El presidente Kirchner especula con no ir a su reelección
El pasado año, por orden del entonces presidente Eduardo Duhalde, Argentina se abstuvo de sufragar contra el gobierno de Fidel Castro en la votación en Ginebra, modificando la actitud anti La Habana que había motorizado Carlos Menem y mantuvo Fernando de la Rúa.
Entonces Néstor Kirchner que ya era el candidato preferido de Duhalde, apoyó la actitud, que algo tuvo que ver en la atracción de sufragio del espacio progresista que sumó lo suficiente para que el actual mandatario pudiera llegar a codearse con Menem, quien finalmente huyó de participar del balotaje.
El comentarista de Clarín, Eduardo Van der Kooy, le preguntó al Presidente sobre ese interés de Washington. «Se queda meditabundo por un instante cuando se le marca el interés de la Casa Blanca para que Argentina modifique su posición frente a Cuba: ‘Hoy no haría ningún cambio. Aunque Fidel (Castro) también se equivoca. ¿Si voy a visitar La Habana en febrero? No sé, falta mucho».
El viaje estaba pensado para febrero, aunque no totalmente acordado cuando el canciller Rafael Bielsa visitó la isla para normalizar las relaciones, en noviembre.
Kirchner busca alejar el tema cuando alguien se lo menciona e insiste en resaltar, pese a tantos hechos que marcan deterioro en las relaciones con EEUU que «con Washington las cosas están bien y van a seguir bien. En lo político y en lo económico: sigo convencido de que a este país le faltan inversiones estadounidenses en lugares clave de la economía», dice.
Los disidentes, el pretexto
Va de suyo que aquel viaje del canciller a Cuba produjo disgusto en el gobierno de George Bush. De manera escasamente sutil, uno y otro funcionario le recriminó a Bielsa no haberle concedido una audiencia a la disidencia, que para La Habana son títeres de los norteamericanos.
Otro columnista de fuste, Joaquín Morales Solá, escribió en La Nación que el problema, para Washington, no pasa por las relaciones diplomáticas sino «que se refiere al chillón silencio argentino sobre la situación de los derechos humanos bajo el implacable régimen de Castro, que obligó ya a las naciones europeas a enfrentarse con el caudillo de La Habana».
La Web informativa «Urgente 24″ señaló que el voto anual sobre Cuba es el eje de la agenda que eligió el embajador estadounidense en el país, Lino Gutiérrez, y ha apuntado toda su artillería para presionar al gobierno de Kirchner. Todavía no llegó la contraofensiva de Fidel Castro. Un tema muy interesante para introducir un año durante el que Kirchner definirá muchas cuestiones vinculadas con el futuro de su Administración», escribe.
En rigor, cuando Bielsa estuvo en La Habana no recibió ningún pedido de audiencia, aunque del asunto habló con su colega cubano quien pidió no menear el asunto. ¿Está vinculado un viaje de Kirchner a La Habana con alguna manera de contacto con sectores no encuadrados en el oficialismo?
Hay algo que parece sólido: Kirchner quiere atraer a su espacio a sectores no peronistas del progresismo y la izquierda donde la cuestión cubana es muy sensible. Más aún: una corriente kirchnerista, aunque minoritaria, levanta la consigna de un eje Castro, Chávez, Lula, Kirchner.
Kirchner y su reelección en el año 2007
Está visto que la presión para que Argentina modifique el voto ha comenzado. Y los chisporroteos actuales con el FMI, no son totalmente ajenos a esa campaña aunque, es obvio, lo fundamental es el reclamo de ese organismo para que se destinen más fondos para el pago de la deuda externa.
De hecho eso ya ocurre. Cuando la Argentina y el FMI acordaron que se destinaría el 3% del PBI como superávit fiscal destinado a la deuda, privilegiando al organismo financiero, el cálculo se hizo con un crecimiento previsto para el 2003 del 5,5%, pero todo indica que será del 8%. Clarín por su parte informó ayer que el gobierno ya decidió incrementar mil millones de dólares sobre el 3% pactado, para calmar los reclamos del FMI que funge como abogado de los acreedores.
Entre café y café, Kirchner le deslizó al periodista de Clarín, Van der Kooy, que acaso no se postule para la reelección, constitucionalmente prevista.
«Después del tercer sorbo que le dio a la lágrima servida en su pocillo, Néstor Kirchner se detuvo en una idea. O, simplemente, transmitió en voz alta una reflexión: ‘Al país, al sistema político, le haría bien otro presidente cuando yo termine estos cuatro años,'» escribió el columnista.
«Advirtió, una mueca de incredulidad y escepticismo que cruzó la cara del periodista.
Sobraban razones para un reflejo de ese tipo. Si algo no ha conseguido esta democracia, entre infinitas deudas, es una sana alternancia en el poder, un equilibrio, previsibilidad». Veremos si no es un globo de ensayo. *
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