Para no irritar a Washington

El presidente Kirchner no viaja a Cuba

El posible viaje del Presidente a invitación de Fidel Castro, quedó agendado en principio para febrero cuando el canciller Rafael Bielsa fue a La Habana en noviembre para reactivar las relaciones bilaterales dañadas cuando el gobierno de Fernando de la Rúa retiró a su embajador como protesta por la calificación de «lamebotas de los yanquis» que le endilgó el líder cubano tras un voto contra Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

Según Clarín, la embajada argentina en La Habana hacía los preparativos de rigor «ante lo que se daba como un hecho». Kirchner levantó su viaje a Davos, Suiza, donde se congrega al poder económico mundial así como otro a Suecia donde iba a intervenir en un Congreso sobre el Holocausto.

Bielsa no sólo reinstaló en La Habana a un nuevo embajador, dándole a su visita un halo especial, sino que habló largamente con Castro y no atendió a reclamos para que escuchara a la disidencia, que para las autoridades cubanas son títeres de la Oficina de Intereses de los EEUU.

Cuando el secretario de Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega, criticó a Bielsa por no haber recibido a la disidencia y criticó por «izquierdista» el sesgo de la política exterior, Kirchner reaccionó con dureza: «No somos alfombra de nadie», tronó en un mitin.

Una semana de tensiones

Pero a principios de semana cuando el asunto cubano rondó por los encuentros del Presidente con George Bush (aunque no haya estado taxativamente en la agenda) y en el de Bielsa con Collin Powell, se suponía que Kirchner no quería seguir con la escalada, que desensillaba hasta que aclare para seguir contando con el respaldo de los EEUU en su pelea de fondo tanto con el FMI como con los tenedores de títulos de la deuda externa.

«Clarín» lo ve así: «El viaje de Kirchner a Cuba hubiera sido tomado como una provocación por un Bush que sólo piensa en su reelección». Antes de la novedad, la voz del PC cubano, Granma, había descrito a Kirchner como «un hombre que transpira dignidad».

El FMI, pese a que su titular Horst Kühler alabó la seriedad de la política económica, le ha pedido al propio Kirchner en Monterrey algún gesto especial para los acreedores.

El Presidente reiteró la noche del miércoles en un programa de TV, que no saldrá de su propuesta de ofrecer el 3% del PBI como superávit destinado a la deuda que tiene la Argentina con los organismos internacionales y con los acreedores privados. Como los primeros que cobran sin quita del 75% ofrecida a los tenedores de títulos se llevan la parte del león de la plata destinada a pagar, no queda mucho margen para modificar la propuesta oficial para los privados.

El peso de la deuda externa

En marzo la Argentina tiene que pagarle al fondo algo más de 3.100 millones de dólares pero si el FMI no aprueba en segunda revisión, la marcha del acuerdo actual entre las partes, el gobierno se encontrará ante el dilema de tener que utilizar divisas de sus reservas para levantar ese compromiso.

Kirchner ha decidido no utilizar divisas tan apreciadas, al menos hasta que haya seguridades políticas de que el FMI aprobará el cumplimiento de la carta de intención lo que significaría un rápido reintegro del dinero girado.

Nadie duda que EEUU tiene un peso relevante en el Fondo y que, además, directores que representan a países europeos quieren aprovechar la ocasión para arrancar concesiones a favor de los actuales administradores de los servicios públicos cuyos capitales provienen, básicamente, del Viejo Mundo.

En este cuadro debería ubicarse el anuncio de que el Presidente no irá por ahora a La Habana. ¿Concesión como lo acusó ayer la izquierda leninista? ¿O privilegiar la cuestión de la deuda sin dejar flancos débiles? Está visto que el gobierno no «cubanizará» su política externa como se lo han recomendando al Presidente algunos de sus consejeros.

Argentina se ha comprometido públicamente a abstenerse en Ginebra cuando EEUU irrumpa con todo su poder para condenar a La Habana en la Comisión de Derechos Humanos. Reinstalación del embajador en Cuba y esa posición es por ahora el margen de acción que Kirchner supone frente a las presiones de Washington.

Seguramente la suspensión o no implementación de la visita oficial a Cuba, le restará amigos al Presidente. «Nuestra Propuesta» órgano del Partido Comunista sostiene que se desnudó lo que cree es «un doble discurso» del Presidente. Así están las cosas. *

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