Roces por Cuba, pero apoyo de EEUU al acuerdo con el FMI

Bush quiere enfrentar a Kirchner contra Evo Morales

No obstante, EEUU tuvo un papel clave para que el FMI aceptara el cumplimiento por el Gobierno de Néstor Kirchner del acuerdo suscrito hace pocos meses por el cual Argentina destinará el 3% del PBI como superávit fiscal para afrontar la deuda privada en default y los compromisos con los organismos financieros internacionales.

Antes del chisporroteo por la política externa (o por qué Argentina no termina por conceder las inmunidades que reclama el Pentágono para los ejercicios militares conjuntos, que el año último debieron cancelarse por ese vacío), hubo semanas de forcejeo porque el directorio del FMI reclamaba que se eleve ese 3% que son nada menos que más de 4.150 millones de dólares, pero también para que Kirchner acepte agilizar su programa de pago de la deuda, que puede interpretarse como rebajar las pretensiones de pagar solo el 25% y a largo plazo, así como afrontar la actualización de las tarifas de los servicios públicos privatizados y compensaciones demoradas a criterio del FMI a los bancos por perjuicios provocados por la devaluación, sin que las penurias que por esa medida sufrió la mayoría de la población importe un comino.

Si como se cree, y se cree bien, los intereses de Washington en política externa acaban por prevalecer en las decisiones del FMI (a pesar que su diplomacia intenta que la Argentina, por caso, no mezcle una cosa con la otra), habrá que convenir que para los EEUU les interesa ahora más no desestabilizar a este país, porque la región y el futuro electoral de George W. Bush, aconsejan esa «prudencia».

Por lo pronto el anuncio del FMI aprobando la primera revisión del acuerdo, al que le falta la aprobación final del directorio donde hay voces que reclaman concesiones de Kirchner, despeja el peligro de que en marzo, cuando este país debe enfrentar vencimientos por más de 3 mil millones de dólares, no estuviera tentado de no pagarle a los organismos, una posibilidad que se meneó y que también tiene que ver con el OK dado por Horst Kühler.

¿Está todo dicho en la materia?

Definitivamente, no. El FMI en nombre de los acreedores y de intereses financieros y de las empresas privatizadas seguirá pugnado por mayores concesiones que hasta ahora el presidente Kirchner no acepta, y así se lo manifestó claramente en una charla telefónica del viernes al titular del Fondo, Kühler.

Baño escocés

¿Fue un típico baño escocés: agua muy caliente y después lluvia fría? También es probable.

Ya se conoce: el subsecretario para Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega criticó que Argentina no respalde la política de Bush hacia Cuba en el sentido que su representación diplomática en La Habana no imite al menos lo que su Oficina de Intereses hace con un espacio de los disidentes que para el gobierno de Fidel Castro son «títeres» de los EEUU.

Que esa declaración haya explotado a horas en que se había acordado un encuentro en el marco de la Cumbre de las Américas en Monterrey entre Kirchner y Bush, le dieron a esas palabras un dramatismo mayor.

La cumbre presidencial no estuvo preparada por la Cancillería sino entre la Casa Rosada y la Casa Blanca desde hacía dos semanas antes del anuncio. La agenda acordada para el breve encuentro de Monterrey estuvo a cargo de Rafael Bielsa y el embajador Lino Gutiérrez resaltaba en su primera versión la situación en Bolivia y Venezuela y la agilización por parte de la Argentina del pago de su deuda en cesación de pagos.

Pasado en limpio esto último podría significar que Argentina reduzca su quita del 75%, lo que ha sido rechazado por el Presidente, aunque en Economía hay otra opinión. De todas maneras, el programa no incluyó a Cuba entre los puntos a tratar lo que no significa que la Isla no está entre las obsesiones de Washington, como mal leyeron en un primer momento sectores del oficialismo, preocupados por la suerte de la reunión entre los dos mandatarios.

Si le faltara el condimento necesario, le colocó el propio Secretario de Estado, Collin Powell cuando no solamente ratificó como propias las definiciones de Noriega sino que desafió a Bielsa a discutir sobre Cuba, a quien ahora acusa de promover las crisis política y económica que el modelo neoliberal sacude a varios países de Latinoamérica. Hay que pensar que Noriega arrojó el petardo para que Cuba estuviera en la agenda de Monterrey.

Al menos hasta ayer, el canciller argentino no había recibido de su colega ningún convite oficial y prefería que el encuentro no se realizara, ya que demandas y respuestas están a la vista. Y hasta anoche, Washington buscaba que Cuba no faltara en la charla entre Bush y Kirchner, pese a la agenda acordada por su embajador.

Kirchner defiende autonomía externa

Kirchner actuó con firmeza pese a que se le criticara, aún dentro de sus amistades, algún desliz verbal («ganaremos  en Monterrey  por nocaut») pero no es, ni pretende ser, el taita del cono sur.

De todas maneras, no solamente anticipó que no cambiará el voto de abstención sobre Cuba cuando la situación sobre los derechos humanos se aborde en abril en Ginebra, sino que está convencido que su postura lo afianza en el ejercicio del mando y en ampliar sus bases de sustentación por izquierda.

Si EEUU quiso medir al gobierno argentino sobre este punto delicado, no consiguió su cometido, aunque tal vez incida en postergar sine die el proyectado viaje de Kirchner a La Habana.

La pregunta que surgía era si Cuba es realmente la meta para «comprometer» a Kirchner con sus objetivos en la región, o la Isla fue un pretexto.

A la carga contra Evo Morales

Esto último supone la diplomacia criolla que sabe que el futuro de Bolivia es para Washington la preocupación relevante. La presión es alta e incluso alguien deslizó maliciosamente que hubo encuentros entre los jefes de los Ejércitos de Argentina, Chile y Brasil para analizar los peligros que derivarían de la inestabilidad política en el país vecino, información desmentida oficialmente y que alienta a las FFAA a regresar a los tiempos de la Doctrina de la Seguridad Nacional.

Bush puede decirle a Kirchner que Evo Morales significa la propuesta del narcotráfico de dominar el corazón de Sudamérica y que tienen informes de vínculos del líder opositor con las FARC de Colombia, hipótesis que se maneja también en la Secretaría de Inteligencia local.

Lo que quiere el norteamericano es que cesen los vínculos con Morales, explicitados cuando la Cumbre Iberoamericana en Santa Cruz de la Sierra y un más franco compromiso de respaldo al presidente Carlos Mesa.

Pero una cosa no descarta la otra. Lograr una fuerte condena a Cuba con más respaldos en Ginebra une lo útil, es decir el antiguo odio contra Fidel Castro, con lo agradable: los votos de los hispanos de Miami para las presidenciales de noviembre.

La política norteamericana para la región está controlada por los halcones, lo que no es poco decir para una administración como la de Bush lo que eleva la consideración de la autonomía que intenta afianzar Kirchner. Una misión parlamentaria recorrió varios países entre ellos Argentina encabezados por el durísimo titular de la Cámara de Representantes, Dennis Hastert. Y en la comitiva estuvieron los más extremistas del Partido Republicano. A todos se le repitió aquí lo que piensan de lo que hizo Noriega, es decir, el gobierno de EEUU.

Fracasos de los halcones

Los halcones no le han dado réditos a los objetivos inmediatos de EEUU para América Latina. Más aún: su relación con los países latinoamericanos dio un vuelco. Aunque la dependencia económica sigue vigente, los mandatarios de los países de América del Sur ya no l
e conceden todos los deseos a Bush: no le brindaron ayuda en la guerra contra Irak, no están dispuestos a cumplir las exigencias para firmar el acuerdo para el ALCA sin antes tener garantías de que sus intereses serán respetados y algunos apoyan a Cuba con firmeza, pese a no compartir aspectos de la política de Castro.

El bloque sudamericano es un objetivo que motoriza Brasil con el respaldo argentino, sobre todo de Kirchner con el objetivo de «resistir», aunque no se diga así, al Imperio. Aunque la Cumbre de Monterrey no incluye al ALCA, será su trasfondo. Bush concurre buscando recuperar la iniciativa después de las frustraciones que ha tenido, sobre todo respecto a Irak, cuando hasta México se le opuso a su política guerrerista en la ONU.

Al encuentro de los presidentes de 34 países hemisféricos se arriba con más desavenencias que consensos. La cumbre, convocada en forma extraordinaria por EEUU para debatir la seguridad y el terrorismo, se empañó por polémicas diplomáticas que la envolvieron con Brasil, Argentina y Venezuela.

Además, hay un 60 por ciento de los puntos redactados que sigue abierto al debate. Washington busca lo más pronto posible la ratificación de la Convención Antiterrorista, idea que no encuentra eco: sólo 6 de los 34 países la han ratificado.

Argentina y Brasil buscaron equilibrar el peso de los temas de seguridad en esta cumbre y por eso pugnan para introducir una amplia agenda para el desarrollo económico y la lucha contra la pobreza, como factor esencial a la estabilidad regional, temas de no interés para los norteamericanos.

El ALCA puede terminar por empantanar el encuentro de Monterrey, si varios países quieren introducirlo en el comunicado final, documento que probablemente eludirá las grandes definiciones.

En todos los casos parece que Monterrey no cambiará la historia, aunque allí se intente lo contrario. *

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