Para Estados Unidos, Kirchner es "izquierdista"

Duras respuestas de Argentina a presiones de Washington

Sugestivamente la andanada de Noriega, uno de los tantos halcones destinados a manejar las relaciones con América Latina, llegó después de la invitación de George Bush a Kirchner para encontrarse el martes en Monterrey (México) en el marco de una cumbre de mandatarios del hemisferio donde campea el futuro del ALCA, pero también un ajuste que Washington busca imponer a Latinoamérica, ahora que supone que debe prestarle mayor atención en un año electoral.

Vayamos por parte. Bush pidió el lunes ver al argentino (lo citó, tituló Clarín) para una agenda que incluía Irak, Venezuela, Bolivia y las relaciones con el FMI con relación a la deuda externa de Argentina, asunto que ha desatado chisporroteos por el reclamo de ese organismo para que se destine más plata para atender a los acreedores, demanda que Kirchner ha rechazado enfáticamente los últimos días.

El contenido de esa agenda fue revelado por el jefe de gabinete de la cancillería, Eduardo Valdés, donde subrayó que Cuba no entraba en el temario que había sido consensuado el martes entre el canciller Rafael Bielsa con el embajador norteamericano, Lino Gutiérrez, de origen cubano como Roger Noriega o como Otto Reich, todos integrantes activos de los halcones.

Pero más tarde se conocieron los desplantes de Noriega que incluían una calificación de «izquierdista» a la política de Kirchner para Latinoamérica, lo que determinó que Bielsa volviera a llamar a Gutiérrez y le expresara su disgusto, nada por escrito, todo verbal.

Cuba, Bolivia, deuda

Ayer desde el canciller y altos funcionarios del Palacio San Martín hasta el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, pugnaron por decir las cosas más duras sobre los dichos de Noriega en el Consejo de las Américas en Nueva York, un ámbito donde se menean las cosas en que Washington y los hombres de negocios norteamericanos destapan sus humores sobre lo que pasa en América Latina.

Hasta hace poco era un hecho que Washington respaldaba el enfoque argentino en la última negociación con el FMI y sobre el enfoque para la deuda externa. Pero lo que surge es que esa postura pasó al olvido o colocada en el freezer, para utilizarla como factor de presión para demandas yanquis en política externa, donde Cuba, Bolivia y Venezuela, son prioritarias. Parece claro que Washington está detrás de la presión del FMI en favor de los acreedores y para que aquí destinen más plata de la comprometida (el 3% del PBI) para afrontar la deuda en default. Kirchner ha dicho que no habrá un níquel más, que no es cierto que decidió añadir mil millones de dólares como informó la prensa, como no lo es tampoco que el mayor crecimiento servirá para incrementar plata para los tenedores de bonos.

«El mayor crecimiento es para la deuda social», ha dicho una y otra vez.

El comentarista de «Clarín», Eduardo Van der Kooy observa que «el gobierno de Bush está encantado con el repunte económico de la Argentina y con las políticas de derechos humanos y contra la corrupción que instrumenta Kirchner.

Pero desearía más claridades sobre su comportamiento regional. Cuba se va convirtiendo en una cuestión medular para Bush, que en noviembre de este año buscará la reelección.

El tema hay que analizarlo, sin vueltas, bajo un prisma electoral. El líder republicano desea consolidar su posición en el estado de la Florida, residencia de millones de cubanos disidentes, cuyos votos y el fallo de la Corte Suprema le sirvieron para el triunfo inicial».

No hay relaciones carnales

En La Habana, el embajador Abraham Taleb dijo que cuando en Ginebra se trate, acaso en abril, la cuestión cubana, Argentina volverá a abstenerse. Aunque el Palacio San Martín (o el mismo Kirchner) no dicen nada sobre el particular, es indudable que para Washington esa posición significará un revés en su prédica de otro castigo contra Fidel Castro

Bolivia, esa otra obsesión americana. Para el encuentro de Monterrey, Washington impulsa una asamblea para analizar la situación en ese país, o sea respaldar al actual mandatario Carlos Mesa. Pero Argentina y Brasil decidieron enviar al cónclave a funcionarios de menor importancia.

La Casa Blanca se irritó por la foto que hizo difundir Kirchner de su encuentro con el líder opositor, Evo Morales, durante la Cumbre Iberoamericana que se realizó en Santa Cruz de la Sierra.

Por diversos conductos (uno de ellos fue semanas atrás cuando el ministro de Defensa José Pampuro estuvo en los EEUU) manifestó que desean que Argentina se olvide del diputado cocalero y los ayude a instalar en el Palacio del Quemado, cuando venga la renovación presidencial, a Jorge Quiroga, que ya fue presidente cuando reemplazó a Hugo Bánzer Suárez, a su muerte.

Como se ve, Kirchner esta anoticiado de cuales son los reclamos que le hará Bush, lo que no significa que lo tomará al pie de la letra. «Se acabaron las relaciones carnales», insistió ayer el jefe de Gabinete, Fernández.

Días interesantes. *

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