El eje Brasilia-Buenos Aires-Caracas

La Casa Blanca volvió a prestarle atención a la región tras los atentados terroristas del 11 de setiembre, pero las complejas relaciones entre Estados Unidos y América Latina se tensaron en los últimos días, cuando el secretario de Estado Colin Powell subió el tono con Brasil en la polémica sobre control migratorio, mientras el presidente argentino Néstor Kirchner replicó enérgicamente a declaraciones polémicas de otro alto funcionario estadounidense, que también molestaron en Venezuela y en Cuba. «Terminemos de ser una alfombra, podemos aceptar y concretar reuniones, pero a nosotros no nos cita nadie y para retarnos menos, porque somos un país independiente y con dignidad», dijo Kirchner al rechazar las presiones estadounidenses.

A pocos horas de que comience la cumbre de las Américas en Monterrey, México, el jefe de la diplomacia de Washington para América Latina, Roger Noriega, avivó la polémica con sus declaraciones en las que criticó un «giro a la izquierda» de Argentina, y los lazos de Caracas y Buenos Aires con Cuba.

Las declaraciones de Kirchner, que en tono irónico también llegó a decir que le ganaría a Bush por KO, se sumaron a las del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien dijo que las afirmaciones de Noriega fueron «francamente impertinentes». Marco Aurelio García, asesor de política exterior del presidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva, también calificó de «impertinentes» las críticas del funcionario estadounidense.

Noriega señaló en Nueva York estar «desconcertado» por el «giro a la izquierda» de Argentina, y en particular su política hacia Cuba que «es motivo de preocupación y decepciones» en Estados Unidos. Powell echó más leña al fuego, al asegurar que «Roger Noriega estaba hablando clara y directamente y eso molestó a algunos líderes argentinos».

Más radical que Buenos Aires y Brasilia en sus relaciones con la Casa Blanca, el gobierno del presidente venezolano, Hugo Chávez -amigo personal del líder cubano Fidel Castro- reaccionó airadamente ante las declaraciones de Noriega de que Caracas y La Habana «están desestabilizando gobiernos democráticamente electos, interfiriendo en los asuntos internos del gobierno y jugando con fuego». Fuentes anónimas estadounidenses afirmaron que Chávez financió al líder cocalero de la oposición boliviana, Evo Morales, quien encabezó un levantamiento popular que en octubre último provocó la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, un estrecho aliado de la Casa Blanca. Condoleezza Rice, la consejera de Seguridad, también sumó sus críticas a Caracas.

El vicepresidente venezolano José Vicente Rangel calificó de «desproporcionada» e «impertinente» la «preocupación» de Washington por el alineamiento de Caracas con La Habana, mientras que el presidente Hugo Chávez en sus declaraciones diarias no dejó de criticar a la administración estadounidense.

Por su parte el gobierno de La Habana suspendió -por primera vez en nueve años- una reunión bilateral con Washington sobre la emigración de cubanos a Estados Unidos, que hasta la fecha se realizaban regularmente, como consecuencia de las afirmaciones del diplomático estadounidense, acusado por la administración de Fidel Castro en reiteradas ocasiones.

El gobierno de Bush quiere apoyo, pero el nuevo mapa político de la región, al menos una parte, no está dispuesto a otorgarlo en forma incondicional y menos a cambio de nada.

Las diferencias previas a la cumbre también involucran a Brasil, que ha impuesto para los ciudadanos estadounidenses controles migratorios similares a los de Estados Unidos: huellas dactilares y fotografías.

Ante esto, el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, telefoneó a su par brasileño Celso Amorim para quejarse personalmente por lo que considera una medida «discriminatoria» de Brasil. «La diferencia es que el proceso de identificación que adoptamos se refiere a todos los que ingresen a Estados Unidos, mientras que en el caso de Brasil un juez decidió individualizar a los ciudadanos estadounidenses», dijo Powell.

El secretario de Estado defendió el procedimiento de fichaje que realiza su país a los visitantes de todos los países que necesitan visa para ingresar a su territorio, afirmando que son necesarios para la seguridad de Estados Unidos en momentos en que el país teme atentados terroristas. «Lo que estamos pidiendo no es algo tan irracional», dijo Powell. «No estamos haciéndolo para acosar a nadie», agregó. Su colega, el canciller brasileño exigió «un trato digno» para los ciudadanos brasileños que lleguen a Estados Unidos, y en reunión con la embajadora de Estados Unidos, Donna Hrinak, reclamó que se deje de tomar fotos y huellas digitales a sus ciudadanos. La decisión de tomar las fotos y las huellas de estadounidenses que lleguen a Brasil fue tomada por un juez federal que se guió por el principio de reciprocidad.

Esta escalada no comenzó hoy. Es la acumulación de decisiones, posiciones y declaraciones de lo que el presidente venezolano Hugo Chávez calificó como el nuevo eje Brasilia-Buenos Aires-Caracas, que de alguna manera se enfrenta a las iniciativas que Washington propone, en sintonía en muchos casos con las posturas del presidente Castro.

La guerra en Irak liderada por Estados Unidos fue otro de los motivos de diferencias entre la mayor parte de Latinoamérica y el gobierno de Bush. El creciente unilateralismo de la política estadounidense y su único énfasis en Irak no fueron bienvenidos en América Latina, y por la primera vez en años, provocó un resurgimiento del sentimiento antinorteamericano en la región.

México y Chile, que durante la guerra en Irak ocupaban escaños como miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, negaron su apoyo a Washington para atacar el régimen de Saddam Hussein. Colombia fue el único gran país de Sudamérica que apoyó la guerra. Hoy algunos países de Centroamérica tienen tropas en Irak bajo el mando de la coalición que lidera Estados Unidos.

En este marco, y a pocos días de viajar a México para la cumbre, el presidente estadounidense, George W. Bush, anunció una reforma migratoria que legalizaría la situación de cerca de ocho millones de indocumentados que ya trabajan en Estados Unidos, la mitad de ellos mexicanos.

México elogió la medida que, sin embargo, fue criticada por grupos de defensa de los hispanos que la consideran una estrategia electoral que no ofrece un camino para la legalización permanente de los indocumentados residentes en Estados Unidos. En Monterrey, temas que no se encuentran en la agenda oficial parecen destinados a dominar la Cumbre, incluida la creación de una zona de libre comercio hemisférica antes de 2005 -el mayor objetivo de Washington en la región-: la propuesta migratoria anunciada por Bush, el deterioro de las relaciones con Argentina por su acercamiento a Cuba, la crisis política en Venezuela, el terrorismo, los estrictos controles migratorios y los derechos humanos en Cuba. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje