Ejército estadounidense sufre para penetrar en los secretos de Hawijah
Sin embargo, en esta región, la realidad es más compleja de lo que puede mostrar un eslógan.
«En la zona no hay cómo tener una imagen clara de la situación», admite el coronel William Mayville, de la 173 Brigada aerotransportada, que controla Kirkuk y Hawijah.
«Hay una serie de cuestiones locales que se mezclan las unas con las otras», explica.
En Hawijah, región de mayoría sunita, viven los jefes de las dos principales tribus de Irak: los obeidi y los jabburi.
Algunos de estos líderes tribales, antaño beneficiados por Saddam Hussein, intentan crear una especie de «nacionalismo sunita» contra la coalición internacional, según el coronel Mayville.
«Algunos aprovechan la actual situación de incertidumbre para intentar que las tropas se adhieran a su causa», dice.
El jefe de la tribu jabburi, el jeque Nayef al-Muheiri, de 85 años, está enfermo y no se reúne con la prensa, pero el jeque Ghassan, de la tribu Obeidi, desmiente las acusaciones estadounidenses y afirma que su familia sufrió mucho durante el régimen hoy derrocado.
«La resistencia cobra varias formas, algunas de ellas son el resultado de profundas emociones», dice, acusando a las fuerzas estadounidenses de comportarse mal en esta región y herir el orgullo de las tribus.
Según él, la hostilidad podría aumentar debido al sentimiento, muy extendido en Hawijah, de que las tropas estadounidenses favorecen a los kurdos y perjudican a los árabes. Los kurdos piden la unión de Kirkuk a sus provincias y la tensión es grande desde hace unos diez días en esta ciudad petrolera situada a 80 km de Hawijah.
Mientras tanto, otros jefes tribales tienen sus propias razones para apoyar la guerrilla antiestadounidense.
«Apoyo la resistencia porque los estadounidenses nos han robado nuestros derechos», declara el jeque Ali al-Hamdani, en una tienda de Hawijah.
«La situación en Irak era buena con Saddam. Entonces reinaban el orden y la seguridad», recuerda.
El dueño del establecimiento, Jodr al-Jabburi, interviene para quejarse de la ocupación estadounidense, de la falta de agua y electricidad y de las infraestructuras en mal estado.
«Incluso si los estadounidense asfaltaran con oro las carreteras de Irak, nosotros seguiríamos sin aceptar su presencia», asegura. En la carretera de Hawijah, se multiplican las imágenes que representan a Saddam Hussein vestido con túnica negra y el pañuelo tradicional árabe en la cabeza.
En la entrada a la ciudad, una pancarta recibe al visitante: «Hawijah, hermana de Faluja (ciudad rebelde sunita al oeste de Bagdad), emirato árabe de la lucha armada y puerta del norte de Irak». Otro cartel insta a los habitantes de Faluja a la «yihad (guerra santa) sin miedo de los tanques y aviones estadounidenses».
En Hawijah, los ataques de la guerrilla se llevan a cabo sobre todo con artefactos explosivos de fabricación artesanal colocados en la carretera y activados a distancia al paso de las caravanas estadounidenses.
Las fuerzas militares norteamericanas realizan regularmente registros en esta ciudad y según varios abogados locales, detuvieron a más de 1.000 personas en una operación realizada el 3 de diciembre durante la que se pretendía capturar a Ezzat Ibrahim Al Duri, número dos del extinto régimen, que posee una granja en la región. *
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