Su "negligencia criminal" fue la causa del asesinato de dos periodistas en Bagdad

Reporteros Sin Fronteras acusa al gobierno de Estados Unidos

La organización de periodistas reclama que se retomen en Washington las investigaciones, para responder a las auténticas preguntas que plantea este «error criminal» cometido por el ejército estadounidense, reservándose el derecho de continuar o emprender acciones legales contra los responsables de estos dos asesinatos. Esta acusación y este reclamo se basan en la «investigación en profundidad» realizada por el periodista francés Jean-Paul Mari (del semanario «Le Nouvel Observateur») -a instancias y para RSF-, que demuestra que -más grave que el disparo- hubo responsabilidad a «alto nivel’ por parte de quienes no prohibieron o impidieron que se disparara contra periodistas.

Una mentira de base

El informe de Jean – Paul Mari ha sido editado por RSF en un cuidado folleto (ilustrado por fotografías y diagramas), que presentado en Madrid (en la sede de la Asociación de la Prensa) y en otras capitales europeas. Se titula «Dos muertes y una mentira».

Tras recoger las declaraciones de algunos de los periodistas presentes el 8 de abril de 2003 en el Hotel «Palestina» y de otros periodistas, «embedded» (literalmente «encamados», es decir «encuadrados») en las fuerzas armadas estadounidenses, así como los testimonios de los militares directamente implicados en el ataque, el informe de RSF establece que, para empezar, las autoridades estadounidenses mintieron sobre las circunstancias del drama, asegurando que el disparo fue en «legítima defensa» (para responder a «disparos enemigos procedentes del hotel»).

Esta mentira, sistemáticamente mantenida hasta el nivel más algo del Estado norteamericano, es el fundamento de la exoneración del ejército estadounidense de cualquier atropello o error de juicio en el hecho, en un informe «final» de investigación, emitido cuatro meses después del ataque al hotel no por el Pentágono, en el ataque, además de la muerte de Couso y Protsyuk, hubo tres periodistas gravemente heridos. Ese informe sólo presenta una verdad parcial y -sostiene RSF- debe completarse para que -entonces si finalmente- se establezcan con claridad todas las responsabilidades.

«Las pruebas de la infamia»

El disparo alevoso fue efectuado desde un tanque ML Abrams exactamente a las 11.59 horas del martes 8 de abril de 2003. El tanque formaba parte de la Compañía Alpha (conocida por el mote autoimpuesto de «Asesinos» -sic-), del Cuarto Batallón del 64º Regimiento Blindado (A-64), de la 2º brigada de la 3ª División de Infantería (3 I. D.).

«Las pruebas de la infamia» no están, en éste caso, en niguna maleta, sino en las declaraciones de los propios militares implicados en el asunto.

Los testimonios del sargento Shawn Gibson (Jefe y artillero del tanque que efectuó el disparo) y el del superior inmediato, el capitán Philip Wolford (comandante de la Compañía Alpha, compuesta por 12 tanques Abrams), que autorizó el disparo, desmienten que el disparo de obús fuera una respuesta a disparos procedentes del hotel. Ambos militares afirmaron que los tanques situados en el puente Al-Jumhuriya sobre el Tigres (as 1740 metros en línea recta del balcón del 15º piso del hotel, cuya destrucción afectó a las habitaciones de dos pisos -1503 y 1403- en las que se encontraban Protsiuk y Couso), buscaban en realidad a un observador de artillería iraquí, al que intentaban neutralizar. (Estas declaraciones fueron hechas por ambos militares a periodistas que los entrevistaron días después del fatídico 8 de abril; un reportero del semanario francés «Le Nouvel Observateur» en el caso del Capitán. Wolford y la periodista Pascale Bourgeaux, de la Radio-Televisión Belga, en el de Gibson).

Frente a la evidencia de los hechos (las declaraciones de Wolford y Gibson fueron ampliamente publicitadas), el informe «final» del ejército estadounidense, hecho público el pasado 12 de agosto, afina su versión: substituye «disparos directos» por la presencia en el techo del hotel de un equipo iraquí de «cazadores-asesinos», que justificaría -una vez más- «la legítima defensa». Esta nueva versión -en realidad- es otra formulación de la misma mentira: en el Hotel «Palestina» no había ni tiradores ni observadores de artillería iraquíes, sólo periodistas. (Los «guías» iraquíes -léase vigilantes- que acompañaban por imposición del Ministerio de Información iraquí, a los periodistas, habían ya huído al comprobar la caída de Bagdad).

La razón real: negligencia culpable

La administración yanqui, en realidad, silencia el elemento esencial que generó el drama. La investigación de RSF establece fehacientemente que los militares sobre el terreno no fueron nunca informados de la presencia masiva de periodistas en el Hotel «Palestina».

Esto implica una «negligencia criminal» por parte de «quienes no impidieron y propiciaron que al disparar contra el hotel se disparara contra los periodistas», señaló Fernando Castelló, periodista español Presidente internacional de «Reporteros sin Fronteras, en la presentación madrileña del informe de la investigación de la ONG de los periodistas.

En tanto que civiles – no combatientes, los periodistas están amparados por las normas internacionales sobre conflictos armados, en especial la Convención de Ginebra. Las muertes de Couso y de Protsiuk por un ataque directo del ejército estadounidense y las circunstancias en que se produjeron ponen en duda las intenciones de los mandos superiores y del Pentágono (Ministerio de Defensa yanki) de cumplir con su responsabilidad de proteger a los periodistas.

Tres niveles de responsabilidad

El informe de RSF declara expresamente que «el disparo contra el edificio (del hotel) no fue un disparo deliberado contra los periodistas o la prensa en Bagdad» (para intimidarla, silenciarla o evitar «testigos molestos», como en algún momento muchos pensaron). «Se trata -señala a continuación el informe – «de una negligencia criminal cuyas responsabilidades pueden establecerse a tres niveles»: el de los ejecutores materiales, el de los mandos superiores a escalón divisionario y el superior, el del gobierno estadounidense. *

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