reclamando del gobierno más plata para el pago de la deuda, privilegias demandas de las grandes corporaciones. El otro llegó de la Secretaría del Tesoro, bien directo en lo referente a la deuda.

Este asunto podrá tener antes de fines de mes alguna novedad del juez Thomas Griesa, de Nueva York. Debe decidir reclamos de «fondos buitres» para que se les autorice embargar bienes argentinos. Como éstos no están a mano, el caso es que los abogados de estos acreedores pueden poner sus garfios sobre el dinero que eventualmente Argentina remita para pagarle al FMI. Está instalado un interrogante: ¿tiene el Fondo privilegios sobre el resto de los acreedores? Veremos qué dice el juez.

Qué es ser socio de Washington

Sigamos. Disipadas las disputas políticas con algunas señales, como suspensión del viaje presidencial a La Habana, precisar el límite de respaldo a Evo Morales, despejar la intención de integrar un eje antinorteamericano con Chávez y Castro, que ni Kirchner ni Lula motorizan (lo que no implica acuerdos de resistencia, sobre todo respecto del ALCA y contra la instalación en la Triple Frontera de una fuerza norteamericana de despliegue rápido), le toca ahora a Bush definir su posición concreta dentro del FMI sobre Argentina. Esta carta es la que juega el gobierno.

El eje central del conflicto pasó a ser cómo interpretar los compromisos que surgen del punto 8 de la carta de intención firmada con el FMI, en la que se reclama que el superávit primario en los años 2005 y 2006 permita cubrir «los pagos netos de la deuda». Es decir, que sea mayor al 3% del PBI destinado para este año. El presidente dice que no con insistencia, y que tampoco se mueve de la quita del 75%.

Por eso, algunos analistas suponen que se va rumbo hacia una colisión, que no es la hipótesis del ministro de Economía, Roberto Lavagna. Si fuera conflictivo, y la Argentina no le paga al FMI sus vencimientos de marzo por más de 3.100 millones de dólares, ello implicaría generalizar el default con los organismos financieros internacionales.

Y el discurso del presidente Kirchner está orientado a un planteo de negociación de «tome o déjelo», actitud que le ha dado resultados en el pasado reciente con el Fondo.

El default y la fortaleza actual

¿Cuáles serían las consecuencias para la Argentina si los hechos conducen finalmente al default con el FMI? En el pasado, la cesación de pagos con el FMI provocaba una importante fuga de capitales, pero actualmente la Argentina está en mejores condiciones de digerir en el corto plazo esa salida. Por estar un poco más saludable, es que le exigen más dinero para los acreedores, y no les importa si la gente sigue con penurias.

En el 2003, el superávit comercial fue de 15.500 millones de dólares (12.5% del PBI), que, en un contexto de default, permitió financiar una salida de capitales privados de 6.000 millones de dólares (en el 2002, esa fuga de capitales fue de 14.500 millones) así como un aumento en las reservas internacionales del Banco Central de 3.643 millones de dólares.

Para el 2004, se estima que seguirá siendo muy elevado el superávit comercial externo (casi 14.000 millones de dólares), a pesar de que se espera un fuerte aumento de las importaciones asociado con la reactivación económica. Ello se va a manifestar, tal como ocurrió en el 2003, en un flujo de dólares suficiente como para financiar importantes salidas de capitales sin afectar el tipo de cambio.

En consecuencia, entrar en default con el FMI no tiene en el actual contexto de fuerte superávit comercial externo las mismas consecuencias que solían tener en el pasado. Más aun: no hay que descartar la hipótesis de que en el corto plazo, aun en ese escenario, se siga apreciando el peso y la economía continúe creciendo.

Esto vale la pena conocerlo para comprender mejor la actitud de negociar desde otra posición que en el pasado tiene Kirchner. Sin duda que un default con el FMI tendría repercusiones, pero no en lo inmediato, en la marcha de la economía. ¿Está dispuesto el presidente a llega
r a ese escenario? Por lo pronto, Lavagna no lo tiene en sus planes.

De la Rúa (y Menem) con barbas en remojo

En una semana de fuerte contenido económico como la que se inicia, el presidente vuela a España. Es la segunda ocasión que estará en ese país; en la primera, tuvo altercados muy ruidosos con los empresarios ibéricos, por eso de que se le permita aumentar las tarifas a su criterio y que el gobierno ha logrado, hasta ahora, sortear.

La visita tiene un aspecto formal como participar en una feria sobre el turismo, pese a que el rubro es ahora un interesante componente del PBI. Kirchner estará con un jefe de gobierno que se va, José María Aznar, el leal aliado de Bush. Y con un fantasma: la nueva dureza de las autoridades con los argentinos sin papeles en regla en España.

Aznar no callará los reclamos de las compañías privatizadas, aunque éstas han bajado algo el tono porque ya ganan plata. Kirchner hablará con todos separadamente, junto con el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, que atiende todo lo referido al sector. No es un dato menor que Lavagna no sea de la partida. De Vido es considerado un «duro».

Kirchner envió días atrás un fuerte mensaje que impactó en la gerenciadora de las aguas corrientes: si no invierten, se les quitará la concesión. Sus palabras iban también dirigidas a Madrid, pero los analistas suponen que no va a una pelea, para ello no viajaría. Será una negociación compleja, porque aumentos sin discriminar pueden rebanarle al presidente parte del consenso popular. Pero requiere inversiones energéticas y otras que acompañen el despegue productivo.

Carlos Menem ha vuelto a sacar, no mucho, su cabeza, con palabras dignas de Krüeger, la mujer del látigo del Fondo. Pocos le prestan atención, aunque sus críticas tiendan a abrir un paraguas.

La decisión del juez federal Rodolfo Canicoba Corral de procesar a cuatro implicados en el sonado affaire del Senado Nacional, que en el 2000 aprobó la ley de reforma laboral con el pago de coimas, se basa en contundentes indicios y afianza el camino contra la impunidad.

El caso llevará más temprano que tarde al ex presidente Fernando de la Rúa a que sea imputado. Era imposible la operación sin su consentimiento.

No sería el único mandatario en ser encartado en asuntos de cohecho. Menem lo presiente, y se hace oír. Una curiosidad: ¿ahora que su amigo Bush ha decidido quitarle la visa a los corruptos, qué harán con el ex mandatario, que cubrió casi toda la década del 90 y fue su aliado incondicional, en todo?

Un test para un presidente que va por su reelección. *

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