El presidente Kirchner afianza su política contra la impunidad
El ministro del Interior, Aníbal Fernández, afirmó que es de «un grado de locura inimaginable» la inclusión de prácticas de tortura en cursos de entrenamiento de comandos del Ejército realizados durante la democracia.
El trámite de este blanqueo es sugestivo. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales, CELS, a esa entidad llegó un paquete con fotografías que exhiben a personas sometidas a flagelos de todo tipo rodeados de alambradas y con un paisaje de serranía que después se reveló que era la provincia de Córdoba en un lugar denominado Quebrada La Cancha.
Hebe de Bonafini, titular de Madres de Plaza de Mayo, sostiene que las fotografías con detalles de personas sometidas a torturas las obtuvieron de manos de funcionarios. Es difícil entender que las fotos hayan estado años en poder de una empresa comercial que habría quebrado por la difusión del sistema digital.
De todas maneras, el presidente Néstor Kirchner, en conocimiento del caso, ordenó al jefe del Ejército, general Roberto Bendini, a que en pocas horas –un trabajo de toda la noche– verificara si las pruebas eran reales, dónde fueron sacadas las tomas y qué personal intervino. El Presidente mantuvo informado de todo lo que ocurría a las organizaciones de Derechos Humanos.
Celeridad sorprendente
Con una celeridad sorprendente, Bendini dio detalles del centro de preparación de Comandos y de casi todo el personal –oficiales y suboficiales– que participó en entrenamientos de máxima tensión, como para enviar a los efectivos detrás de líneas de fuego del enemigo aunque en realidad lo que preparaban era a resistir torturas, pero para poder aplicarlas al «enemigo».
El «enemigo» se deduce por lo que se propalaba por altavoces (arengas revolucionarias, música tropical) era el enmarcado por la doctrina de la seguridad nacional.
Las fotos corresponden a 1986, durante el gobierno de Raúl Alfonsín (quien dijo desconocer esas prácticas) y se extendieron hasta 1990, para algunos y todavía hasta 1994 para otros, en tiempos de Carlos Menem: para la última fecha, ya era jefe del Ejército el general Martín Balza, quien se hizo célebre al denunciar al terrorismo de Estado. «Yo prohibí esas prácticas», sostiene.
Hay sospechas de que las fotos fueron filtradas para afianzar la posición del general Bendini en la conducción del Ejército y llevar adelante la política de Néstor Kirchner contra la impunidad.
Estos entrenamientos de comandos en condiciones inhumanas, con prácticas de torturas con picanas más otros métodos de flagelación (el «submarino» , torturas sicológicas, etc.) fueron introducidos por especialistas del Ejército francés cuando el de Argentina adoptó la hipótesis del «enemigo interno» a fines de la década del 50 y la posta fue tomada en la Escuela de las Américas, bajo jurisdicción del Pentágono con su malhadada «Doctrina de la Seguridad Nacional».
De hecho las torturas a detenidos son práctica común en las comisarías de varias provincias, particularmente en la de Buenos Aires. La picana es un «invento» criollo, de 1931, cuando el hijo del gran poeta Leopoldo Lugones la introdujo en la entonces naciente Sección Especial, donde se flagelaba a comunistas, anarquistas o radicales opositores.
Para sacar conclusiones
La Sección Especial contra el Comunismo, se mantuvo activa hasta la caída de Juan Perón en 1955, pero sus métodos fueron «perfeccionados» por las FFAA y derivó en los ’70 en el terrorismo de Estado.
Por años esos comandos fueron entrenados por el ex coronel Mohamed Alí Seineldín, quien se hizo popular entre la oficialidad por someterse él mismo a las humillaciones y torturas que más tarde se aplicarían a los disidentes, a los «detenidos – desaparecidos».
Interrogantes: así como en horas el Ejército pudo precisar dónde, por quiénes y cuándo fueron tomadas las vistas –a todas luces reveladas en establecimientos militares– ¿por qué siguen siendo insondable la historia de la represión de los tiempos del terror, excepto la dilucidada por la sociedad civil y la Justicia?
Si lo revelado contribuye a esclarecer lo ocurrido bajo la dictadura, es decir todo aquello como dónde están los desaparecidos, el horror que brotó nuevamente habrá servido mucho más. Por otro lado, debería ser un sacudón para que las torturas y malos tratos dejen de ser prácticas corrientes por la policía.
El ministro Fernández señaló que «si el Ejército decide tener fuerzas de elite preparadas para determinadas condiciones distintas a las de un hombre común de la fuerza puede incluir un montón de elementos que lo hacen distinto, pero que eso tenga que comprender la tortura es casi una locura», sostuvo Fernández.
En este marco, Fernández se preguntó «cuál es la diferencia» entre enseñar a torturar y soportar la tortura del enemigo, a lo cual se respondió que «no hay mucha diferencia entre quien es capaz de soportar por propia voluntad una tortura y entre quien es capaz después de utilizarla».
«Da lo mismo, es una tortura en el marco de la democracia y es un grado de locura inimaginable», sentenció el ministro del Interior.
El CELS denunció que los cursos se realizaron en 1990, 1993 y 1994 con enseñanzas «para guerras no convencionales» y exigió que se pase a retiro, al margen de responsabilidades penales, a los oficiales que permitieron estos hechos. *
Te recomendamos
no cierra
Las explicaciones de Adorni de su incremento patrimonial: pendrives con bitcoins y dinero aparecido del padre
El jefe de Gabinete de Milei sigue enredándose en su propia madeja de explicaciones sobre el suntuoso incremento patrimonial que le fue descubierto desde que es funcionario público. Ahora, dice haber encontrado US$500.000 en un pendrive.
Compartí tu opinión con toda la comunidad