Hoy la pena de muerte es cada día más popular en Asia
Los viernes por la mañana son el momento elegido para las ejecuciones en uno de los países más seguros de Asia, donde, según Amnistía Internacional, se batió el récord de ejecuciones de condenados a muerte por habitante: 408 ahorcados desde 1991.
Los países vecinos envidian la tolerancia cero de Singapur con el crimen, lo cual les lleva a aplicar sin ningún remordimiento la pena de muerte.
Actualmente, Filipinas se dispone a reanudar las ejecuciones y China ostenta un récord mundial de condenados a muerte, un fenómeno en alza en todo el continente.
«En un momento en que los gobiernos de otras regiones del mundo toman sus distancias con la pena de muerte, asistimos a un alza sustancial de su aplicación en Asia», explica Ingrid Massage, responsable local de Amnistía Internacional.
La portavoz explica este fenómeno por un aumento de los crímenes y del miedo generado por el terrorismo y la guerra contra él que llevan a cabo los gobiernos.
Singapur es el número uno en términos relativos pero China sigue siendo la campeona del mundo indiscutible en número de ejecuciones. Las cifras son oficialmente secretas, pero según Amnistía Internacional, al menos 1.060 personas fueron ejecutadas en 2002, frente a 2.468 un año antes. Se teme que el cómputo real sea todavía más grave.
«China es un caso aparte. Sus cifras lo superan todo», resume Massage.
En Vietnam, la pena de muerte también está en alza ya que al menos 62 personas fueron ejecutadas el año pasado, el doble que el año precedente, sobre todo por delitos de asesinato y tráfico de drogas.
En Filipinas, país de mayoría católica, se decidió el mes pasado levantar una moratoria de cuatro años y se previeron dos ejecuciones para el próximo 30 de enero. La decisión fue tomada por la presidenta Gloria Arroyo con el fin de luchar contra una ola de secuestros que alimenta un sentimiento de inseguridad a pocos meses de las elecciones presidenciales de mayo.
En Japón, un total de 43 personas fueron ejecutadas en el país desde que se levantó la moratoria en 1993.
La misma presión para aplicar la pena capital se siente en Indonesia, tras los atentados de Bali de octubre del 2002. La última ejecución en el país se remonta a 2001 y fue la primera en seis años.
Bangladesh llevó a cabo en julio pasado sus primeras ejecuciones de los últimos dos años y en India fueron pronunciadas un centenar de condenas a muerte aunque las ejecuciones no superan las tres o cuatro por año.
La pena de muerte también existe en Pakistán, donde 403 personas fueron condenadas a muerte el año pasado y ya hubo seis ejecuciones.
Tailandia recurre también regularmente a la pena capital y el gobierno parece no tener miedo a publicar las cifras. Entre 1935 y el año pasado, 323 prisioneros fueron fusilados y cuatro fueron ejecutados con inyecciones letales. *
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