Democratizar la globalización y globalizar la democracia
Al mismo tiempo que la democracia se ha difundido más ampliamente en el mundo que nunca antes el descontento con ella está creciendo. Millones de personas están sintiendo que son dejadas de lado en la toma de decisiones y existe un creciente sentimiento de que las fuerzas y los acontecimientos que modelan nuestras vidas están más allá del control democrático.
El actual proceso de globalización es incompleto, desigual y se caracteriza por un déficit en el ejercicio democrático del poder.
Algunos países en desarrollo han optado por la integración en la economía mundial a través de estrategias industriales inspiradas en historias de éxitos en el Este de Asia. Pero una reproducción de éstos es imposible o al menos muy difícil. Las estrategias basadas en el trabajo barato y en zonas de libre comercio ofrecen algunos puestos de trabajo pero no mucho más. Los ingresos por impuestos son nulos y los vínculos con la economía local son raros.
No es posible hacer que las agujas del reloj caminen hacia atrás y volver a las economías locales del pasado, pero es posible dirigir a las fuerzas del mercado de tal modo que produzcan resultados más deseables. Sólo los fundamentalistas ideológicos no admiten que los mercados a los que se deja actuar solos producen efectos sociales dañinos.
Cuando hablamos de la globalización de la economía nos referimos principalmente a la interacción entre agentes económicos formales como las empresas, los gobiernos, las instituciones financieras multilaterales, etcétera. Sin embargo, la mayoría de la gente vive fuera o en los márgenes de esta economía formal. En muchos países en desarrollo el sector de la economía formal constituye una minúscula parte de la sociedad, la mayoría de la cual ha sido dejada fuera del proceso de globalización o experimenta sólo sus efectos negativos. La mayor parte de la población mundial carece de la protección de la ley o de seguridad social, que están en lo esencial limitadas a los países industrializados.
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo informal representa más de la mitad del empleo urbano en la mayoría de los países en desarrollo. Si también consideramos la agricultura de subsistencia como trabajo informal, las cifras se hacen mayores aún. Según la OIT bastante más del 90% de la fuerza de trabajo agrícola de México y de India es informal.
El mejor medio para combatir la informalidad, la pobreza o el trabajo infantil es el de crear trabajo decente y diseñar estrategias a favor del crecimiento. Pero debe haber alguna reestructuración del sistema económico global de modo que los países menos desarrollados también tengan una oportunidad de conseguir éxitos en la cada vez más intensa competencia mundial.
Un aspecto de la globalización es la creciente capacidad de actores de la sociedad civil en todo el mundo para interactuar unos con los otros. Algunas organizaciones de la sociedad civil están tratando de enfatizar el derecho de las diferentes comunidades de preservar su identidad y sus modos de vida. La extensión de la economía de mercado amenaza inevitablemente la preservación de los valores sociales, culturales y económicos de muchas sociedades, especialmente las de los indígenas. ¿No debería la verdadera democracia significar que también tenemos espacio en nuestro mundo para quienes desean vivir en sociedades tradicionales?
Pero no debemos hacer romanticismo en este tema. Mucha gente quiere mudarse a las ciudades y dejar sus sociedades tradicionales para ser parte de una sociedad globalizada. Otros no desean tal cosa. La democracia debería significar que la gente puede influir sobre los cambios que están teniendo lugar en su inmediata esfera de vida. La democracia no puede funcionar eficientemente si la toma de decisiones se desplaza cada vez más allá de la gente, negándole la oportunidad de influir sobre sus propias vidas.
(Cuando hablamos de democracia, deberíamos hablar no sólo acerca de derechos civiles sino también de acceso democrático a los recursos, es decir a la instrucción, a la tecnología, a los recursos naturales, a la tierra y al agua. Si las fuerzas del mercado se dejan fuera de control, los medios de sustento de muchas personas serán puestos en peligro.)
Es necesario ampliar el espacio de las iniciativas y soluciones locales como un medio para limitar los efectos negativos de la globalización. Pero esto se puede hacer eficazmente sólo a través de apoyo y reglas multilaterales. Necesitamos una sociedad y políticas ambientales globales. Debemos preguntarnos cómo hacer para democratizar el ejercicio global del poder y como redistribuir los bienes globales. Las instituciones financieras mundiales necesitan ser más transparentes y democráticas, así como reconocer las desventajas y las limitaciones del neoliberalismo. Las soluciones globales deben ser complementadas con esfuerzos nacionales a favor de la democracia y de una más justa distribución de los ingresos.
El Proceso de Globalización y Democracia de Helsinki, iniciado por los gobiernos de Tanzania y Finlandia, tiene por fin desarrollar un diálogo transparente, inclusivo y participativo con todos los actores que correspondan para ir más profundamente hacia el enfrentamiento con los desafíos a los que antes me he referido.
Trataremos de dejar de lado viejos prejuicios y de movernos hacia delante. Uno de nuestros objetivos es lograr que las fuerzas que están detrás del Foro Social Mundial y del Foro Económico Mundial hablen unas con las otras a fin de examinar todo tipo de puntos de vista comunes en los candentes asuntos que tenemos por delante.
En el centro de este diálogo está la cuestión de cómo restaurar y reformar el ejercicio democrático del poder del proceso de globalización. *
(*) Erkki Tuomioja, ministro de Relaciones Exteriores de Finlandia. Exclusivo de IPS.
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