Evocó el viaje de Pablo VI a Tierra Santa

El Papa pide paz, verdad y justicia

El Pontífice apareció en buenas condiciones y se dirigió al rezar el Angelus de la Epifanía a unas 20.000 personas reunidas en la plaza San Pedro, en un día frío pero soleado.

El recuerdo de su antecesor, Giovanni Battista Montini, quien fue el primer Papa que viajó en avión, estuvo presente en la celebración, donde se evocó su histórica visita a Jerusalén y Belén, el 6 de enero de 1964.

«En la fiesta de hoy, la Epifanía del Señor el Evangelio de Mateo habla de una misteriosa estrella que guió a los Magos hasta Jerusalén y después a Belén, donde adoraron al Niño Jesús. La estrella que condujo a los Magos hasta Cristo evoca la rica simbología de la luz, muy presente en la Navidad. Dios es luz y el Verbo hecho hombre es ‘luz del mundo’, luz que guía el camino los pueblos, Lumen Gentium», dijo el Papa, que leyó todo el texto.

Esta «gran verdad», añadió el Papa, animaba «a mi venerado predecesor Pablo VI cuando, exactamente hace 40 años, realizó su histórica peregrinación a Tierra Santa. Justamente el 6 de enero, en Belén, en la Basílica de la Natividad, pronunció palabras memorables».

Así, evocó las palabras de Pablo VI en esa ocasión: «Miramos al mundo con inmensa simpatía. Si el mundo se siente ajeno al cristianismo, el cristianismo no se siente ajeno al mundo».

«La misión del cristianismo en medio de la humanidad es una misión de amistad, de comprensión, de aliento, de promoción, de elevación: es decir una misión de salvación. Todo hombre llega a Cristo, Luz de Verdad, y el mundo progresa en el camino de la justicia y de la paz», añadió.

El viaje de Pablo VI a Tierra Santa (Jordania e Israel) fue realmente histórico, como lo definió el mismo protagonista.

Era la primera vez que un Papa abordaba un avión e iba a la tierra de Jesús, transformándose en el primer viaje fuera de Italia de un sucesor de Pedro, después del que realizó Pío VII.

En 1812 Pío VII se vio obligado por Napoleón a vivir en Fontainbleau.

La visita tuvo en aquella ocasión una resonancia mundial también por el abrazo, en Belén, con Atenágoras, patriarca ecuménico de Constantinopla, el primero de los patriarcas ortodoxos pero solamente desde el punto de vista honorífico. *

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