Kirchner contra la impunidad
Los sondeos indican que una visible mayoría tiene expectativas de que el año que se inicia será bueno, o más que ello, planea una atmósfera positiva sólo comparable cuando en 1991 el abrupto final de la inflación por aplicación de la convertibilidad hizo estallar el optimismo. De aquellas ilusiones a las recientes y duras decepciones se marcan los límites del menemismo o la aplicación criolla del Consenso de Washington.
Ahora el rumbo emprendido se basa en otros parámetros donde el Estado amenaza ser orientador y donde se proclama que la teoría del derrame, propia del neoliberalismo, no es la que sirve como guía del programa de crecimiento e inclusión social.
No parece haber dudas de que la figura del presidente Néstor Kirchner, o mejor dicho su manera de decidir y comunicar lo que hace, mucho tiene que ver con las expectativas positivas. Pero un análisis objetivo debe tener en cuenta que la mitad de los argentinos tienen horribles problemas de empleo cuya resolución es parsimoniosa. O que la generación de trabajo que surge de las estadísticas, o es precario (salarios bajos contra horarios extendidos) o es en negro. Es el gran desafío gubernamental para el año que comenzó.
El Presidente es consciente de ello y que tendrá en los desocupados los reclamos más fuertes, tanto por razones objetivas y obvias, como por que las angustias sirven de plataforma a los sectores de izquierda histórica para intentar marcarle un rumbo más radicalizado, de cuño anticapitalista, que no está ni de lejos en el pensamiento del núcleo dirigente del país. El límite de presión legal y la tentación de puebladas (difícilmente posibles en los próximos meses) tiene el límite del filo de una navaja.
Kirchner estuvo días atrás en Laferrere, en el profundo Gran Buenos Aires, el país real tan semejante a la Latinoamérica mayoritaria, en tierras donde talla la Corriente Clasista y Combativa, una de las organizaciones piqueteras más poderosas y habló vis a vis con su dirigente más notorio, Juan Carlos Alderete, para abordar francamente los problemas más urgentes y ver qué salidas son factibles.
La CCC tiene líderes educados en el Partido Comunista Revolucionario y aunque hay matices en cómo cada uno de ellos y la dirección partidaria observa lo que pasa, lo efectivo es que este sector ni es pro oficialista ni abiertamente opositor: negocia lo que estima factible para sus representados y lleva a delante un plan de emprendimientos productivos que con un cachito de auxilio estatal pueden potencias los planes de subsidios familiares en tareas con mejor remuneración.
¿Alternativa por izquierda?
La visita sirvió para exhibir a millones de argentinos cómo se autogestiona la ayuda gubernamental en zonas de pobreza que hace recordar la Managua posrevolucionaria cuando en manos de los pobladores quedaban asegurar educación y medicina mínima, amén del impulso de cooperativas productivas concretas. Un modo de desmentir que los subsidios fomentan la vagancia.
El mensaje es claro: la política con los piqueteros seguirá siendo de diálogo, de no criminalizar la protesta y con presencia estatal para ayudar al desarrollo de programas concretos. ¿Hay contrapartida?: sí, que no haya más cortes de puentes y rutas, que las protestas vayan asumiendo nuevas maneras, que no interrumpan el tránsito ni generen su caos sobre todo en el microcentro porteño. No es un proceso mágico ni corto.
Hay razones para entenderlo de esta manera. Unas vienen de las demoras oficiales en cumplir compromisos como la formación de una comisión investigadora del asesinato de dos piqueteros en julio de 2002 y que mes a mes impulsa a la organización Aníbal Verón, la más independiente de los partidos políticos y de prosapia autogestionaria, a cortar el Puente Pueyerredón que une a la capital con Avellaneda. Kirchner se puso de acuerdo con el gobernador bonaerense Felipe Solá, en que ese comité hay que agilizarlo. Solá temía que iba a ser el chivo expiatorio de los dos asesinatos.
Otra comisión que debe realizar la pesquisa sobre los autores materiales e intelectuales de una bomba durante una concentración piquetera está integrada, pero los representantes de los desocupados prefieren litigar contra el Estado en la Justicia donde han pedido que el juez que entiende en la causa llame a declarar al Presidente, una manera de decirle que seguirá en la vereda de enfrente.
Por lo pronto la izquierda histórica que tiñe ideológicamente a varias organizaciones piqueteras, se proclama como la auténtica opositora al gobierno porque lo considera como la continuación por otros medios de las políticas pro FMI del pasado y no dan crédito a las contradicciones que estallan entre Kirchner y esa entidad que se ha propuesto arrancarle más plata para pagarle a los tenedores de bonos de la deuda externa. Quieren un rumbo jacobino con EEUU y el FMI.
