Miles de personas y candidatos reformistas fueron proscriptos

Irán: los conservadores imponen su predominio

Esta vez fue el Consejo de los Guardianes de la Constitución el que rechazó la candidatura de miles de personas a las elecciones legislativas del 20 de febrero, entre ellos más de 80 diputados reformistas.

La mayoría de los candidatos fueron rechazados por «no respetar el Islam» y por «infidelidad a la Constitución y al principio de Velayat Fagih», la primacía de lo religioso en los asuntos políticos.

La crisis resultante es una de las más graves de Irán.

«No es nada nuevo, los conservadores y los reformistas luchan por el poder desde la revolución islámica de 1979″, explicó un observador iraní que no quiso ser identificado. «Pero esta vez sin duda es algo más serio», agregó.

«Los conservadores rara vez han sido tan imprudentes en su campaña contra las reformas», dijo. «Tenemos la sensación de que han cruzado la línea roja al intentar dictar los resultados de las elecciones», aseguró.

Los candidatos rechazados pueden apelar la decisión pero serán de nuevo los conservadores quienes se pronuncien, esta vez a través del Consejo de los Guardianes de la Revolución.

Esta instancia ya se reveló en el pasado como una implacable enemiga. La mayoría de las leyes adoptadas por el parlamento reformista durante los últimos cuatro años fueron rechazadas alegando que no eran conformes a la sharia, la ley islámica, o a la Constitución.

Algunas de esas leyes afectan a la ratificación de convenciones internacionales contra la tortura o a una mayor libertad para las mujeres, o incluso al desarrollo de la economía, mayoritariamente estatal.

El parlamento interpuso su último recurso ante el Consejo de Discernimiento del Régimen, la principal instancia de arbitraje, dirigida por el ex presidente Akbar Hachemi Rafsandjani. La mayoría de las veces, da la razón a los conservadores.

Puede que los reformistas hayan fracasado al intentar cambiar radicalmente el sistema, pero sus partidarios reconocen que reavivaron el debate político y atenuaron restricciones sociales como la separación de hombres y mujeres, las normas vestimentarias y la falta de libertad de expresión.

Sus oponentes estiman que esos cambios afectan a valores fundamentales de la revolución islámica y defienden una feroz lucha contra los valores occidentales. Los conservadores controlan la justicia, que ordenó encarcelar a varios reformistas y disidentes, incluidos algunos allegados del presidente Mohammad Jatami.

Su poder se extiende también a las fuerzas de seguridad, que reprimieron violentamente a los estudiantes que protestaban contra la ausencia de unas reformas muy esperadas.

Por último, los medios de comunicación estatales también están en manos de los conservadores.

Las fundaciones religiosas controlan la mayor parte de la economía y no proporcionan cifra alguna, lo que retrasa cualquier intento de abrir el país a la inversión extranjera.

En todos los casos, la última palabra la tiene el ayatolá Alí Jamenei, el Guía Supremo de la República. Sus decisiones suelen inclinarse a favor de las instituciones conservadoras y hasta ahora se niega a intervenir en la crisis provocada por el rechazo de candidaturas. *

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