Los destapes de Paul O’Neill sobre la invasión a Irak

Todos los días surgen nuevas evidencias de las mentiras fraguadas por Bush para lanzar la invasión a Irak, donde se ha metido en un pantano, con bajas diarias y un reclamo creciente de retiro de las tropas de ocupación. Estos días, las revelaciones del ex secretario del Tesoro de EEUU, Paul O’Neill, demuestran que la invasión estaba planeada desde el inicio del gobierno de Bush. También dejan en estado lastimoso a Blair, en vísperas del informe de Lord Hutton sobre las responsabilidades del primer ministro y su corte en el suicidio del científico David Kelly.

Un ciego en un cuarto oscuro

Empezamos por recordar que Paul O’Neill, el rey del aluminio a través de su empresa Alcoa, era integrante conspicuo del equipo de gobierno oligárquico de Bush, junto al vicepresidente Dick Cheney de la petrolera Halliburton, el jefe del ejército Thomas White, de la Enron (sí, la misma que dio quiebra dejando un olor apestoso), sin olvidar los antecedentes petroleros del propio Bush y de su asesora de Seguridad, Condoleezza Rice. De paso sea dicho, la campaña electoral interna ya iniciada no está destinada a confrontar programas sino a reunir millones de dólares, y en ese sentido Bush va en punta frente a todos los demócratas juntos. Las estadísticas revelan que quien más dinero recolecta tiene mayores posibilidades de ganar. Y luego desde la Casa Blanca retribuye los favores recibidos.

Paul O’Neill fue exonerado en diciembre de 2002 del cargo que desempeñaba desde el inicio del gobierno (15 de enero 2001). A fin de la semana pasada aparecieron los primeros ejemplares de un libro suyo, en cuya primera página desclasifica documentos secretos sobre la guerra de Irak. Vimos entonces aparecer en la pantalla a un nervioso Donald Rumsfeld, jefe del Pentágono, alegando que él había hecho lo posible por convencer a O’Neill de no revelar esos documentos. En vano. El libro está circulando y demuestra documentadamente que al asumir Bush ya estaban sobre la mesa los planes de invasión a Irak. Es interesante anotar que al llegar en la mañana del lunes 12 a Monterrey para la Cumbre de las Américas, Bush reconoció en conferencia de prensa que la invasión estaba proyectada de tiempo atrás. Pero ello no hace más que reafirmar la convicción de que se montó una montaña de mentiras, empezando por la de las armas de destrucción masiva (que no aparecieron ni aparecerán nunca) para viabilizar una agresión mortífera, contra el derecho internacional, la Carta de la ONU y la opinión pública mundial.

Sin escatimar críticas al presidente, O’Neill describe su manejo de la situación como la de un ciego en un cuarto oscuro.

Los periodistas masacrados en el hotel Palestina

El episodio también deja en cueros a Blair, que arrastró a Gran Bretaña a la cola de EEUU en la guerra de agresión. En el caso se demostró que habían dicho la verdad los inspectores de armas de la ONU, y de hecho queda probado que tenía razón el experto David Kelly cuando informó a la BBC que la agresión se basaba en falsedades. Como se sabe, la conducta del gobierno británico en la emergencia lo llevó al suicidio, al tiempo que Robin Cook y otros prominentes dirigentes laboristas se alejaron del gobierno.

Pero no terminan aquí las revelaciones. Se recuerda la masacre alevosa perpetrada por tropas yankis de ocupación el 8 de abril de 2003 contra periodistas que ocupaban el Hotel Palestina, que arrojó dos víctimas fatales. Pues bien: la valerosa organización Reporteros sin Fronteras logró localizar al tanquista norteamericano que disparó y expuso su testimonio por TV. Es un soldado negro, que desconsolado, arrepentido, pedía perdón a los familiares de las víctimas. Contó que se le ordenó apuntar contra el edificio y disparar. Pidió que le repitieran la orden, porque sabía que los periodistas tenían allí su base de operaciones, como era notorio. Se le reiteró la orden de disparar.

Este testimonio se completa con el de mandos militares estadounidenses, que no tienen empacho en decir que para ellos había dos tipos de periodistas en Bagdad: los que venían con sus tropas (embeded, encamados) y todos los demás. Estos últimos actuaban por su cuenta y sometidos a los riesgos propios de la situación (à leurs risques et pèrlis, decía la traducción francesa).

Suicidios de soldados

Las bajas de los ocupantes se suceden a diario. También el derribo de los helicópteros. Esto ya no se puede ocultar, por más que intenten minimizarlo los canales USA. También siguen matando iraquíes todos los días, los detienen en masa, los torturan, los encarcelan sin juicio, sin proceso, sin cargo alguno, por tiempo indefinido. Paul Bremer alegó que alrededor de 400 habían sido liberados, pero son por lo menos 12 mil, o más, porque nada se informa al respecto.

Es en este cuadro que preocupan en EEUU las noticias reiteradas de suicidios de soldados, imposibilitados de resistir el estrés y la hostilidad de la población. Otros se suicidan al regresar. Se reportan casos de soldados que matan a sus esposas y se quitan la vida de vuelta de Irak, como antes sucedía con los que volvían de Afganistán.

Un clamoroso Go home

El reclamo por el retiro de las tropas ha adquirido un carácter multitudinario. Hemos visto grandiosas manifestaciones en Bassora, enarbolando ese reclamo, unido a la protesta, en todas partes, por la falta de trabajo y de los servicios esenciales. El más prestigioso ayatolá chiíta en esa zona sureña reclama sin más trámite elecciones y la formación de un gobierno propio, denunciando las maniobras de recambio de Bremer, que sólo propone digitar un sustituto del desprestigiado gobierno provisorio. En el IV Foro Social Mundial inaugurado ayer en Bombay, India, ampliando su representación a figuras como Nelson Mandela, Joseph Stiglitz o Evo Morales, resonó con fuerza el reclamo de retiro de las tropas de Irak. *

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