El presidente Kirchner con los mismos amigos y problemas

Desde el presidente Néstor Kirchner para abajo hay satisfacción por la cumbre con George W. Bush en Monterrey, y el canciller Rafael Bielsa dijo ayer al regresar de la Cumbre de las Américas que el saldo «es positivo», pero explicó que eso no implica que a partir de ahora, «la vida sonríe y canta».

«Tenemos los mismos problemas y amigos que antes de la reunión», aclaró el responsable de la política externa, quien subrayó que las exposiciones del Presidente fueron sólidas y necesarias para hablar sin «intermediarios que han hecho mucho daño», aunque advirtió que la situación no cambia en «nada» tras el encuentro de los dos mandatarios.

Precedida por una semana de mensajes agresivos por parte del Departamento de Estado por el nivel y contenido de las relaciones diplomáticas entre Buenos Aires y La Habana, algunos analistas esperaban que en México hubiera cierta colisión con los norteamericanos, pero aunque lo ocurrido no fue un parto de los montes, hay miga para el análisis.

Por lo pronto Cuba (ni el ALCA) fueron temas del encuentro Kirchner-Bush, pero sí la deuda externa, Venezuela y Bolivia. Sobre el primer punto, lo que sostiene el oficialismo es que Washington respalda la postura argentina frente a los acreedores, es decir, mantener la quita del 75% para los bonos y destinar el 3% del PBI según está en el presupuesto no como ha evolucionado, para abonar a los organismos financieros internacionales (sin rebaja alguna) y lo que queda, a los acreedores.

Pero algunas fuentes han puesto atención al encuentro que en Monterrey mantuvo la responsable de la Seguridad de los EEUU, Condoleezza Rice, con el ministro de Economía, Roberto Lavagna ya que existía el antecedente de una declaración muy dura de la funcionaria sobre las «tareas» a cumplir por Argentina. Se trata, nada menos, que la cuestión de las tarifas de los servicios públicos privatizados, compensaciones a los bancos por la devaluación y la necesidad de mejorar la oferta a los tenedores de bonos.

«Den señales que van a pagar» cuentan que le dijo Bush al patagónico.

¿Qué pidió Bush para los dos países mencionados? Apoyo a la consulta revocatoria de Hugo Chávez, tratado como «demagogo» por el norteamericano. Kirchner señaló que con Lula ayudan a Venezuela a que se mantenga la institucionalidad y antes de la cumbre se fotografió con Chávez, a guisa de mensaje.

Obsesiones

Bolivia, la nueva obsesión de los norteamericanos, no tuvo a Evo Morales como demonio, ni como santo. El argentino señaló que ayudan al gobierno de Carlos Mesa con propuestas económicas para el gas y para la reivindicación de una salida al mar.

Pero nadie se engaña: los mensajes norteamericanos han sido enviados desde antes de Monterrey y en la bella ciudad mexicana.

Kirchner cerró la reunión mexicana con un discurso muy cuestionador del FMI y del modelo neoliberal. Pero se cuidó de mezclar a Washington directamente con esas penurias. No ahora, porque el embajador norteamericano Lino Gutiérrez así se lo pidió a Bielsa cuando armaban la agenda, sino porque quiere no confrontar demasiado con los EEUU, cuyas buenas relaciones cuida como la niña de sus ojos, siempre que no quieran utilizarlo como «alfombra».

La otra, sino es la primera, preferencia en política externa es Brasil, relaciones muy bien aceitadas pese a algunos comentarios en sentido contrario y que funcionó en México.

De todas maneras, el previsto viaje de Kirchner a La Habana, para cumplir con una invitación de Fidel Castro a Bielsa cuando éste visitó Cuba, estadía que puso muy mal al Departamento de Estado, está sin fecha concreta de implementación.

Para los analistas, las consecuencias de la Cumbre y del encuentro con Bush, servirán para fortalecer a Kirchner políticamente en el frente interno.

El columnista de Clarín, Eduardo Van der Kooy, escribió ayer: «El Presidente podría llegar a sacar de su paso por Monterrey algunos beneficios políticos.

Por caso, tendría desde ahora otro plafón para continuar las negociaciones con el FMI y con los acreedores privados de la deuda. Ello no implicaría la inexistencia de futuras presiones como las expuso el mismo Bush o/y boicots: la envergadura del tema la preanuncian, más allá de cualquier voluntad».

¿Por qué EEUU no mostró en la Cumbre su cara más agresiva? Dice el columnista: «Ni Bush, sumergido en la reelección que jugará en noviembre, ni el FMI desean aparecer como escollos de una nación que, tenuemente, viene renaciendo de su ruina.

Hay consenso internacional de que el 8% del crecimiento económico de 2003 no es sólo producto del rebote, sino la generación de un incipiente ciclo productivo. También se evaporan los miedos acerca de la inestabilidad institucional, en una región que tiene más volcanes en erupción que dormidos». Interesante. *

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