La UE retoma conversaciones sobre Constitución tras fracaso de diciembre

Los cancilleres de la Unión Europea (UE) retomarán el lunes los debates sobre el texto de la futura Constitución del continente después de que los mandatarios europeos fracasaran en su intento de llegar a un acuerdo el pasado diciembre. El ministro irlandés, Brian Cowen, cuyo país preside la UE desde enero, dará cuenta a sus homólogos de las reuniones mantenidas por su primer ministro, Bertie Ahern, presidente en ejercicio de la UE, durante este mes con sus pares europeos.

«Las divergencias de diciembre todavía están ahí» y la presidencia irlandesa «evitará toda presión o buscar cualquier tipo de avance prematuro», ya que por el momento quiere «generar confianza» entre los europeos tras el fracaso de fin de año para poder llegar a un acuerdo, explicó este viernes una fuente presidencial en Bruselas. Se trata de hacer uso de la «psicología», añadió, primer paso de un lento proceso para buscar un posible acuerdo, ya que no ocurrirá antes de abril.

De momento, el encargo que dieron los mandatarios de los 25 países de la UE (en mayo se incorporarán 10 nuevos) a la presidencia es que en la cumbre de finales de marzo presente un informe de las distintas posiciones y la gama de posibilidades de acuerdo existentes, varias de las cuales ya barajó el anterior presidente de la UE, el italiano Silvio Berlusconi, en la fracasada cumbre del 13 de diciembre.

A partir de entonces, dependerá de la disposición de los países, por lo que los irlandeses quieren «presionar a los demás países para que trabajen» en favor de una solución, según las fuentes.

Pero apenas empiece, este difícil debate se topará con la ceremonia de la ampliación de la UE del 1 de mayo y la entrada real de 10 nuevos países en las instituciones europeas y en junio con las elecciones del Parlamento Europeo, y ya bajo la presidencia de Holanda, a partir de julio, con el cambio de Comisión Europea en octubre.

Este apretado calendario hace que los irlandeses quieran «evitar expectativas de acuerdo» en la primera mitad del año, aunque la proximidad del debate sobre el presupuesto europeo del período 2007–2013, que debe comenzar este año, alienta por otra parte a varios países a buscar primero una solución a la Constitución.

Las diferencias entre los europeos sobre la reforma de las instituciones –Consejo, Comisión y Parlamento– impidieron un acuerdo sobre el texto de la primera carta magna europea en diciembre. La futura Constitución, que englobará los tratados europeos anteriores y pretende avanzar en el proceso de integración de la UE y a la vez simplificar su funcionamiento ante la entrada de nuevos miembros, se negoció sobre la base de un proyecto sobre el que no todos están de acuerdo.

España y Polonia se opusieron a la reforma que planteaba el borrador del modo de votación por mayoría en el Consejo, ya que estiman que el último método adoptado, el del tratado de Niza, que entrará en vigor en noviembre, les da más peso en la toma de decisiones.

Frente a ellos, Francia y Alemania principalmente defienden el proyecto sobre la mesa, que propone una votación por doble mayoría de países y población.

En las últimas semanas, Madrid y Varsovia se han declarado abiertos a encontrar una solución siempre que les convenga, y la semana pasada, los cancilleres de Polonia, Francia y Alemania reconocieron que «queda una oportunidad que deberíamos aprovechar». Por su parte el papa Juan Pablo II insiste para que Europa defienda sus raíces cristianas en la nueva Constitución. El proyecto de Carta Magna para Europa unida que fue discutido por los jefes de gobierno y de estado en la última cumbre omite toda referencia a las raíces cristianas o sobre la contribución del cristianismo a su patrimonio ético.

«Es indispensable que la Europa de hoy salvaguarde su patrimonio de valores y reconozca que fue sobre todo el cristianismo la fuerza capaz de promoverlos, conciliarlos y consolidarlos», afirmó el Pontífice. Italia junto a España, Polonia, Irlanda, Malta, Portugal, República Checa y Eslovaquia, además del Vaticano, desde hace tiempo reclaman una referencia concreta al cristianismo en el preámbulo de la nueva Carta Magna. «Para la unidad de Europa, agregó Juan Pablo II, revisten gran importancia las estructuras sociales, políticas y económicas, pero no se deben descuidar para nada los aspectos humanistas y espirituales». *

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