En la ruta de la campaña de Howard Dean

Su periplo electoral es una verdadera maratón: comienza en la madrugada con panqueques y no termina antes de la medianoche, tras largas horas en autobuses, reuniones electorales o visitas a restaurantes.

Los aspirantes a la candidatura presidencial demócrata cumplían este domingo una frenética agenda en un esfuerzo de última hora por conseguir un resultado favorable en el caucus de Iowa del lunes, que inicia la carrera para definir el adversario de George Bush en las elecciones de noviembre.

Para la prensa es el mismo espectáculo una y otra vez, cuatro y hasta cinco veces por día. Siempre la misma puesta en escena, el mismo discurso y las mismas bromas casi sin cambios.

Todo suele comenzar con panqueques estadounidenses de desayuno, un rito de campaña aparentemente sagrado.

Howard Dean, precandidato favorito por el Partido Demócrata, no se saltea la tradición. Con un delantal prolijamente puesto, sirve los panqueques a los comensales que esperan pacientemente su turno, mientras les habla de sus ideas políticas.

Luego se sientan a la mesa en este hotel de Ottumwa, pequeña localidad sureña de Iowa, donde esperan que el ex gobernador de Vermont se les acerque para hablarles.

Yvonne, la propietaria del local, alquila su panquequería a la campaña de Dean por algunos días. «Soy apolítica. También preparo panqueques para los republicanos», dice.

Otra de las tradiciones de las giras electorales por el «Mediooeste» es una parada obligatoria en un «Dairy Queen», donde Dean se detiene, saluda a los presentes, compra un helado y sigue camino.

Howard Dean fue durante meses el favorito de las encuestas para el caucus de Iowa, pero viene perdiendo fuerza en los últimos días.

La información fue conocida mientras el gobernador y su estado mayor se encontraban en su autobús de campaña, seguido por un ejército de periodistas en otros dos autobuses que buscaban una reacción. Howard Dean se mantenía inaccesible.

Tras 24 horas de quejas de los medios y de pedidos a sus asesores de prensa, todo cambió.

El viernes, a primera hora de la tarde, la caravana se detuvo en una pequeña localidad. Un cuarto de hora más tarde, Dean desembarcó del autobús con un bolso lleno de sandwiches para el almuerzo de los periodistas. *

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