Sin duda, ante la carencia de una oposición estructurada es tentador generarla desde la izquierda para impulsar un programa anticapitalista que le cierre el camino a varias intenciones reformistas. La primera tiene que ver con el kirchnerismo, que busca capitalizar con peronistas y fuerzas de otro origen el espacio de centro-izquierda, pero la faena se dirige además contra el ARI de Elisa Carrió. En todo caso, es una postura acotada, por no calificarla de sectaria, que corre el peligro de quedar aislada por carencia de política dirigida a otros sectores que no sean el espacio (minoritario, además) de desocupados organizados que influencia. Ya se conoce: un desencantado es todavía un buen cliente para los encantadores.
En busca de la oposición
La centro-izquierda tiene sus embrollos. Acaba de naufragar una idea de nuclear a 35 diputados nacionales con una agenda básica de accionar porque los que tienen lazos con Kirchner, pero que orgánicamente no pertenecen al Partido Justicialista, piden que se parta de la base de respaldar a su gobierno y el ARI ha definido al Presidente «como lo mejor del régimen, pero es el régimen», lo que en los dos casos se hace difícil un convenio de acción conjunta, más allá de los acuerdos puntuales.
Lo concreto es que por izquierda o centro-izquierda, Kirchner no tiene oposición sólida en perspectiva, lo que obviamente alienta las posturas de soberbia que se observa entre sus amigos de un interesante espacio progresista.
La derecha no está en mejores condiciones. La gran esperanza blanca que el conservadurismo democrático imaginaba en el ex candidato presidencial Ricardo López Murphy, ha quedado por ahora en estado de enigma. No encuentra espacio dentro de las capas medias que en parte sobre todo en la Capital Federal lo votaron, porque allí las esperanzas en el Presidente son más intensas, lo que revela cuán volátil pueden ser estos respaldos.
Además para el espacio de centro-derecha a López Murphy le han salido retadores o competidores, como el gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, quien no oculta su afán de liderar esa veta, o el empresario Mauricio Macri, que quedó mancado para esta cerrera cuando fracasó en dirigir el gobierno autónomo porteño, pero que tiene alguna chance que de todos modos, no parece saber cómo aprovecharla.
Así como razonablemente la izquierda y el progresismo reprochan al gobierno una política más sólida de inclusión social, llámese empleo real (que es lo más difícil) o distribución del ingreso (donde no se observa una clara definición política), el centro-derecha machaca, con menos argumentos lícitos, que la Argentina está aún «fuera del mundo» ya que no tiene encaminada la resolución de la deuda externa y el riesgo país, número que los enloquece, es 5.000, 10 veces más al
to que Brasil.
La corte sigue renovándose
Hasta ahora todas las negras predicciones sobre este supuesto aislamiento fueron fallidas. Argentina creció casi un 8% el año que se fue y puede subir un 6-7% en su PBI en el que llega, que en gran parte ha sido motorizado por su crecientemente importante mercado interno.
Este crecimiento tiene un techo, si no se incrementan las inversiones, que de todas maneras han trepado. La incógnita llega sobre el nivel de energía (gas, electricidad) disponible, que requerirá una subida del producto bruto industrial: ya se sabe que el capital privado controla esos estratégicos resortes que le sirven para conseguir aumentos de tarifas, con montos y quiénes lo abonarán todavía en negociación
Los politicólogos discuten mucho sobre los peligros que puede generar la falta de oposición, no visceral, se entiende, sino aquella que permita vislumbrar una alternativa. Apunta tanto al hegemonismo como a que se deje en manos de la izquierda «antisistema» el relevo de un proyecto que no termine de buena forma.
La tentación hegemónica no será fácil de erradicar. Kirchner no tiene todos los tejos para un proyecto de esa naturaleza. El apoyo concreto que recibe del peronismo será siempre dependiente: en la actualidad, de la que le brinda con fuerza Eduardo Duhalde.
Para el futuro requerirá de tropa propia que puede crecer orgánicamente o como aliada en el centro-izquierda.
Como van las cosas, el progresismo es quien debe encontrar la manera de diferenciarse aceptando que una parte de su propia agenda está en los planes presidenciales. Sería una novedad en la historia local que en el gobierno se imponga un curso renovador y a su izquierda alguien le marque el paso de manera constructiva generando una fuerza de competencia por el poder. La derecha, como van las cosas, estará rápidamente en otra vereda.
Kirchner terminó el año ratificando con hechos su política de consolidación de la no impunidad, tanto con la nominación para otra vacante en la Suprema Corte de una mujer, Carmen Argibay, de izquierda republicana y atea (que no le cae bien a los obispos), como el decidir el relevo del general Jorge Tereso por intentar presionar a la Justicia en el caso de militares presos bajo proceso por violaciones a los derechos humanos.
No hay precedentes de una política tan firme en esta dirección. *
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