Kirchner o el regreso a la tercera posición
Acaso hubiera sido menos intrigante que el Presidente hubiera explicado que aún no se llegó a un acuerdo con La Habana de cómo Cuba abordará el pago de su deuda con Argentina. Esta tiene sus orígenes cuando Juan Perón otorgó un voluminoso crédito para renovar el parque automotor cubano, medida que quebró el bloqueo impuesto por los EEUU.
Para Cuba se trató, aquel préstamo, de un hecho político y que desde ese ángulo deberían tratar las cuestiones técnicas para abordarlo. Temprano o tarde, aquí deberá aceptarse ese criterio, y valdrá mucho más, al igual que no respaldar a EEUU cuando pide sanciones contra Fidel Castro que un encuentro a corto plazo como lo convino, eso sí a referéndum, el canciller Rafael Bielsa en octubre cuando habló con el líder de la Revolución.
Pero, ya se sabe, Washington hizo saber antes de la Cumbre de Monterrey su disgusto por las relaciones argentino-cubanas, que aunque en el encuentro presidencial no hayan sido analizadas, tuvo el suficiente poder como para que se entienda que no olvidan cuando abordan otros asuntos vitales para Argentina como son sus relaciones con el FMI y con los acreedores externos, la mayor encrucijada de Kirchner fronteras afuera.
El Presidente cuida como la niña de sus ojos las relaciones con EEUU a condición de que no sea utilizado como «alfombra». Después de Brasil el objetivo estratégico principal, es una «relación madura» con USA lo que el Presidente intenta, aunque sepa que es como un trabajo de Hércules lograrla, sobre todo con la actual administración de George Bush, con metas imperiales indisimulables. Y con contradicciones que no están resueltas y que para EEUU, como se verá más adelante, tienen más envergadura que los temas políticos que estos días anduvieron en danza.
Pero no habrá confrontación sino negociación con el Gigante, con Brasil como aliado en un contexto que conviene subrayar porque amén de un año electoral donde la administración norteamericana privilegia la reelección de Bush para lograr ahora algunos objetivos que amasa desde hace tiempo (prorrogar no es olvidar), hay una situación regional interesante.
Un bloque de resistencia
¿Qué pasó en Monterrey? Reveló que en Sudamérica hay un bloque de resistencia a los EEUU aunque la diplomacia, excepto la franqueza de Hugo Chávez, pareciera diluir la afirmación.
Ese espacio tiene como centro a Brasil, la mayor economía de la región y más que ninguna amenazada por la exigencia de Washington de crear el ALCA; con su ala jacobina (Venezuela), el silencioso aporte de Paraguay y de la Comunidad Caribeña (Caricom) y su veta «moderada», Argentina, una pieza por la cual el Departamento de Estado estuvo dispuesto a arriesgar más de lo que la más elemental lucidez diplomática aconsejaba.
No actúa como eje orgánico sino de hecho, casi espontáneamente, que en Monterrey superó las presiones de la Casa Blanca y produjo cierto revés a los objetivos de Washington.
Objetivamente, este espacio conformado por gobiernos de diferente signo existe desde antes, pero el tiempo ha producido cambios como no permitir que se consume el objetivo estratégico norteamericano, el ALCA, o que la mayoría de la América Latina se opusiera a la agresión a Irak.
Chávez quisiera otorgarle al espacio categoría orgánica y lo propondrá en febrero en Puerto Ordaz, cuando se encuentre, en el contexto de una asamblea de países en vías de desarrollo, con Lula y Kirchner.
La diplomacia argentina y la de Itamaraty andan juntas aunque haya matices sobre algunos aspectos y tratarán que Caracas no suplante con gestos en política externa sus delicados asuntos internos. Pero es imposible negar que en Monterrey ese espacio se hizo presente en un escenario visible para todo el mundo.
¿Kirchner, tercera posición? ¿O, como se lo demandan algunos de sus leales, sin peso visible que ingrese al eje que proclama Chávez? En la mejor tradición peronista, el Presidente hoy está en la primera opción.
Comprender esto sería conveniente para no asombrarse ante otras decisiones futuras. Ahora en los temas vitales, como el ALCA o Brasil, no habría que aguardar sorpresas. Nada es perfecto: la bilateralidad del diferendo chileno-boliviano por el acceso al mar debería mantenerse así, sin comedidos.
¿Por qué Evo Morales?
Kirchner ante Bush defendió a Evo Morales, un Satán que ingresaría al eje del Mal Latinoamericano si llegara al Palacio del Quemado. El argentino está convencido, y el presidente Carlos Mesa le confirmó, que el diputado boliviano sostiene el sistema democrático, que no es partidario de llegar al poder por el camino insurreccional que le endilga al indigenista Felipe Quispe, la otra pieza clave en las movilizaciones contra los efectos del modelo neoliberal que hicieron insostenible a Sánchez de Lozada mantenerse en el gobierno. No parece que esos argumentos hayan convencido a Bush y es otra fuente de diferencias en no escaso tiempo.
Que Washington no ama a Chávez no es novedoso. Pero ni Kirchner ni Lula cambiarán su actitud de considerarlo democrático ni apoyarán a la oposición a que de cualquier forma le den el referéndum para asestarle un golpe político al coronel. Apoyarán el proceso hacia el plebiscito de revocatoria del mandato de Chávez siempre que se cumplan las formas legales y cuidarán que se respete la decisión de los venezolanos.
La deuda externa es la cuestión. No por las negociaciones o como se quiera llamarla, a los sondeos con los tenedores de bonos y la postura decidida de no dar más que el 3% del PBI como superávit fiscal primario y una quita del 75%, sino por el futuro de las relaciones con el FMI.
Un esfuerzo popular
Veamos algunos asuntos previos. Un 3% de superávit no tiene precedentes en la historia económica de este país. Se trata de un esfuerzo fenomenal que no se carga sobre una reforma impositiva progresista sino sobre el corte objetivo, guste o no a las autoridades, de fondos que podrían ser destinados a tratar de mejorar la dramática situación del empleo.
O impulsar con mayor firmeza lo que lentamente está ocurriendo con la recuperación y no solamente el rebote de la economía.
Pero Kirchner ha optado por el camino capitalista de desarrollo, por mantenerse dentro del sistema económico internacional y se comprometió a pagar lo posible a los acreedores. Estas definiciones son objetivas y descartan una acción jacobina frente a los acreedores y el FMI.
Pero el Fondo, a pesar de haber firmado hace pocos meses un acuerdo con esa meta de superávit, maniobra para arrancar más plata frente a la intransigencia de Kirchner. ¿Juega con fuego el FMI?
Es que en marzo vencen créditos por 3.100 millones de dólares que el gobierno no pagará si antes no le otorgan garantías que se aprobará la marcha del acuerdo con el Fondo que significa un reintegro de esos dólares. Si eso no ocurre, algunos analistas no descartan el default, escenario que no cree el ministro de economía, Roberto Lavgana, por caso.
Hay más elementos en este complicado panorama que conviene tener en cuenta. En un juzgado de Nueva York, una decisión judicial sobre un amparo reclamado por fondos buitres para que se embarguen bienes argentinos en el exterior si no se le paga como ya ha decidido esa instancia tiene derivaciones sofisticadas.
Cuando la Argentina le requirió al juez Thomas Griesa que se pronunciara sobre la cuestión de «privilegio» entre los acreedores puso en movimiento un mecanismo infernal que disgustó fuertemente a Washington que se vio obligado a dirigirse al magistrado para que tuviera prudencia en su decisión.
Este movimiento fue leído superficialmente como un respaldo a
l gobierno y como consecuencia de la Cumbre de Monterrey, que nada tiene que ver en ese suceso.
¿Y si el FMI no tiene coronita?
¿Qué está pasando? Cuando un grupo de tenedores de bonos encabezados por Kenneth Dart, el financista que le ganó a este país una demanda por 750 millones de dólares, reclamó al juez que embargue bienes argentinos para cobrar, los abogados de la Argentina, y no inocentemente, plantearon una pregunta que ahora surge con la categoría de «maldita?
¿De qué se trata? Nada menos que considerar si existen o no acreedores privilegiados, léase FMI u otros organismos multilaterales de crédito. Washington desea vehementemente y por eso hizo sentir su influencia, que sí existe coronita. Es que los EEUU son el principal aportante de fondos al Fondo.
Lo que decida el juez del sur de Manhattan puede afectar la salud del sistema financiero internacional.
Si la respuesta fuera que el FMI está en la misma cola que los «fondos buitres» estos adquirirían un poder inmenso. Casi un veto sobre el país o sobre cualquier otra nación con problemas de deuda. Entonces, una decisión de Griesa no sólo afectaría a la Argentina: salpicaría a todo el mundo.
Pero abre la perspectiva que Kirchner-Lavagna, con un fallo de esa naturaleza, se tienten a pedirle al FMI una quita del 75% como proponen con tozudez a los acreedores privados que braman ante esa intransigencia que también el Fondo quisiera revertir.
A los privados le interesaría que el fallo tenga esta dirección porque dejaría más plata para repartir –hay un «bolsillo único»– y de esa manera poder reducir esa quita que resisten. Pero está el sistema financiero en juego y no se atreven a tanto.
¿Qué sucede si el FMI mantiene sus actuales privilegios? A la Argentina le da pie para plantarse en la oferta del 75%, y no escuchar más a nadie. Por ahora el juez postergó la decisión pero de hecho no le dijo no a la Argentina y su envenenada pregunta.
La cuestión de los litigios de la deuda no se resolverá el 30 de enero, cuando venza el plazo de ejecución de los juicios que ya perdió el país. ¿Hay lo que embargar?: respuesta difícil. Durará mucho tiempo, años quizás.
Pero en la cuestión del «pari passu», como se define técnicamente si existen o no acreedores privilegiados, no podrá demorar la definición. Ojalá, sostienen en Washington, y deberían entenderlo los críticos de Kirchner por «izquierda», nunca a la Argentina se le hubiera ocurrido formular la pregunta.
Cualquier respuesta costará cara. *
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